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Con Lorenzo Rodríguez Jiménez
Recordando la gesta de los jornaleros agrícolas

Sí se puede

El 17 de marzo de 2015, un grupo de jornaleros sorprendió a México y al mundo. En el valle de San Quintín, en Baja California, donde se producen fresas, moras y tomates para la exportación, los miembros del Sindicato Independiente Nacional Democrático de Jornaleros Agrícolas (SINDJA) hicieron temblar a grandes corporaciones, al anunciar una huelga en plena época de recolección de frutas y verduras.

La huelga conllevó también la movilización de estos jornaleros a diferentes estados y a la Ciudad de México para exponer sus demandas.

Pudo verse así que en los campos de fresas de México las corporaciones pagan entre 100 y 150 pesos diarios (6 a 8 dólares aproximadamente) por jornadas de 10, 12 y hasta 14 horas, mientras que en Estados Unidos y Canadá pagan diez dólares por una hora de trabajo.

La pobreza extrema, el abuso laboral, el acoso sexual, la falta de prestaciones, fueron otros componentes de las denuncias de este sindicato agrario e indígena.

Tras una intensa lucha, los Jornaleros de San Quintín lograron la liberación de sus compañeros reprimidos en los primeros días de la huelga.

También, y producto de una estrategia que incluyó un boicot a las fresas en Estados Unidos y Canadá y la coordinación con movimientos sociales a lo largo de México, el gobierno se vio en la necesidad de regular el salario en 200 pesos (11,5 dólares) por jornada de 8 horas.

Así empezó un proceso de consolidación y lucha que lleva más de dos años y que ha estado lleno de aprendizajes.

En el marco de la renegociación del TLCAN y de una serie de desastres naturales que han azotado México, La Rel conversó con Lorenzo Rodríguez Jiménez, secretario general del SINDJA, un joven que a sus 28 años ya ha participado de la conducción de uno de los movimientos más icónicos de estos tiempos.

-¿Cómo puedes evaluar lo logrado a poco más de dos años de aquella importante gesta de los jornaleros de San Quintín?
-Fue una lucha muy importante de la clase trabajadora, y más porque sorprendió al mundo, no solo por las condiciones en que vivimos y trabajamos los jornaleros.

Una de las sorpresas más grandes fue que un grupo de trabajadores de todo el país, en Guerrero, Chiapas, Veracruz, Sinaloa, Michoacán, pudieran ponerse de acuerdo.

Hasta entonces no habíamos logrado coordinar como trabajadores para hacer algo en grande que impactara de manera positiva en las vidas de los trabajadores y las trabajadoras del campo y la ciudad.

“Nadie se animaba a hacer nada”
Un cambio en la conciencia

-¿Cuál es el cambio más grande que ustedes han visto?
-La experiencia de la huelga vino a cambiar la manera de pensar como jornaleros.

Independientemente del aumento del salario, del seguro social para algunos trabajadores, un mayor respeto a la dignidad humana, lo más importante fue el cambio de actitud: ver que sí es posible algo que creíamos imposible.

Vimos que poniéndonos de acuerdo de manera coordinada entre los trabajadores y trabajadoras podemos hacer temblar no solo a las empresas sino también al gobierno.

Esa es una semilla que ya quedó en cada trabajador y cada trabajadora. Fue un paso gigante.

Todo el mundo quería justicia pero nadie se animaba. Un jornalero antes del movimiento se miraba como algo muy pequeño incapaz de enfrentar al gobierno o a las transnacionales. Eso ya cambió de manera definitiva.

-¿Qué pasa con empresas como Driscoll’s? ¿Cómo evalúan el nivel de cumplimiento de los acuerdos por estos gigantes?
Driscolls’s es una empresa muy grande con presencia en muchos países. Ellos han venido a imponer sus propias reglas en México y especialmente en Baja California.

Pero a través de la presión, el trabajo organizativo, el boicot directo con los amigos de Estados Unidos y Canadá se ha visto obligada a mejorar poco a poco las condiciones laborales, aunque no lo quieran reconocer.

-¿Qué opinión merece a los Jornaleros la renegociación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, el TLCAN?
-Hemos estado siguiéndola de cerca.

El gobierno mexicano no tiene oportunidad de lograr grandes avances, porque no se ha hecho acompañar de los sectores campesinos. No está apoyando a los verdaderos grupos de sindicatos independientes, ni a los grupos sociales que trabajan directamente con campesinos. No nos han convocado.

Todo indica que el gobierno mexicano no está dispuesto a pelear nada. Por ejemplo, podría subir el salario de los trabajadores, Canadá ya se lo propuso y no lo está haciendo.

Si la gente ganara un poquito más, mejoraría la vida y se gastaría más en el comercio, hasta se reuniría más dinero en impuestos para invertir más y hacer crecer México.