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Elecciones francesas

Ganó Macron, pero la extrema derecha toca a la puerta

Finalmente ganó Emmanuel Macron, y por una buena diferencia de 17 puntos, pero la extrema derecha francesa superó por primera vez en la historia el 40 por ciento de los votos, continuando con su ascenso casi ininterrumpido desde hace dos décadas, mientras la abstención llegó a su nivel más alto en más de 50 años.

Daniel Gatti

27 | 04 | 2022


Foto: El Periódico

Macron 58,5, Marine Le Pen 41,5. La distancia fue amplia, sólida, pero mucho menor a la que en 2017 separó a los mismos rivales (66 a 34 por ciento) y mucho menor aún a la que hubo en 2002 (82 a 18 por ciento) entre el gaullista Jacques Chirac y Jean Marie Le Pen, el padre de Marine, cuando la extrema derecha comenzaba a asomar sus colmillos.

En aquellas dos ocasiones anteriores se hablaba de “frente republicano” para hacer frente a la amenaza ultra. En esta, solo de resignación.

El domingo por la noche las celebraciones fueron cortas, sin la fanfarria de otras oportunidades, y el público que vitoreó al vencedor relativamente escaso.

Difícil le resultará a Macron reivindicar el resultado como una victoria propia. De hecho, abandonando por unos minutos su consabida arrogancia, debió resignarse a agradecer, en su discurso de victoria, a todos aquellos que solo lo habían apoyado para frenar el avance de las ideas de extrema derecha.

“Es uno de los presidentes peor electos de la V República y deberá bucear entre un océano de abstención y de votos en blanco y nulos”, comentó una vez conocidos los resultados Jean Luc Mélenchon, el líder de la izquierdista Francia Insumisa (LFI), que el domingo 10 se quedó a un pasito de estar presente en la segunda vuelta en lugar de la ultra Le Pen.

Un sistema político vaciado

La tasa de abstención de la segunda vuelta del domingo fue de más del 28 por ciento, dos puntos más que en la primera y el mayor nivel desde 1969.

También fue mucho más alto el número de electores que votaron en blanco o anulado: algo menos de 800.000 en primera vuelta, más de 3 millones en la segunda.

A Macron, el 10 de abril, lo votaron directamente sólo el 27,8 por ciento de quienes se trasladaron a los circuitos electorales.

“Ya ni se puede decir que vivamos en una democracia representativa sólida. La crisis del sistema político es profunda. Habrá que pensar en una nueva institucionalidad, en nuevas formas de participación”, editorializó el lunes 25 el portal de izquierda Médiapart.

La peste y el cólera

“Costó ir a votar. Los que lo hicimos fuimos para parar al mal mayor. Pero era como elegir entre la peste y el cólera, entre un empresario que gobierna para los ricos y un personaje nefasto que también gobernaría para los ricos, aunque diga lo contrario, y que además acabaría con todas las libertades y criminalizaría como nadie a los inmigrantes”, dijo el domingo un diputado de LFI.

Poco antes de la elección, Jean Luc Mélenchon había afirmado que poco separaba a Le Pen de Macron: “Macron es como Le Pen más el desprecio de clase y Le Pen como Macron más el desprecio de raza”.

El electorado de LFI se repartió en esta segunda vuelta entre la abstención, el voto blanco o anulado y el apoyo a Macron, con una mayor inclinación en este último sentido. Mélenchon había llamado entre las dos vueltas a que ninguno de sus votantes respaldara a Le Pen.

Eso no se verificó en los llamados territorios de ultramar (Martinica, La Reunión, Guadalupe, Guyana), que votaron masivamente a Mélenchon en primera vuelta y prefirieron a Le Pen en la segunda, en el marco de una fortísima tasa de abstención.

“Puede sonar a paradoja, teniendo en cuenta el colonialismo galopante tradicional en la ultraderecha y su racismo. Creo que primó el rechazo al neoliberalismo del presidente, que logró la proeza de concitar más rechazo que Le Pen”, comentó un dirigente social martiniqués a Médiapart.

Tercera vuelta

Para la izquierda política ahora comienza una nueva etapa, la de unas difíciles negociaciones entre partidos peleados entre sí en vistas de las elecciones legislativas de fines de junio.

“Será como una tercera vuelta”, dijo Mélenchon, que llamó a comunistas, verdes y trotskistas a armar candidaturas comunes con LFI en vistas de conformar un grupo fuerte de oposición en el parlamento y a mediano plazo una estructura de coordinación estable.

Pero los debates en la izquierda –la política, la social, sus intelectuales– van más allá de lo electoral.

Los renunciamientos de algunos de sus sectores que llegaron al gobierno, en primer lugar el Partido Socialista, hoy debilitado al extremo, facilitaron el avance de la extrema derecha, que creció especialmente en los territorios y en los sectores sociales abandonados por el llamado progresismo, situación similar a lo sucedido en algunos países de América Latina.

“Hay un universo ideológico a reconstruir. Hay que discutir sobre el tipo de sociedad a la que aspiramos y los caminos para llegar a ella. Es una tarea enorme, pero es urgente, porque andamos sin brújula”, dijo por estos días un antiguo referente local de lo que fue el movimiento social más importante de los últimos años en Francia, el de los chalecos amarillos.