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Alejandro John y la gestación de la FUCLAT

“Llegó el momento de un nuevo sindicalismo”

El 16 de agosto se cumplieron tres años de la muerte de Javier Víquez, abogado asesor del Sindicato de Coca Cola y coordinador político del Movimiento Independiente de Refundación Nacional (Miren), dirigido por el profesor Juan Jované. En un encuentro realizado el 21 de agosto, sus compañeros de la Federación Unitaria de la Clase Trabajadora (FUCLAT) lo homenajearon con un minuto de aplausos. Alejandro John, secretario general del Sitrafcorebgascelis, realizó en ese encuentro, coorganizado por la Rel-UITA y la Felatrac, una ponencia marcada por una reseña histórica, desde la fundación del Sindicato hasta la creación de la FUCLAT. La Rel transcribe lo medular de su exposición.

La Federación es el resultado de un largo proceso de discusión con nuestro querido compañero Javier, que puede considerarse uno de los gestores de esta aventura.

Tenemos que expresar que lo que hoy somos es producto de la lucha de hombres y mujeres, compañeros que ya no están pero que completaron su trayectoria al lado de nuestra organización desde su creación el 9 de julio de 1970 como Sindicato de Trabajadores de Coca Cola Compañía Embotelladora Venta y Mercadeo (Sintercovem).

Luego de un largo proceso y la reforma de los estatutos, en 2002 pasamos a ser Sindicato Industrial de Trabajadores de la Fabricación y Comercialización de Refrescos, Bebidas, Gaseosas, Cervezas, Licores y Similares (Sitrafcorebgascelis), después del segundo encuentro de la bebida de la UITA (Guatemala, 2006) donde nos explicaron claramente la estructura de Femsa y Coca Cola y sus implicancias en Panamá, nos afiliamos a la Internacional.

De esa reunión, y de la adquisición de Panamco (Panamerican Beverages) por Femsa en 2003, surge la inquietud de conformar un sindicato de industria y entonces nos abocamos a esa tarea.

Pero no fue sencillo, porque la Central Nacional de Trabajadores de Panamá (CNTP) consideraba que esa idea era peligrosa, que le íbamos a generar más problemas de los que ya le habíamos generado al oponernos en aquel momento a la reelección de su presidente, que por nuestra decisión perdió.

Desde ahí éramos vistos como un problema.

Ser más, para hacer más

Nos lanzamos a la aventura solos y enseguida contactamos con compañeros de la Cervecería Nacional, quienes se sumaron a la idea y se comenzó a afiliar a trabajadores y a gestar el sindicato.

Fueron épocas duras, de mucha confrontación.

Por primera vez fuimos a una huelga nacional en 2003, en defensa de la gestión del profesor Juan Jované al frente de la Caja del Seguro Social, con una labor muy favorable a los jubilados y jubiladas de baja renta quien tuvo que soportar fuertes presiones y también la destitución del cargo.

En 2005, con la nueva paramétrica del Seguro Social bajo el comando de Martín Torrijos volvimos a una huelga general en defensa de la institución.

Esas medidas tienen sus consecuencias hoy, con la intención del gobierno de privatizar la Caja.

Tres años después, junto a los trabajadores de Cervecería Nacional de San Cristóbal, realizamos una huelga por la negativa de la compañía de no negociar ni un punto del pliego de peticiones.

Finalmente, después de cinco días de huelga, la empresa se sentó a negociar.

En 2010 sucedieron los hechos de Changuinola, donde el gobierno de Ricardo Martinelli desató una fuerte represión contra activistas y dirigentes que protestaban contra la ley chorizo y nuestro sindicato ayudó a los compañeros que tenían orden de arresto a que pudieran volver a la vida pública luego de diversas denuncias que realizamos junto a Javier Víquez.

Un sindicato rebelde

Nuestra organización sindical ha estado desde siempre muy enraizada a la actividad y la lucha social del país.

Fuimos el único sindicato que logró paralizar el 100 por ciento de su masa de asociados en protesta contra la represión en Changuinola, donde el zona bananera de Bocas de Toro provocó muertes y cientos de heridos.

En 2012, cuando Martinelli por decreto estipula el 30 de abril como día del trabajo, fue nuestro sindicato el único que no trabajó el 1 de mayo, el verdadero día de los trabajadores.

Es importante realizar esta reseña histórica porque FUCLAT no nace por un capricho sino que es el fruto de una dura y larga lucha contra el modelo, contra el sistema de los gobiernos neoliberales y en un país que promueve políticas antisindicales.

