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Explotación a bordo

Dejarse la vida trabajando en un crucero

La reactivación turística ha comportado el retorno de situaciones de masificación que dañan la vida cotidiana en muchas ciudades. Los cruceros han estado de nuevo en el centro del debate y se ponen encima de la mesa iniciativas para limitar su presencia a diferentes puertos, como en Palma o más recientemente en Barcelona, en España. Estas medidas son imprescindibles si no queremos que la turistificación de nuestras
ciudades continúe agudizándose.

Ernest Cañada*

30 | 5 | 2022


Foto: Pexels

El debate sobre los cruceros se ha focalizado en sus impactos ambientales, en particular por la contaminación atmosférica, pero no solo, y también por la congestión que provoca.

Pero hay un aspecto a menudo poco presente en la discusión: ¿qué ocurre con las tripulaciones de estos barcos, y, sobre todo, en qué condiciones ejercen su trabajo?

Son miles las personas ocupadas en este sector y, a pesar de sus dimensiones, las ciudades que las reciben saben muy poco de lo que ocurre en esos cruceros. Las vulneraciones de derechos que se dan en sus condiciones laborales harían necesario un mayor control sobre que pasa allá dentro.

Diferentes estudios académicos, entre ellos la tesis doctoral de la profesora Angela Teberga de Paula, defendida en Brasil el verano de 2021, han alertado de diferentes problemas relacionados con el trabajo de las tripulaciones de los cruceros.

El interés de esta investigadora, que colabora con Alba Sud, por este asunto vino cuando durante la temporada 2013-2014 la Inspección del Trabajo del gobierno brasileño empezó una investigación al crucero MSC Magnífica, de la compañía MSC Crociere SA, por las denuncias de algunos miembros de su tripulación y la Organización de Víctimas de Cruceros (OVC).

Múltiples infracciones

Las infracciones que constataron el equipo de inspección se concentraron en las jornadas laborales exhaustivas.

Detectaron fraudes en el registro de la jornada laboral, incumplimiento del día de descanso semanal, insuficiente descanso entre jornadas de trabajo o en momentos para comer, así como prolongaciones irregulares de la jornada laboral. La Inspección del Trabajo acabó su actuación rescatando once personas que trabajaban en aquel barco.

Ante este tipo de situaciones, el Ministerio Público del Trabajo, en 2014, interpuso una demanda contra la empresa por condiciones laborales degradantes que violaban su dignidad como ser humanos a través de jornadas exhaustivas.

Un año después, un tribunal del trabajo de Salvador de Bahía dictaba sentencia parcialmente a favor de aquellos trabajadores.

En agosto de 2018, un tribunal de orden superior subscribió la decisión tomada en primera instancia y condenó la empresa a una indemnización por daños morales.

Jornadas mucho más largas

Este episodio impactó fuertemente a Angela Teberga, que acompañó a las organizaciones de trabajadores de cruceros en sus denuncias en diferentes foros, hasta llegar a una Audiencia Pública de la Comisión de Derechos Humanos del Senado brasileño sobre las condiciones de trabajo a los cruceros que tuvo lugar el 25 de noviembre de 2019.

En su intervención, la investigadora denunció cómo en los cruceros las jornadas laborales se alargaban mucho más de lo que había quedado establecido en los contratos laborales y que, además, eran habituales las dinámicas de intensificación del trabajo durante largos periodos.

Con una investigación exhaustiva sobre este fenómeno de la prolongación e intensificación del trabajo, unos años después presentó su tesis doctoral evaluada con la máxima calificación. También publicó un resumen de su estudio en un informe publicado por Alba Sud.

El hecho que el sector de los cruceros esté muy concentrado en pocas compañías, en una actividad altamente globalizada, hace que aquello que ocurre en un barco esté estrechamente vinculado en todas partes por allá donde hace su ruta.

Por lo tanto, los hechos analizados y descritos por Angela Teberga tienen que ver con las ciudades portuarias brasileñas, pero también con Miami, Cozumel o los puertos de las ciudades mediterráneas.

Acoger estos barcos en nuestras ciudades supone también asumir la responsabilidad de que pasa con sus tripulaciones, y si se producen o no vulneraciones de derechos fundamentales, y en qué términos.

Es necesario regular y limitar los cruceros que atracan en los puertos de muchas ciudades turistificadas, por razones de salud pública y por la degradación de las dinámicas sociales que comporta, pero también se debe promover una estricta vigilancia por parte de las autoridades competentes de las condiciones en las cuales se trabaja en ellos.

La corresponsabilidad en materia de derechos humanos es ineludible, cuando te toca directamente en casa es obligada.


*Ernest Cañada es investigador postdoctoral en la Universidad de las Islas Baleares y miembro de Alba Sud.