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40ª Reunión CEL UITA
Con Patricia Alonso, presidenta del CLAMU

“El movimiento sindical tiene que ser reformulado”

Las derechas más autoritarias están llegando al poder en casi todo el mundo no por la vía de golpes de Estado o acciones militares, como lo hacían décadas atrás, sino a través del voto popular, y eso exige al movimiento sindical y a las izquierdas recomponer estrategias y pensar formas distintas de operar.

“Como punto de partida tenemos que hacernos una autocrítica”, comenzó diciendo a La Rel la presidenta del Comité Latinoamericano de la Mujer (CLAMU), de la UITA, e integrante del Comité Directivo Estratégico de la Internacional (CDE) que el pasado jueves 6 se reunió en Buenos Aires.

“Hemos hecho cosas mal y otras no las supimos comprender y eso ha allanado el camino a estas derechas extremas para llegar al gobierno por vías que antes despreciaban. Han actuado de forma inteligente, y en consecuencia más peligrosa, y nosotros tenemos que entender eso.”

Para Alonso, la derecha se ha apropiado de la bandera de la lucha contra la corrupción y ha utilizado su enorme influencia sobre los medios para generar un estado de opinión que le es extremadamente favorable: el del descreimiento, el de que todo el mundo vale lo mismo, y que más vale confiar en algún salvador mesiánico que saque a la sociedad de ese estado.

-No hay una visión clara de quién es el adversario…
-Eso. Todo es motivo de duda y de desconfianza. Las propias organizaciones sindicales hemos caído presas de esa manera de pensar, y hay una anomia impresionante, no se cree en nada ni en nadie.

-Salvo en magos.
-La sociedad termina buscando soluciones simples a problemas complejos, y así surge ese apoyo masivo a quienes nos dicen que para acabar con la delincuencia hay que matar a todos los delincuentes, como Jair Bolsonaro en Brasil o la ministra de Seguridad de acá de Argentina Patricia Bullrich.

Como organizaciones sindicales no hemos abierto los ojos a este sistema, a esta manera de pensar que nos enfrenta a unos con otros en nuestra propia interna, y hace que tengamos un montón de centrales, que nos atomicemos.

-En la reunión del CDE de la UITA planteaste volver al origen, a las fuentes del movimiento sindical.
-Hablé de volver a la ideología de clase, de la necesidad de sentirnos trabajadores y empatizar con el trabajador.

El problema es que el trabajador o la trabajadora tampoco se identifican con su organización sindical, no creen en ellas. De ahí que hay que repensar el movimiento obrero desde una postura distinta.

Especuladores del alma

Cuando apareció Donald Trump en Estados Unidos todos nos reímos: un tipo así no es peligroso, nunca va a llegar, se decía. Lo mismo con Bolsonaro. Y llegaron.

Y ahí están esos especuladores del alma, que Biblia en mano logran manipular el voto aprovechándose de los males de la gente más pobre.

-¿Cómo hacés en tu trabajo sindical para enfrentar este estado de cosas?
-Trato de que a partir de sus problemáticas cotidianas, laborales los trabajadores y las trabajadoras puedan ir desmontando el discurso que les llega elaborado desde los medios de comunicación y de las redes sociales.

Muy pocas veces los dirigentes asumimos la tarea de hacer ver de dónde viene, a qué apunta, qué quiere lograr ese discurso. Qué quieren los medios, la derecha, los empresarios, cuando nos venden un kit de seguridad (rejas, armas, etcétera) para enfrentar problemas que pasan por otro lado y van creando un estado de ánimo que nada tiene que ver con la libertad.

En el sistema capitalista nos hicieron creer que nuestro trabajo es nuestra razón de vida. Y es una gran mentira. Yo soy una mujer libre que elegí ser una dirigente sindical, pero no soy mi trabajo, soy mucho más que eso, y es ese sentido, el de la libertad, el del a complejidad, que hay que recuperar.

El movimiento obrero debe aggiornarse en ese sentido, complejizar por ejemplo su visión del trabajo sin abandonar la lucha por lo básico.

Los movimientos sociales como punta de lanza

-Se está todavía en pañales.
-Sí, claramente. América Latina siempre fue un laboratorio para las derechas políticas y sociales del mundo. En los años setenta lograron imponer un modelo, luego en los noventa, y ahora también.

Aquí en la reunión del CDE de la UITA se planteó que en el norte y en el sur debemos enfrentarnos a problemas comunes. Y es cierto, hay que tender puentes para enfrentar juntos lo que podamos enfrentar, pero las cosas no nos afectan de la misma manera, y hay que tomar conciencia de eso para ir generando cambios.

Yo creo en las revoluciones de abajo. Los grandes cambios vinieron de ahí, no de iluminados, y hay que lograr que los de abajo vayan modificando su manera de ver las cosas.

Las grandes movilizaciones de ahora no parten del movimiento obrero. Vienen de las organizaciones sociales. Del movimiento de mujeres, por ejemplo, que está consiguiendo crear conciencia. ¿Y por qué? Porque el objetivo que tiene es muy claro.

Equidad real

-¿En qué ejes está trabajando ahora el CLAMU?
-Sobre todo en el de la violencia, un problema de primera importancia en América Latina.

Somos la región con mayores niveles de feminicidio en el mundo, y no vemos ningún avance sustancial al respecto.

Nos ilusionamos a veces con planes gubernamentales que parecen que pueden generar políticas de Estado, pero quedan en los papeles. En Argentina se redujo en 70 por ciento el presupuesto destinado a ese tema, lo que elimina cualquier posibilidad de aplicar plan alguno.

Desde el CLAMU estamos tratando de implantarnos en los distintos países para ir articulando acciones, promover la adopción de leyes. El año próximo participaremos en la Marcha de las Margaritas, que tiene una fuerza particular.

Y fuera de la región, estamos luchando por firmar un convenio en la OIT sobre violencia y acoso en el mundo del trabajo que consideramos de la mayor importancia. En 2019 va a haber una nueva fase de negociación en Ginebra y estamos exhortando a los compañeros y las compañeras a que trabajen por ese objetivo con sus gobiernos.

De manera general, las organizaciones sindicales tenemos que asumir protagonismo en asuntos como el de la violencia hacia las mujeres, darles a las mujeres mayor poder de participación, de decisión.

Pero hacerlo rompiendo con los estereotipos: esa participación, ese nivel de decisión no tiene que ser sólo en los “temas de mujeres” sino en los generales, en las negociaciones colectivas, por ejemplo.

Mujeres y hombres tenemos que luchar juntos. Yo como dirigente sindical defiendo a todos los trabajadores, sean hombres, mujeres, migrantes, gays, lesbianas. Como dirigente necesito saber cuál es el PBI de mi país, de mi región, conocer las leyes, en qué está la economía, para poder discutir de igual a igual con los empresarios.

Esa equiparación en la formación es lo que permite que después la equidad sea real.

Costará años cambiar todo esto, pero hay que hacer ruido ahora, movernos mucho para que esos cambios lleguen.