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Del funeral a la resistencia

La marcha de las mujeres vuelve a ocupar las calles

“El año pasado parecía un funeral. Este año parece una resistencia”. Esas palabras, de uno de los cientos de miles de manifestantes que salieron a las calles el 20 de enero para participar en las manifestaciones masivas de mujeres que conmemoraron el vergonzoso aniversario del primer año de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, resumían el estado de ánimo político. En una palabra: indignadas.

El tamaño de las manifestaciones -más pequeño globalmente que el número del año pasado de unos 3,5 millones, la mayor jornada de protesta de la historia de Estados Unidos, pero no por mucho- sorprendió a los organizadores y activistas veteranos: hasta 300.000 en Chicago; 200.000 en la ciudad de Nueva York, según el recuento oficial, pero posiblemente el doble; medio millón en Los Angeles; 65.000 en San Francisco y 50.000 en la Bahía de Oakland.

Los pueblos y ciudades más pequeños, incluso en estados republicanos seguros, lo hicieron a lo grande: unos 8.000 en Omaha, Nebraska, por ejemplo.

En la ciudad de Nueva York había tanta gente que se tardó horas para que la parte trasera de la marcha se pusiera en camino: las calles laterales que desembocaban en la marcha estaban llenas de gente que esperó horas para incorporarse a la arteria principal.

Al igual que el año pasado, las manifestaciones estaban formadas principalmente por individuos, familias y amigos que se auto organizaron para participar, a diferencia de los contingentes.

También como el año pasado, las pancartas hechas en casa expresaban la multitud de mensajes que mujeres y hombres querían enviar después de un año de soportar a Donald Trump.

Esto era algo que los principales organizadores de las manifestaciones femeninas a nivel nacional habían esperado contener.

Inicialmente, los eventos de 2018 hubieran debido centrarse en una conferencia en Las Vegas, con el tema “Poder a las urnas”, reflejando un énfasis en promover votos para los candidatos demócratas en 2018.

El sitio web señaló que esto “aprovecharía nuestra energía colectiva para abogar por políticos y candidatos que reflejan nuestros valores”.

Pero la balanza se inclinó hacia el otro lado a medida que crecía la presión de la gente decidida a expresar su disgusto con Trump en sus propias ciudades.

Al igual que el año pasado, ante la falta de acción de las organizaciones liberales organizadas, nuevos activistas o no afiliados intervinieron para asegurar la celebración de una Marcha de las Mujeres 2018.

Por supuesto, el tema “Poder a las urnas” fue un mensaje importante dondequiera que se celebraran las manifestaciones; no podía ser de otra forma dada la amargura y el odio hacia Trump y la esperanza de una alternativa consistente de parte de los Demócratas, a pesar del largo récord de traiciones del partido.

Urgencias políticas
Trump, el despreciado

Pero por cada pancarta de “Atrápalo en las urnas”, había dos o tres o cinco o 10 veces más sobre cuestiones políticas urgentes: los derechos de los migrantes y la defensa de los “dreamers”, la oposición a la islamofobia, el desafío a la violencia sexual, el racismo y muchos más, alrededor de los cuales podría formarse un tipo diferente de resistencia.

En algunas ciudades, parece que los organizadores de la manifestación intentaron excluir algunas voces de las manifestaciones de este año.

En Los Ángeles, un grupo palestino retiró su apoyo a la manifestación local en protesta por la participación como oradora destacada de la actriz Scarlett Johansson, firme oponente de la campaña de Boicot, Desinversión y Sanciones contra el apartheid israelí.

En Filadelfia, los organizadores anunciaron la “intensificación de medidas de seguridad” negociadas con la policía, incluyendo el registro de bolsas y detectores de metales.

Por el contrario, en otras ciudades los organizadores impugnaron explícitamente las medidas para limitar la participación, especialmente de personas negras.

Pero estos debates, aunque importantes, contrastaron con el estado de ánimo de las multitudes en una ciudad tras otra, según todos los informes.

Predominó el espíritu de solidaridad, con multitud de personas cantando por turno contra Trump, por los derechos de los migrantes, contra la violencia racista y por la democracia y la libertad.

A pesar de los esfuerzos de los organizadores para restringir el mensaje a las elecciones de este próximo año, la impresionante narración de un popular medio informativo de Filadelfia refleja los sentimientos de las personas que participaron.

Recuperar la voz
Existir y volver a luchar

Un desconocido calificó el sábado a Stacy Shilling como su “heroína”. Otras muchas personas pidieron sacarle una foto. Esto es debido a que Shilling llevaba un sombrero de la “Women’s March on Philadelphia” y una pancarta alrededor del cuello que decía: “Nadie pregunta qué llevaba puesto mi violador”.

“He recuperado la voz. Y también quiero ayudar a otras mujeres a encontrar su propia voz”, dijo Schilling.

En Washington D.C, la multitud era más pequeña que la masiva de 500.000 del año pasado, pero mucho más grande que la que salió a celebrar el estreno de Trump en 2017.

