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Informe Anual de la FAO

Hambre para hoy, y hambruna para mañana

El reciente Informe Anual de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO)1, junto a otras entidades de las Naciones Unidas, establece que “casi 690 millones de personas pasan hambre, esto es el 8,9 por ciento de la población mundial, un aumento de 10 millones de personas en un año y de casi 60 millones en cinco años”. También advierte sobre la amenaza de una hambruna sin precedentes como consecuencia del Covid-19.

Los organismos alimentarios de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) advierten sobre el aumento de los niveles de hambre aguda con riesgo de hambruna en cuatro zonas problemáticas: Burkina Faso, Nigeria nororiental, Sudán del Sur y Yemen, mientras que el hambre aguda aumenta en el mundo, establece un comunicado de la institución.

¿Y por casa cómo andamos?

En América Latina y el Caribe, el porcentaje de Prevalencia de la Subalimentación (PoU, por sus siglas en inglés) fue del 7,4 por ciento en 2019, por debajo de la prevalencia mundial del 8,9, lo que aún se traduce en casi 48 millones de personas desnutridas.

La región ha experimentado un incremento del hambre en los últimos años, con un aumento de 9 millones de personas desnutridas entre 2015 y 2019, pero con importantes diferencias entre las subregiones.

El Caribe, la subregión con mayor prevalencia, mostró algunos avances moderados en el pasado reciente, mientras que en Centro y Sudamérica la situación ha empeorado.

En América del Sur, el Informe adjudica el aumento de la desnutrición observado en los últimos años “principalmente a la situación en Venezuela, donde el PoU ha aumentado del 2,5 por ciento en 2010-2012 al 31,4 en 2017-2019”.

“La persistente crisis política y económica sigue impulsando una disminución de la seguridad alimentaria y los niveles y la calidad de la nutrición”, dice el documento.

“La mayor parte del suministro de alimentos del país es de importación y la devaluación del bolívar está encareciendo las importaciones de alimentos”.

“Como consecuencia, estas importaciones cayeron un 67 por ciento en 2016-2017, mientras que la hiperinflación frenó el poder adquisitivo de los hogares y su capacidad para acceder a alimentos y otros bienes básicos”.

La FAO advierte que “la región tendrá más de 19 millones de personas hambrientas en 2030 en comparación con 2019, incluso sin considerar el probable impacto de la pandemia del Covid-19.

Para Centroamérica, anuncia que “se proyecta un aumento de 3 puntos porcentuales en el PoU”, mientras que en América del Sur se prevé que en 2030 el PoU habrá aumentado al 7,7 por ciento, lo que equivale a casi 36 millones de personas.

Aumentará la pobreza extrema

Por otra parte, un informe conjunto del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Centro Pardee para Futuros Internacionales de la Universidad de Denver (Estados Unidos)2 advierte que “el coronavirus podría contribuir a que otros 251 millones de personas caigan en un estado de pobreza extrema, elevando el número total a más de 1.000 millones para el año 2030”.

El director ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la Organización de Naciones Unidas, David Beasley, lo sintetizó en una frase: “2021 será catastrófico, y el peor año de crisis humanitarias desde la creación de la ONU”.

Más recientemente, en este mismo mes de marzo, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, advirtió al Consejo de Seguridad que “sin una acción inmediata millones de personas estarán en riesgo de hambruna extrema y muerte en el mundo”.

Y agregó que “los impactos climáticos y la pandemia del Covid-19 alimentan ese riesgo”, advirtiendo que en una treintena de países “más de 30 millones de personas están a un paso de ser declarados en situación de hambruna”.

Cantando la justa

Pero a veces las cifras pueden esconder o disimular lo más crudo de la realidad: la desigualdad.

En el Informe Anual de la FAO se afirma que “Como era de esperar, la prevalencia de la inseguridad alimentaria grave en África (19 por ciento) está muy cerca de la PoU en la región (19,1), y es la más alta entre todas las regiones del mundo.

En Asia, la prevalencia de inseguridad alimentaria grave (9,2 por ciento) es menor que en América Latina y el Caribe (9,6), pero no tan baja como en América del Norte y Europa (1,1).

En todas las regiones del mundo, excepto América del Norte y Europa, la prevalencia de inseguridad alimentaria grave ha aumentado de 2014 a 2019” (ndr: no fue posible saber si en la expresión “América del Norte” se incluye a México o no).

“La inseguridad alimentaria moderada o grave afecta a un cuarto de la población mundial, y ha estado aumentando durante los últimos seis años. Más de la mitad de la población en África, casi un tercio en América Latina y el Caribe, y más de un quinto en Asia padece inseguridad alimentaria”, expresa el Informe.

Más allá de expresiones elaboradas, eufemismos, matices y paños tibios, lo cierto es que el hambre campea en el mundo desde hace mucho tiempo.

Esta enésima advertencia de la FAO y de las Naciones Unidas probablemente colabore en muy poco para solucionar las causas de fondo que −más allá del Covid-19− matan de hambre, de manera fulminante o lentamente, a media humanidad.

Tu pasado te condena

Antes bien, la FAO debería revisar su propia historia, hacer una profunda y honesta autocrítica, porque no se ha olvidado aún su apoyo entusiasta a la mortífera Revolución Verde promovida por Estados Unidos al fin de la Segunda Guerra Mundial.

Ese proceso cambió la faz de la Tierra porque se impuso a nivel planetario.

Millones de variedades de plantas alimentarias fueron sustituidas (léase extinguidas) para implantar las tres o cuatro variedades híbridas, cuya utilización venía atada a la adopción de un paquete tecnológico que incluía la utilización masiva de maquinaria y de agrotóxicos en gran escala.

Por supuesto, quienes producían todos estos insumos eran las semilleras, las fábricas de tractores, las petroleras y las empresas químicas de Estados Unidos.

Europa recibió además un Plan Marshal, mientras que el Sur solo vio llegar la agroindustria que desplazó a millones de campesinos y campesinas hacia los cordones urbanos, que asistió a la mayor dependencia alimentaria jamás vivida, que perdió gran parte de su soberanía económica iniciando el proceso de endeudamiento endémico que aún perdura.

El avance de la frontera agrícola hacia zonas nunca antes utilizadas con ese fin, hábitat natural de numerosas especies animales; los métodos industriales de producción agrícola y de aves; la producción de raciones con base en granos transgénicos; la contaminación de los cursos de agua; el exterminio de la biodiversidad; el efecto invernadero y otras catástrofes similares o más graves que la anunciada por Guterres tienen un común denominador: el capitalismo neoliberal.

Tal es la pandemia de fondo que continuará lanzando a la humanidad hacia todas aquellas catástrofes que le sean redituables. Sin contemplaciones. Y sin tapabocas.


1 – “El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo – Informe 2020” (Vínculo).
2 – Leé la nota