PUEBLOS ORIGINARIOS

La masacre del pueblo guaraní

Eliminados con la complicidad de los gobernantes, locales y nacionales

El avance del agronegocio en Brasil
La masacre del pueblo guaraní
Eliminados con la complicidad de los gobernantes,
locales y nacionales
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Foto: Egon Heck, CIMI
El pueblo guaraní está siendo conducido a una segura y rápida desaparición en el sur de la provincia de Mato Grosso do Sul. Privados de terrenos adecuados donde cultivar y cazar, actividades de los que dependen, apenas subsisten en minúsculas reservas, donde viven hacinados y cercados por la presión urbana y la expansión de cultivos de soja y caña de azúcar.
Acostumbrados a vivir en enormes y boscosos territorios, los guaraníes están siendo desplazados de ellos aceleradamente. Sus tierras están siendo rodeadas por el corrimiento de la frontera agrícola, un crecimiento empujado por grandes empresarios nacionales y empresas transnacionales.
 
La soja y la caña de azúcar reinan hoy en los antiguos dominios de los guaraníes, que además de verse afectados por la aniquilación de sus fuentes de subsistencia deben padecer verdaderos atentados a su salud al ser rociadas sus tierras por miles de agrotóxicos lanzados inescrupulosamente desde el aire.
 
He visto numerosos animales muertos en una  aldea donde vivían nueve familias guaraníes. Peor aún: en el antiguo cementerio indígena local, los muertos enterrados más recientemente son dos hombres asesinados por esbirros de los terratenientes, y una mujer fallecida como consecuencia de la aplicación de agrotóxicos a menos de 15 metros de distancia de su vivienda.
 
En otra población vecina, los indígenas ya no encuentran peces con que alimentarse en el rio que pasa por la hacienda, de la cual ocupan apenas el uno por ciento de su superficie. Sus aguas están altamente contaminadas.
 
No son pocos los guaraníes que, llevados a la desesperación, se han suicidado.
 
Violencia y exterminación
La respuesta que reciben los guaraníes
 
Y muchos son los jefes indígenas amenazados de muerte en esta región. Algunos ya han sufrido más de un atentado. Dos de ellos llevan en sus cuerpos la marca de esos actos criminales, según he podido personalmente comprobar.
 
Las demarcaciones de las tierras originarias de los guaraníes realizadas por la FUNAI (Fundación Nacional del Indio) “duermen” en los cajones de burócratas en Brasilia. En algunos casos sólo resta que el ministerio de Justicia refrende esas resoluciones, pero la firma no llega.
 
Según ha determinado el antropólogo Eduardo Viveiros de Castro, “los grandes señores de la agricultura moderna, además del desastre ambiental que han causado y lo que hacen con toda esta gente (los indígenas) no conocen ningún límite y han eliminado todo lo que quedaba de bosques en una región en la cual hasta hace menos de 60 años el idioma predominante era el guaraní, seguido del español y, recién después, el portugués”.
 
Los guaraníes están siendo exterminados con la complicidad de los gobernantes, locales y nacionales, que nada hacen para evitar una de las más grandes catástrofes humanas en Brasil, así como nada hacen los grandes medios de comunicación para iluminar esta realidad.