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Monocultivo de piña invade áreas protegidas

Degradación productiva y ambiental

El monocultivo de piña se expande “por la libre” en Costa Rica y ha invadido 4.000 hectáreas de zonas protegidas, algo que “nunca debió haber pasado”, reconoció ante periodistas el ministro de Ambiente Carlos Manuel Rodríguez.

El proyecto Monitoreo de Cambio de Uso de la Tierra en Paisajes Productivos (Mocupp) dijo que también unas 16.500 hectáreas de bosques habían sido invadidas por ese cultivo y que otras 5.000 han sido “altamente degradadas”.

“El monocultivo, por su alta carga de agroquímicos, no debe ser permitido por ninguna área protegida que permita la actividad privada y actividades agrícolas”, dijo el ministro.

En esas zonas se han encontrado residuos de agrotóxicos como el plaguicida bromacil, que ha afectado fuentes de agua de varias comunidades.

Es un tema tremendamente serio. Si no ponemos coto a esta situación, Costa Rica va a tener un problema muy muy serio en abastecimiento de agua potable”.

“Lo importante es destacar la vulnerabilidad a la que están expuestas las áreas protegidas del país. Esta no es la primera vez que se registra y no es exclusivo del caso de la piña”, comentó la investigadora del Programa Estado de la Nación Karen Chacón.

Los datos sobre la invasión de humedales por la piña fueron cuestionados por los empresarios reunidos en la Cámara Nacional de Productores y Exportadores de Piña (Canapep), pero Chacón dijo que son al menos “90 por ciento confiables”.

Pese a los reconocimientos de Rodríguez, la Secretaría Técnica Nacional del Ambiente (Setena) acaba de autorizar la plantación de 500 hectáreas de piña a menos de 5 kilómetros del mayor humedal del país, el Térraba Sierpe.

El Ministerio de Ambiente, según Rodríguez, prohibirá cualquier tipo de monocultivo en áreas protegidas, incluso en las que permiten actividades agrícolas.

Hace un año el Comité Ejecutivo de la Rel UITA aprobó una resolución donde entre otros puntos se establece: “Frenar la expansión del monocultivo de piña en Costa Rica, en virtud de que no genera trabajo, desplaza la frontera agrícola en detrimento de los bosques y está envenenando vastos ecosistemas“.

Parece que el tiempo y el ministro nos dan la razón.