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Intervención de Gerardo Castillo

Sangre nueva y diversa para un nuevo sindicalismo

Durante el seminario sobre mujer en la agroindustria, estrategias frente a la explotación laboral y la trata de personas organizado por la Rel-UITA, la Asociación Nacional de Educadores y Educadoras (ANDE) y la Federación Nacional de Trabajadores de la Agroindustria, Gastronomía, Hotelería y Afines (Fentragh) en San José de Costa Rica el 31 de agosto y el 1 de septiembre, Gerardo Castillo, asesor de federación y la Rel-UITA, dejó sus aportes sobre la importancia de transformar el movimiento sindical e introducir nuevos temas en la agenda de los sindicatos. A continuación lo esencial de su intervención.

¿Qué quiere decir armar las cosas de forma diferente en el mundo sindical?

Significa que hay que estar convencidos de que el mundo, en medio de sus grandes transformaciones, exige de las organizaciones sindicales la misma transformación. Lo de Fentragh es el mejor intento al que nos hemos aproximado.

Generalmente las estructuras de los sindicatos tienden a burocratizarse y a volverse duras, y además la dirigencia no quiere moverse y se va acomodando, pensando que mejor lo dejamos como está.

Es en ese sentido que Fentragh es pionera, porque se ha animado a cambiar.

¿Qué es el sindicalismo moderno? Es atrevernos a hacer una unidad en las bases, no en la cúpula. Se respeta la autoridad pero se rebasa el aparato.

Hace 40 años -desde mi época de dirigente- que escucho hablar de la unidad sindical, y el gran obstáculo que he observado en este tiempo es que la unidad sindical pasó de ser acción a discurso.

En el discurso estamos todos convencidos, en cambio en la acción no.

Un ejemplo claro es cuando hablamos de los derechos de la mujer, pero si las mujeres no luchan por sus derechos es mentira que le vamos a dar un espacio.

Pasó una ley de igualdad en los cupos pero las mujeres siempre quedan relegadas a cargos menores. La dirigencia sigue siendo de los hombres.

Llevar la palabra a la acción

El machismo es algo en lo que fuimos formados y educados y seguimos inconscientemente obrando en consecuencia.

Yo puedo perfectamente razonar sobre las barbaridades del machismo en este momento, en esta charla, pero salgo de aquí y de manera inconsciente vuelvo a la conducta aprendida, si me doy cuenta la corrijo pero si no la perpetúo como conducta aprendida.

Me acaban de operar del ojo y me pusieron una venda y me dijeron qué cosas podía hacer y qué no y resulta que como ya tengo un aprendizaje del uso de mi vista, hubo cosas que no pude controlar y esto pasa con el machismo también.

El machismo prevalece y es una conducta difícil de erradicar. El ámbito sindical no es ajeno a ello, por más que desde el discurso lo repruebe.

¿Y si yo ahora les dijera que el sindicalismo debe defender, además de los derechos de las mujeres, los derechos de las personas LGBT? Para los viejos esto es algo que está fuera del sindicalismo.

Venimos muy atrasados en ese sentido, sobre todo en lo que refiere a la lucha por los derechos de las mujeres. En Europa nos llevan luz en esto, la última huelga de mujeres concentró a más de seis millones de mujeres en las calles del viejo continente.

Si hablamos de Costa Rica, estamos en las antípodas en cuanto a equilibrar poderes. Es cierto que hay mujeres en algunos cargos públicos y que hubo incluso una presidenta pero estamos lejos en cuanto a correlación de poder.

En los sindicatos esto es todavía peor. Por eso es necesario inducir al cambio, provocarlo, porque los derechos de las mujeres deben ser respetados en la cotidianeidad.

La violencia hacia las mujeres no se da únicamente de forma física, se puede dar a través del control sobre las finanzas de la familia, puede ser violencia psicológica o moral y este es un tema que el movimiento sindical debe insertarlo en su agenda de forma urgente.

En el agro, que es el sector que nos compete, vemos muchos casos de violencia física, la expresión más extrema del machismo y donde la pobreza va cerrando el círculo de la discriminación.

Feminizar la agenda

La Rel-UITA siempre quiso que se introdujera el tema de la violencia de género en la agenda de trabajo de Fentragh pero ahora ya hay derivados muy peligrosos como por ejemplo, mujeres sin derecho, desplazadas, pobres, madres solteras o adolescentes.

En el caso de Nicaragua, la masiva migración coloca a las mujeres en el eslabón más vulnerable de la cadena: migrante (persona de otra categoría) y mujer, y si es joven puede caer en la red de la trata de personas.

Todos estos son temas que los sindicatos tienen que comenzar a examinar, porque una organización sindical no es sólo para negociar salarios, tiene que ser una institución inserta en la sociedad y en su evolución.

Queremos forjar un sindicalismo moderno pero para eso tenemos que cambiar la mente e ir incorporando las transformaciones sociales, abrir las puertas al colectivo LGBT y defender su derecho a un trabajo digno y sin discriminación y sumar a las mujeres al sindicato, pero no como relleno sino en un verdadero espacio que contemple equitativas fuerzas de poder entre géneros.

Las nuevas dinámicas nos convocan a reflexionar sobre este nuevo sindicalismo.

Ojalá podamos establecer la primera red de mujeres del agro costarricense, que este encuentro sea el puntapié inicial y sumarnos así al Comité Latinoamericano de la Mujer de la UITA (Clamu).

Los viejos podemos ayudar pero necesitamos sangre nueva para formar un nuevo sindicalismo.


Frank Ulloa y Gerardo Castillo


En San José, Gerardo Iglesias
Fotos: Maikol Hernández