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Otra víctima del glifosato

Los muertos que vos matáis

Diez días atrás murió Fabián Tomasi. Tenía 53 años y pesaba 30 y pocos kilos. Lo mató su exposición a diversos agrotóxicos, entre ellos el glifosato, que él había rociado por años sin protección alguna.

Las últimas fotos que le tomaron lo muestran en manos de su madre, convertido en un saco de huesos.

Lo habían internado por una neumonía que le agravó un cuadro de polineuropatía tóxica metabólica severa que lo afectaba desde hacía años como consecuencia de su asiduo contacto con agrotóxicos.

De estos productos, Tomasi desconocía los efectos reales y los manipulaba sin protección alguna. Nadie le aconsejaba que tomara precauciones cuando los cargaba en bidones, y él no las tomaba.

No por tonto o por descuidado: los fabricantes y la industria los presentaban como inocuos para los seres humanos y decían -dicen- que todas esas personas que afirmaban (afirman) hace tanto tiempo que en algo tienen que ver estas sustancias con las enfermedades que les han aparecido de la nada fantasean, inventan, o intentan lucrar.

Tomasi vivía en Basavilbaso, localidad perteneciente a Entre Ríos, una de las provincias del eje sojero argentino.

Desde 2005 trabajaba para una empresa de fumigación aérea, que rociaba desde el aire herbicidas y plaguicidas sobre los campos inundados con el llamado “oro verde”.

“Yo tenía que abrir los envases (de agrotóxicos) que dejaban al costado del avión, volcarlos en un tarro de 200 litros para mezclarlos con agua, y enviarlos al avión a través de una manguera”, contó en una entrevista con la agencia argentina Télam.

“Era verano, trabajábamos en pata y sin remera, y comíamos sándwiches de miga debajo de la sombra del avión, que era la única sombra que había en las pistas improvisadas en el medio del campo. La única instrucción que yo recibí fue hacerlo siempre en contra del viento, así los gases no me afectaban”.

Entró en contacto con endosulfán, DDT, glifosato y otras sustancias. Algunas hoy están prohibidas. El glifosato no, y es el principio activo del Roundup, el herbicida más empleado por los agricultores en el mundo.

Sus jefes, dos hermanos de apellido Molina, tampoco le exigían a este antiguo peón de campo que se protegiera. Y ellos no lo hacían, porque, como él, nada sabían sobre lo que les aparejaría la manipulación de estas sustancias. Ambos murieron de cáncer.

Cuando a Tomasi se le confirmó la enfermedad, por 2007, “muchos no supieron o no quisieron decirle lo que tenía, hasta que conoció a un médico que llegó a ser intendente de Basavilbaso Alberto Lescano, que le confirmó que tenía una polineuropatía tóxica”, contó al diario Infobae la periodista Fernanda Sandez, autora del libro La Argentina fumigada.

Había estado en contacto con tóxicos que le habían provocado una serie de desajustes a nivel corporal, que sólo eran explicables por una alta exposición a sustancias tóxicas”.

Una sombra

Tomasi solía presentarse como “la sombra del éxito” supuesto del modelo productivo y repetía que los empresarios que fabrican estos productos “no son empresarios, son operarios de la muerte”.

“Lo que más duele es el silencio de la mayoría, y todos esos niños que nacen con malformaciones por los agrotóxicos en un país sin asistencia y que les da la espalda.

Las empresas que los fabrican, los medios que los defienden, y los funcionarios que los permiten, insisten con llamarlos fitosanitarios, como si no mataran, como si la vida no importara”, comentó en una entrevista.

En sus últimos años, el argentino recorrió el país denunciando los efectos de los agrotóxicos.

El periodista y escritor Patricio Eleisegui lo tomó como protagonista de su libro Envenenados, “que lo convirtió en un símbolo mundial de la lucha contra los agrotóxicos. Y fue uno de los retratados por Pablo Piovano en su ensayo fotográfico El costo humano de los agrotóxicos”, recordó Página 12 (7-9-18).

Sin fronteras

El caso de este argentino es similar al de Dwayne Johnson, el jardinero estadounidense que el mes pasado le ganó un juicio histórico a Monsanto luego que un tribunal admitió que el cáncer terminal que padece debe mucho a las fumigaciones con glifosato que llevó a cabo durante años en terrenos escolares de una localidad de California cercana a San Francisco.

Se trató de la primera sentencia judicial pronunciada en el mundo contra la transnacional ahora propiedad de Bayer que vincula al empleo del glifosato con el desarrollo de enfermedades.

“Hasta el último día de mi vida voy a denunciar a estas empresas para que dejen de sembrar la muerte”, dijo Johnson luego del fallo.

“Voy a llegar al último día y voy a decir ‘yo intenté defender la verdad’. El que se calló, que se haga cargo de qué decirle a su hijo”, declaró a su vez Tomasi en un seminario en la Universidad de Buenos Aires (Infobae, 7/9/18).

Los abogados que defendieron a Monsanto en el juicio californiano decían que no había evidencia alguna de que Dwayne Johsnon hubiera enfermado como consecuencia de su exposición al glifosato.

En Argentina, los Monsanto boys y sus repetidores acostumbraban repetir que lo que tenía Fabián Tomasi era una diabetes que había degenerado.

Miles de documentos fueron presentados durante el juicio estadounidense para probar las mentiras de la transnacional, sus manipulaciones y ocultamientos.

Un laboratorio

“Nadie sabe cómo estos millones de toxinas que se hunden en el suelo están afectando nuestra salud. No hay estudios a largo plazo. Aquí en Argentina fuimos siempre un laboratorio de negocios agrícolas y la industria química desde que Monsanto entró en el país bajo circunstancias sospechosas en 1996. Ahora hay miles de víctimas”, declaró en 2017 Tomasi a un medio alemán.

Fernanda Sandez contó a Infobae que Tomasi vivía “en una casa muy pequeña que había pintado de un verde hermoso que bautizó como ‘verde Andrés Carrasco‘ [el investigador argentino que demostró los efectos del glifosato], porque sintió que las denuncias de Carrasco eran las que le daban sustento a lo que él estaba viendo en su cuerpo y que la ciencia tiempo después terminó comprobando”.

“Hoy tenemos certeza de que lo que dijo tiene una vigencia atroz y que hay que seguir luchando para que su experiencia se difunda porque es uno más de los tantos muertos por los agrotóxicos en Argentina”, declaró la periodista al diario.

Infobae sostiene que uno de los discursos más recordados de Tomasi fue el que dio en la Universidad de Rosario pocos años atrás.

Allí pidió a los estudiantes que lo escuchaban que compararan el discurso de las empresas con la realidad que ellos veían: niños y adultos enfermando y muriendo, a menudo en medio de la indiferencia general, de enfermedades que “nadie sabe explicar” en zonas “casualmente” rociadas de agrotóxicos.

“Háganme la gauchada de ayudar a las personas afectadas y no quedarse nada más que en darle remedios. (…) ¿Cómo podemos quedar tan tranquilos con esta tremenda pasividad de dejar fallecer a una criatura sin siquiera acercarse a los familiares a decirles ‘esto puede ser por motivo de tal o cual cosa’?

Si no nos despertamos de esto, no hay futuro. Yo les puedo asegurar que no hay futuro”.