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El éxodo de la desesperanza

Son varios miles los hondureños y hondureñas −muchas las familias con menores de edad− que han vuelto a juntarse en la terminal metropolitana de San Pedro Sula y han emprendido un largo y peligroso viaje hacia Estados Unidos, huyendo de la miseria, la violencia y la falta de futuro.

Luego de romper el cerco policial en el puesto fronterizo El Florido, la caravana logró entrar a territorio guatemalteco avanzando hasta la localidad de Vado Hondo, Chiquimula, donde fue brutalmente reprimida por un fuerte contingente militar.

Hay varios heridos y unas 1.300 personas fueron capturadas y regresadas a Honduras o están todavía en manos de las autoridades migratorias.

La violenta represión es consecuencia directa de las medidas adoptadas por el gobierno guatemalteco, que en los días pasados declaró estado de prevención en siete departamentos y autorizó disolver por la fuerza toda reunión, grupo o manifestación pública.

Una estrategia que responde a las políticas migratorias impuestas por el saliente gobierno Trump a los países del Triángulo Norte.

Actualmente, miles de hondureños y hondureñas permanecen a la intemperie, esperando el momento propicio para intentar continuar su odisea hacia Estados Unidos.

Contrariamente a lo que muchos piensan, las personas que integran estas caravanas que salen de Honduras no persiguen el ‘sueño americano’, sino que huyen de la pesadilla hondureña.

“Lo que hay es desesperación. Huyen de la miseria, de la violencia, de la falta de trabajo. No pueden esperar más. Prefieren enfrentarse a un viaje lleno de incógnitas y peligros antes que quedarse en Honduras”, dijo a La Rel, Bartolo Fuentes, periodista y experto en temas migratorios.

El desastre hondureño

Honduras es uno de los países con el mayor índice de desigualdad y pobreza en América Latina, con casi el 70 por ciento de la población hundida en la pobreza y más del 40 en la pobreza extrema.

También ha sido señalado como uno de los países más peligrosos para las personas que defienden la tierra y los bienes comunes. Más de 140 defensores y defensoras han sido asesinadas en la última década.

Más dramática aún es la situación de la violencia contra las mujeres, los periodistas y la comunidad LGBTI.

Son casi 6.300 las mujeres asesinadas en menos de dos décadas, más de 360 las personas LGBTI que han perdido la vida de forma violenta en los últimos 10 años, y casi 90 los periodistas y comunicadores asesinados desde 2001.

La impunidad supera el 90 por ciento de todos estos casos.

Una situación que se ha vuelto aún más dramática el año pasado por la incapacidad e irresponsabilidad mostrada por las autoridades hondureñas ante los embates de la pandemia de Covid-19 (135 mil casos, 3.400 fallecidos y un sistema de salud colapsado) y de dos huracanes (100 muertos y 15 mil millones de dólares de pérdidas, sobre todo en el área rural).

Video: autor desconocido