Costa Rica | Sociedad | ANÁLISIS

Con Vladimir de la Cruz

“Faltan actores que interpreten la actual situación social”

Como la marea, llegó puntualmente, al decir de Rubén Blades. Hombre de izquierda, candidato a la presidencia de la república en tres oportunidades, ex embajador, profesor universitario especializado en la historia del movimiento obrero, Vladimir de la Cruz charló sobre temas diversos, desde la realidad en su país y en la región hasta el desnorteo de las izquierdas.

Militante del Partido Comunista hasta 1973 y luego del posteriormente disuelto Partido Socialista, De la Cruz participó en 1996 de la creación de Fuerza Democrática, un partido del cual fue secretario general y que lo postuló como candidato a la presidencia en 1998, 2002 y 2006.

Hoy no tiene militancia orgánica pero continúa con su labor docente, que desempeña desde hace 43 años y lo llevó a ser decano de la facultad de Ciencias Sociales y director de la Escuela de Administración y Estudios del Trabajo de la Universidad Nacional, entre otros cargos.

“Me retiré de la vida política en 2006, después de la última campaña electoral, y en 2008 viajé a Venezuela como embajador cuando el gobierno de Hugo Chávez y a los cuatro meses ya me quería volver”, dice a La Rel.

De la Cruz ha seguido investigando (sobre historia nacional costarricense, sobre las luchas obreras en el país) y publicando libros (ya lleva 12), así como escribiendo columnas en periódicos nacionales e internacionales.

-¿Cuál es la situación económica en Costa Rica?
-Desde el punto de vista económico, el país viene de un período de estabilidad general, de sostenimiento de las clases medias que se mantienen como elemento estratégico importante en la economía nacional.

Sin embargo la vida económica es más ficticia, se registra un endeudamiento supermillonario, hoy la gente puede comprar la comida a plazos, incluso, dentro de los tres primeros meses sin intereses.

-¿Cuál es el perfil de la población económicamente activa (PEA)?
-Corresponde a cerca de dos millones de habitantes, de esos, 700 mil son mujeres y de ellas el 53 por ciento son jefas de hogar.

Son las que mantienen la familia aun cuando tienen esposo o compañero, según datos del Instituto Nacional de Censo y Estadística.

También hay 220 mil desempleados y hay 300 mil mujeres que mantienen a esos desempleados.

Cerca de 100 mil jóvenes, entre los 16 y los 30 años no trabajan ni estudian, los llamados “nini”.

Asimismo se registra una población que vive del trabajo informal y otra migrante cuya labor estratégica está en la producción agrícola de la zona norte como la caña de azúcar.

También en la industria, el comercio, la construcción, los servicios y el trabajo doméstico.

-¿En su mayoría nicaragüenses…?
-Sí. Se trata especialmente de migrantes nicaragüenses, el 75 por ciento de la población que trabaja en el país proviene de Nicaragua y aportan el 12 por ciento del PIB, por eso son tan importantes para la economía nacional, no se trata para nada de una mano de obra despreciable.

-Hace algunas semanas hubo algunas manifestaciones contra migrantes en San José…
-Es verdad, pero aquí no hay institucionalmente un carácter xenofóbico como puede haber en otros países.

Hay ciertos sectores, entre ellos grupos pro nazi, que vienen alimentando un sentimiento xenófobo acentuado contra la población nicaragüense.

Las fronteras geográficas e ideológicas

Lo cierto es que desde hace mucho no tenemos conflictos fronterizos en el país. En la frontera norte, Costa Rica cuenta con un tratado que data de 1856 sobre los límites geográficos.

En distintas ocasiones se ha cuestionado la cláusula sobre el derecho a la libre navegación del el río San Juan, eso lo usa el gobierno de Nicaragua, desde Somoza hasta Ortega para alimentar sentimientos ultranacionalistas para enfrentar a Costa Rica.

La situación interna de Nicaragua no le ha dado capacidad a Ortega y a Murillo para levantar sentimientos anti costarricenses aunque en su discurso muchas veces reivindiquen no solo el uso del río San Juan sino la propiedad de toda la provincia de Guanacaste.