Eso no impidió que Trump se burlara de los manifestantes en Twitter diciendo que hacía “un tiempo magnífico a lo largo de todo nuestro gran país, un día perfecto para todas las mujeres que se manifestaban… Salgan ahora para celebrar los hitos históricos y el éxito económico sin precedentes y la creación de riqueza que ha tenido lugar en los últimos 12 meses”.

Si Trump no tiene que comerse esas palabras, debería hacerlo. “La gente estaba muy enojada el año pasado, y está muy enojada este año”, declaró a The Associated Press Tamika Mallory, copresidenta de la junta directiva de la Marcha de las Mujeres.

En el centro de este enojo está la campaña #MeToo contra el acoso sexual y la violencia, que comenzó hace varios meses. Las referencias estaban en todas partes en las manifestaciones. “#MeToo viene a por ti” advertía un cartel en la manifestación de Nueva York.

En San Francisco, donde se manifestaron 65.000, la participante de 16 años Joan explicó con vehemencia por qué quería manifestarse: “Fui violada. Fui una víctima culpabilizada durante toda la escuela secundaria y esto me arruinó la vida. Pero vamos a continuar empujando y luchando. Y estoy cansada de eso”.

“Estuvimos aquí el año pasado y estamos aquí de nuevo este año y las cosas no han mejorado”, dijo otra manifestante llamada María, que habló sobre la necesidad de una organización sostenida para crear un cambio duradero.

“La clave está en que tenemos que mostrarnos todos los días. No se trata solo de ir a una o dos manifestaciones: tenemos que mostrarnos por nosotros mismos y por los demás, y continuar esta batalla donde sea que nos lleve”.

Para otros, había un sentimiento de alivio colectivo por el hecho de que las mujeres finalmente puedan comenzar a hablar sobre sus experiencias. Tal como resumió la manifestante de San Francisco Luz Pérez.

“Cuando #Metoo estalló, tenía miedo de que las mujeres no fueran tomadas en serio sobre este tema, y tenía miedo de la decepción. Por eso es importante que sigamos trabajando duro y seguir hablando de ello con nuestros compañeros de trabajo, amigos, familiares, hombres, jóvenes, mayores y decirles: ‘La vida es diferente a través de los ojos de una mujer’”.

En Seattle, donde más de 80.000 personas estaban en las calles, los miembros del grupo Mujeres indígenas desaparecidas y asesinadas encabezaron la manifestación, y uno de los mayores contingentes fue el de Justicia Reproductiva, organizado por Seattle Clinic Defense, Legal Voice y Gender Justice League, entre otros.

Quizás la imagen más conmovedora vino de una manifestación en la ciudad canadiense de Whitehorse en el Yukón. Con un vestido rojo en alto para conmemorar a las mujeres de las Primeras Naciones que están desaparecidas, asesinadas o atacadas sexualmente, un grupo marchó a través de la nieve a temperaturas muy por debajo del punto de congelación.

El tsunami #MeToo
Un fantasma recorre el mundo

La ola #Metoo que en los últimos meses ha seguido siendo el altavoz de la profunda ira sobre la agresión sexual está abriendo un debate más amplio sobre la necesidad del cambio social.

Ese sentido de injusticia colectiva va mucho más allá del tema del sexismo: la necesidad de defender los derechos reproductivos y luchar por la justicia laboral y la igualdad salarial; la defensa de los derechos de los inmigrantes; la lucha por los derechos LGBT; organizar la lucha antirracista y la lucha contra la brutalidad policial; en resumen, luchar solidariamente contra la opresión en todas sus formas.

Muchos manifestantes destacaban deliberadamente la necesidad de inculcar la idea de que una ofensa a uno es una ofensa para todos.

“Lucha contra la ignorancia, no contra los inmigrantes”, decía un letrero de la activista trans Janet Mock en la manifestación de Los Ángeles.

Otra foto de la misma manifestación mostraba a mujeres jóvenes llevando carteles que abogaban por el feminismo transversal y la solidaridad: “Nos manifestamos por todas las mujeres: negras, inmigrantes, musulmanas, discapacitadas, pobres, LGBT. El feminismo real es transversal”.

En Nueva York, un contingente “Liberar a Ahed Tamimi” llamaba la atención sobre el caso de la adolescente palestina encarcelada por defender a su familia contra la brutalidad del apartheid israelí, y subrayaba que la lucha por los derechos de las mujeres debe extenderse a cada esquina del mundo.

Estos son ejemplos visibles de una conciencia política cada vez más profunda en una capa de personas que se están volviendo activas a través de #MeToo y el sentimiento actual anti-Trump, y que se sienten impulsadas a movilizarse porque hay mucho en juego, no solo para las mujeres, sino para todos los marginados y explotados.

En Boston, donde 5.000 personas se reunieron en Cambridge Common, estudiantes de secundaria, familias y otros portaban pancartas que decían “Si no es transversal, no es feminismo”, “Todos somos dreamers” y “Fin del encarcelamiento masivo y del homicidio autorizado de personas de color”.

Uno de los discursos más electrizantes del día fue el de una mujer de la Campaña de los Pobres, que abogó por la visión de Martin Luther King de conectar el racismo, el militarismo y el materialismo en la lucha por la liberación sexual.