Recién en 2014 comenzamos conversaciones con compañeros y compañeras de otros sindicatos, en especial de los de Cervecería Nacional. Teníamos que enfrentarnos a un enemigo común y aspirábamos a un único convenio sectorial para frenar el antisindicalismo de esta compañía.

Este avance generó una nueva huelga ante la intransigencia de la empresa cervecera. Duró 18 días, y contó con el decidido respaldo de la UITA y de Felatrac y con la solidaridad de otras organizaciones de nuestra Internacional.

Golpes arteros, de adentro y de afuera

Pasado ese lapso se conversó sobre la necesidad de que el El Sindicato De Trabajadores de la Industria Cervecera de Panamá (STICP) no puede retroceder, que hay que luchar para fortalecer a los trabajadores y trabajadoras ante las embestidas patronales. Por eso conformamos la Federación Sindical.

A fines de julio de 2016 nace oficialmente la FUCLAT e inmediatamente fue atacada por elementos provenientes de la misma clase obrera pertenecientes a otras centrales, que buscaron bloquear la homologación de la federación.

Dos años llevamos en esta lucha en el Ministerio de Trabajo para que se nos reconozca como representantes legales y legítimos de los trabajadores nucleados en una federación de industria.

Ante las demoras administrativas decidimos que todas las medidas que el Sitrafcorebgascelis tomara serían bajo la bandera de la FUCLAT: todas las movilizaciones, todas las marchas.

Lo que la administración nos negaba de derecho, lo hicimos de hecho y de esa forma fuimos reconocidos el pasado 31 de mayo de 2018.

“No da para más”

Por cosas menos significantes de las que vive Panamá, países vecinos están paralizados, o ha habido confrontaciones.

Llegó la hora de cambiar el paradigma frente a tanta injusticia social, el atraso del sistema educativo, la falta de un sistema de salud pública, la falta de una política agropecuaria que garantice la soberanía alimentaria para que no se gasten miles de millones de dólares en importación de alimentos.

Todo esto nos obliga a reflexionar que hay que cambiar.

Y si las cúpulas de las centrales obreras no se atreven, pues bien, llegó el momento de romper con los esquemas. Hay que dar fin a los sindicatos que han condenado a los trabajadores y trabajadoras de este país a quedarse en las empresas, sin ir a las calles.

La marcha educa, fortalece, trasforma, orienta y nos convierte en clase luchadora social, en reclamo de mejores días para nuestros hijos e hijas.

FUCLAT no puede ser la copia de los modelos sindicales anteriores, que marcan una involución del movimiento obrero desde el punto de vista cualitativo y cuantitativo.

Hay que cambiar este modelo, que se reduce a ver los recursos del Estado como botín. Son pocos en este país los que pueden dar la cara y cuestionar este sistema, incluidos dirigentes de cúpula, y no solo políticos.

Ir a las bases

FUCLAT debe ser totalmente distinta y el 1 de mayo fue nuestro primer ensayo: más de 700 trabajadores en la calle. Solo dos sindicatos lo lograron, contra menos de 300 movilizados por centrales que han perdido completamente su credibilidad.

FUCLAT debe ser un nuevo estilo de hacer sindicalismo.

Hay que ir a las bases, la comodidad en el movimiento sindical es para los haraganes.

Tenemos que volver a luchar por nuestros derechos, contra la tercerización, contra trabajar de domingo a lunes, contra el pago en especias, entre otros atropellos.

Es una lástima que mientras en otros países los sindicalistas deben exiliarse, acá en Panamá se la pasan entregando a los obreros en aras de beneficios personales, vendiendo convenios colectivos a la patronal, traicionando los principios del sindicalismo, que todo lo que logró fue por medio de mucha lucha y de la muerte de muchos y muchas.

La hora de una central clasista

FUCLAT tiene que ser fiel a los principios de la clase obrera, ser un modelo y quién dice que a partir de esta federación no podamos construir una central obrera clasista, revolucionaria y militante.

Este es el momento para avanzar y nosotros los trabajadores y trabajadoras tenemos la capacidad para tomar el timón del cambio.

Esta actividad junto a la UITA y a la Felatrac, es una de las tantas que queremos seguir haciendo para unir la clase obrera porque este país no va a cambiar por sí solo, somos los obreros y obreras los que podemos cambiar la sociedad.

Panamá ya no tiene líderes sociales, y es ahí donde entra la clase obrera para ser protagonista de los cambios reales y posibles, para defender las causas que nos involucran.

Ese es el camino.

Foto: Gerardo Iglesias


En Panamá, Gerardo Iglesias