Pero se trata apenas del discurso político de Ortega que no ha debilitado la hermandad entre costarricenses y nicaragüenses que es muy sólida y muy fuerte debido a lazos familiares y culturales, más que con Panamá. En ese sentido no hay cómo debilitar ese vínculo.

La crema y nata de la intelectualidad nicaragüense ha vivido en Costa Rica, en los distintos momentos históricos. De Somoza hasta ahora, hay una tradición de buenas relaciones y muy solidaria.

-¿Cuál es su análisis sobre Nicaragua y este momento político?
-Hay que tener claro que el discurso y gobierno de Ortega no hacen parte del frente sandinista revolucionario del 79.

La alianza de Ortega con la iglesia católica fue perversa. Se utilizó los símbolos eclesiásticos dentro de la revolución, cuando la iglesia nicaragüense había sido antisomocista y había jugado un papel importante desde 1967.

-Llama la atención el silencio de las izquierdas ante lo que sucede en Nicaragua.
-Sí hay un silencio cómplice de las izquierdas ante las acciones de ese gobierno.

En Nicaragua Ortega aprobó un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos sin oposición alguna, también un tratado militar de las costas.

Mientras que en Costa Rica, hubo una gran oposición al Tratado de Libre Comercio, con importantes manifestaciones y todavía se lo cuestiona, el supuestamente gobierno de izquierda de Nicaragua lo aprobó sin discusión alguna.

Ortega, muy inteligentemente, fue comprometiendo a los sectores empresariales con el gobierno, permitiéndoles realizar sus actividades económicas mientras le pagaran 10 por ciento de las inversiones. Ese era el pacto que tenían hasta ahora.

Esa situación no va a durar mucho, entre otras cosas porque Ortega ya no tiene la ayuda internacional del gobierno de Venezuela, sobre todo en lo que refiere al suministro energético, y la crisis venezolana se manifiesta en la rebaja de casi un millón y medio de barriles diarios de producción.

Crisis humanitaria y migración

-¿Cómo analizas la migración en la región?
-Durante el siglo XIX, literalmente no hubo desempleo y el país se abrió al proceso migratorio extranjero.

Llegaron migrantes de diferentes regiones, en la segunda mitad del siglo XIX todas las nacionalidades europeas llegaron a Costa Rica en pocas cantidades pero llegaron.

En la primera mitad del siglo XX llegaron los nicaragüenses a trabajar en las bananeras, en el ferrocarril y otros centroamericanos que debido a las dictaduras en sus países de origen venían como refugiados, se trataba de migrantes con un nivel de escolaridad más alto, más profesionales.

Comenzaron a llegar también desde el sur, durante la época de las dictaduras en Uruguay, Chile, Brasil. Gente muy calificada que aportó enormemente a este país.

Actualmente la migración no se da solo por razones ideológicas sino más bien por razones económicas y ya no puja para venir a Costa Rica sino para ir a Estados Unidos.

Hondureños, guatemaltecos y nicaragüenses ya solo están de paso por acá.

-En el contexto social actual que vive América Latina ¿Se puede seguir teniendo esperanza?
-Pienso que sí, mientras las condiciones socioeconómicas y las crisis sociales hagan que se agudice la pobreza, siempre va a haber nuevas luchas nuevos planteamientos socialistas, lo que no hay son actores que reflejen, representen e interpreten esa nueva situación social.

Costa Rica, tiene un índice histórico del 18 al 22 por ciento de pobreza general y 4 a 7 por ciento de pobreza extrema. Ese ha sido el componente histórico de ese nivel de pobreza pero ya no se trata de los mismos pobres.

Hay un proceso de movilización social desde los extremos pobres que no pasan de ahí, pero hay pobres que pueden levantar su perfil.

Acá en Costa Rica se da un fenómeno especial entre los pobres que viven en lo que nosotros denominamos tugurios.

Me ha tocado conocer estos asentamientos en otros lugares y por eso puedo afirmar que en Costa Rica son diferentes.

Acá la esperanza se manifiesta en los ranchos limpios, con flores, con macetitas colgadas, cuando el piso aun siendo de tierra se barre a diario.

En esos espacios hay vida, hay dignidad y hay esperanza.

Fotos: Gerardo Iglesias


En San José, Gerardo Iglesias