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Con Hipólito Mejía

“Nuestro país está minado por la corrupción”

Para el ex presidente dominicano, las brillantes estadísticas oficiales y el éxito de algunos sectores económicos ocultan que la gran mayoría de los habitantes vive en una creciente pobreza y que el país está inmerso en una corrupción rampante.

-¿Cuál es la situación que está viviendo República Dominicana?
-Según las informaciones provenientes de las instituciones del gobierno, el país anda a las mil maravillas. Pero sucede que ya tenemos 50 por ciento de deuda del PIB y esto no es sostenible en el largo plazo.

Hay sectores económicos que no necesitan mejoría porque ya la tienen. Hay poca gente con mucho y muchos pobres engrosando los cinturones de miseria y una clase media reducida a su más mínima expresión.

Tenemos casi un 30 por ciento de desocupados, y otro tanto de subempleados.

Un alto porcentaje de la población se queja de la situación de inseguridad ciudadana. La corrupción es otro factor de preocupación, por lo tanto este estado de satisfacción por parte de algunos que aplauden el ritmo de la economía no es tal.

Durante 100 años este país basó su economía en la caña de azúcar, el café, el cacao, el tabaco, la miel y en cierto modo las carnes. En los últimos dos años, a raíz de problemas de plagas en las plantaciones de café, República Dominicana tuvo que importar unos 200 millones de dólares de este producto.

El azúcar de caña se produce desde siempre en el país pero la industria nacional murió con las privatizaciones. Ahora quedan dos compañías, una extranjera y otra de descendientes de extranjeros. Hay que reconocer de todas maneras que es un sector con éxito económico.

En el sector tabacalero, debido al problema del tabaco cubano, República Dominicana tomó el mercado dejado libre por Cuba y durante décadas fue una rama de actividad muy buena. Yo formo parte de la sexta generación de productores de tabaco y fui director del Instituto del Tabaco.

El país exporta anualmente 750 millones de dólares en tabaco en rama y puros.

Se creció en la zona franca. Con algo más de avance en tecnología se emplea a unas 250.000 personas y el sector turístico, de la mano de joint ventures españolas, es una industria que crece año a año.

República Dominicana registra alrededor de seis millones de turistas al año.

Once millones de dominicanos, más seis millones de turistas y cerca de un millón de migrantes haitianos hacen que la economía del país se movilice con un alto presupuesto.

La juventud se ha preparado. Muchos jóvenes se han formado en estudios terciarios y han desarrollado maestrías y postgrados en excelentes universidades en el extranjero y están regresando a volcar su conocimiento y experiencia al servicio de la patria.

Como un caso anecdótico en la formación universitaria, el 64 por ciento de la matrícula corresponde a mujeres, que se están capacitando más allá de las áreas técnicas.

A la brasileña
Temer y sus imitadores locales

Particularmente soy de los ciudadanos que creen en un futuro venturoso para el país, pero hay algo que me preocupa como a la mayoría de mis conciudadanos: la corrupción, el robo y la impunidad. Algo que pasa en muchos países de Latinoamérica.

República Dominicana es el puente de las drogas que van de Colombia y Venezuela hacia Estados Unidos, el mayor consumidor de estupefacientes.

-Con relación a la corruptela que usted dice que está enraizada en el sistema político del país, ¿cree que el pueblo es consciente de la dimensión del saqueo promovido desde el gobierno?
-Tenga conciencia o no, la práctica de la corrupción ya se ha convertido en un hobby para la clase política, se sienten orgullosos de ser corruptos.

Esta gente del Partido de la Liberación es la copia fiel del modelo de corrupción instaurado en Brasil y que es de público conocimiento. Están en la dolce vita y la justicia dominicana no es tal, es la injusticia.

Me siento agobiado antes esta situación de impunidad reinante. Donde no hay instituciones fuertes que controlen los desmadres de algunos, pasa lo que está pasando.

-¿Cuáles son sus líneas de acción para cambiar esta realidad?
-El primer paso es darle contenido de justicia y legalidad a nuestras instituciones y el segundo cortar con el favorecimiento y el perdón a los ladrones, para lo cual habrá que sanear la justicia y la policía.

En otro orden, quiero desarrollar una política alimentaria con cuidado en el ambiente.

En el plano educativo hubo avances en cuanto a infraestructura, mientras en el área de la salud, si bien se cumple con la parte edilicia se carece en materiales y recursos humanos elementales.

Estas dos áreas son muy importantes para nosotros. En relación a la vivienda y a la capacidad de ofrecer a la gente una solución habitacional digna, el país va bien encaminado porque cuenta con leyes y planes agresivos en ese sentido.

Más femicidios
Un síntoma de descomposición e impunidad

-¿Qué pasa con los crecientes casos de femicidio que registra República Dominicana? ¿A qué le atribuye este fenómeno?
-El aumento en la tasa de femicidios está inserto en la descomposición de las relaciones sociales, pautada por el aumento en el uso de drogas, del robo, de la imagen que ofrecen muchos políticos que no resuelven estos asuntos con la efectividad que debieran y se debe sobre todo a la impunidad que reina en este país ante cualquier crimen.

Algo sin lugar a dudas muy preocupante

-¿Preocupa la política de Donald Trump en Estados Unidos y esta nueva ola de nacionalismos ligados al neofascismo en Europa?
-Sin dudas, porque cuando se ve las actitudes de nuestro vecino, cómo llega al poder Trump y también a los nuevos movimientos ligados a la ultraderecha en Europa, uno pone las barbas en remojo.

Creo que no prosperarán, pero habrá que estar atentos a estos grupos extremistas que siempre son peligrosos, independientemente de la latitud donde se muevan.

Confío en que sea efímero.

La escuela del trabajo
Vivir entre dificultades, templa

-¿De dónde saca tanta energía para visitar tantos pueblos y a tanta gente?
-Desde 1962 trabajo un promedio de 12 a 14 horas diarias y soy un hombre de campo. Para educarme tenía que hacer 20 kilómetros para llegar a la escuela, de los cuales 6 eran de lodo. La primera etapa iba en burro y la segunda en bicicleta, de ahí que soy un experto en esquiar en el lodo (risas).

Cuando uno proviene de un ambiente donde tiene que sortear innúmeras dificultades, consolida su personalidad para ver la vida con optimismo.

Me gusta tratar con la gente, me nutro y retroalimento del contacto con el ser humano y trabajo como caballo, al igual que la gente que está conmigo.

El trabajo duro del campo forjó mi carácter de luchador en el ámbito de la política. Si no trabajo dos o tres días ya me estropeo, espero morir así, trabajando.