En algunos casos, los jóvenes se erigieron en líderes, como en Montpelier, Vermont, donde 3.000 personas participaron en la “Manifestación por nuestro futuro” organizada por estudiantes de secundaria.

Otros manifestantes formaban parte de una generación anterior que habían protestado en el pasado, pero se sentían compelidos a salir otra vez.

“Soy viejo”, dijo Debbie Droke, de 63 años, a NPR en la manifestación de Washington DC.

“Hacía esto en los años 70. Trabajaba con Gloria Steinem. Y nunca pensé en un millón de años que tendría que volver a hacer esto para llamar la atención sobre los derechos de las mujeres”.

En todas las manifestaciones, naturalmente, había mensajes respecto a sacar del poder a Trump y a los republicanos, lo que se reflejaba no solo en el tema de las manifestaciones “Poder a las urnas” y la conferencia posterior de Las Vegas, sino también en las pancartas que muchos llevaban.

Junto a todo esto había un movimiento a favor del Partido Demócrata. En Chicago, el alcalde democrático Rahm Emanuel –que lideró el ataque a las escuelas de Chicago, y el Sindicato de Profesores de Chicago dirigido por mujeres, y dirige una fuerza de policía que brutaliza rutinariamente a jóvenes de color – declaró que estaba “orgulloso de adherirse” a la manifestación.

Muchos participantes en la manifestación estaban entusiasmados tanto por manifestarse en las calles como por votar – a pesar del record de promesas incumplidas y traiciones del Partido Demócrata.

Para los socialistas y otros radicales que participaron en las protestas, esto puede ser una discusión recurrente con colegas, amigos y familia.

También podrían serlo las acciones de los organizadores – en Los Angeles y Filadelfia, por ejemplo, que efectivamente excluyeron algunas voces del mensaje de los manifestantes. Cualquier cosa que limita nuestras luchas y crea obstáculos a la solidaridad debe ser combatida.

Pero es importante que la izquierda se enfrente a preguntas y organice este tipo de acciones sobre el terreno. En algunos casos podemos marcar la diferencia ayudando a argumentar a favor de políticas contrarias a la división y al fanatismo.

Fue importante, por ejemplo, que la izquierda en Nueva York ayudara a liderar un contingente palestino en la Manifestación de las Mujeres.

En Boston, la presencia de socialistas y activistas de izquierda fue crítica cuando 20 miembros del grupo de extrema derecha Resistir al marxismo intentaron marchar a través de Cambridge

Common con mensajes odiosos referidos a “salvar” a las mujeres de la “migración ilegal” y la ley de la sharia.

Al principio hubo confusión en la multitud respecto a si el grupo y su mensaje de odio deberían ser ignorados.

Pero los activistas de izquierda reunieron a las personas en el mismo momento y, después de una confrontación intensa y vocal, los fanáticos dieron media vuelta y se marcharon, demostrando la importancia de no ceder el espacio político a la derecha.

La izquierda no puede darse el lujo de renunciar a la responsabilidad de participar cuando la gente quiere actuar para oponerse a Trump y la horrible realidad del statu quo en la política estadounidense.

Tiempo de debate
Cómo enfrentar el odio

Empieza a haber debates importantes sobre lo que se puede hacer más allá de los días de protesta, por masivos que sean, como el del sábado.

Y el mensaje convencional que muchos organizadores intentaron imponer en las manifestaciones de las mujeres no es compartido por todos los que se movilizaron para participar.

Hace un año, la autora de izquierdas Keeanga-Yamahtta Taylor desafió una reacción de la izquierda a las manifestaciones masivas del año pasado: “Los liberales se vuelven radicales a través de sus propias experiencias frustrantes con el sistema, pero también comprometiéndose con gente que se hizo radical antes que ellos”.

“Por lo tanto, cuando los radicales que han llegado ya a ciertas conclusiones importantes acerca de los fallos del sistema actual se burlan, ridiculizan o desprecian a quienes no han llegado al mismo nivel de concienciación no están ayudando a nadie”.

Pensemos en lo que significaría que solamente una fracción del poder y la energía que se puso de manifiesto el sábado se dirigiera a luchar para impedir las deportaciones y las redadas cuando el ICE invade nuestras comunidades; a defender las clínicas para abortar cuando la derecha intenta cerrarlas; a construir una resistencia masiva cuando los republicanos aprueban leyes como el regalo del recorte gigantesco de impuestos.

Después de un año de Trump, la oposición al odio y la reacción se están haciendo fuertes, impulsados por el fenómeno #MeToo que está encontrando nuevas formas de expresión, incluyendo la toma de las calles por la gente.

Ahora debemos trabajar para establecer conexiones entre las muchas quejas y luchas representadas el sábado – y organizar la resistencia en los próximos meses.


(Caty Caldwell, Nisha Cirino, Paul Fleckenstein, Kristen Martin, Natalia Tylim, Melanie West y Jenna Woloshyn contribuyeron a este artículo).

Publicado en https://socialistworker.org/2018/01/22/one-year-later-and-twice-as-pissed-off. La Rel lo tomó de www.sinpermiso.info.