de la devastación neoliberal

El presidente de Estados Unidos le dijo entonces: “le presto ese dinero pero déjeme empezar a enviarle trigo y dejen de sembrar trigo ustedes”, y entramos en la famosa era de “apertura económica”.
En ese momento importábamos 700.000 toneladas de alimentos; al finalizar la década de los noventa estábamos importando cerca de 10 millones de toneladas.
Como consecuencia de eso dejamos de sembrar un millón de hectáreas y se perdieron tres millones de empleos en el campo.
Todo eso inmerso en un contexto de violencia dramático.
Sin embargo, la última frontera agrícola fue la ganadería. Mucha gente que antes sembraba café, algodón, maíz o trigo, dejó de cultivar sus campos y se fue a la ganadería. Pasamos de producir 3.000 millones de litros de leche en los noventa a 7.000 millones en 2015.
El mercado de leche colombiano está abastecido con muchas dificultades por cerca de 450.000 productores, de los cuales el 46 por ciento no tenemos más de diez vacas y 12 hectáreas de tierra y el 83 por ciento no más de 50.
Solo el 15 por ciento tiene un inventario entre 500 y 5.000 animales, y solo el 1 tiene más de ese promedio.
Nuestro consumo per cápita es de 142 litros, lo que, contrastado con la población, da una demanda de unos 6.500 millones de litros. Nuestro mercado está abastecido.
En virtud de los tratados de libre comercio firmados por el gobierno han entrado enormes cantidades de leche.
El IPC de la canasta básica de insumos para nuestra ganadería en lo que va del año está sobre el 25 por ciento, porque toda la soja, todo lo que se necesita para hacer los concentrados para las vacas es importado.
Tenemos las drogas veterinarias más caras del mundo, los fertilizantes más caros del mundo, las tarifas eléctricas más caras del mundo.
La producción de leche es un modo de vida. En mi familia en dos hectáreas de tierra teníamos 10 vacas y con eso obteníamos el ingreso para alimentarnos y estudiar. Hoy ya no podemos.
En 2013 la situación se tornó insostenible: los niveles de pobreza en el campo estaban sobre el 70 por ciento, los de indigencia en el 35.
Un 20 por ciento de los niños de entre 5 y 16 años no tienen acceso a la educación primaria y entre un 17 y 24 por ciento jamás se escolarizó. Los hijos de los 12 millones de campesinos del país son hoy policías, soldados y el gobierno los ha puesto a enfrentarse contra nosotros.
Los tratados comerciales contemplan la entrada de 52 mil toneladas de leche. La industria, por dedicarse a exportar leche y arruinarnos a los productores, ha sido premiada con los recursos que nos ganamos los productores.
Por otra parte, sólo el 48 por ciento de la leche se industrializa, y cuando la industria formal deja de acopiar la leche nacional lo que no se acopia se va al sector informal, con lo que eso conlleva de tragedia.
Estamos haciendo un llamado a todas las organizaciones, a la UITA, a Atilra porque la situación en Colombia está muy dura y desafortunadamente lo único que tenemos son las ganas de pelear.


