
Después del encabezado los firmantes de la carta dicen lo siguiente:
“Nosotros sabemos que usted conoce el Paraguay y conoce su historia, una historia trágica y heroica. Recuerda las batallas de Piribebuy, Acosta Ñu y Cerro Corá.
Somos un pueblo que trabaja y quiere progresar. Tenemos riquezas en abundancia. Pero vivimos en la pobreza.
Somos víctimas de cruel explotación. Nos roban lo que es nuestro. Unos pocos se apropian de todo y no nos dejan casi nada.
Monseñor Bergoglio: usted sabe que esto no debiera de ser así. Queremos que usted quiera decir y decidir con nosotros que esto no va a seguir así. Nosotros luchamos por nuestra dignidad para volver a ser como ya fuimos, un pueblo unido, libre y dueño de su territorio y de sus riquezas. Creemos que usted quiere ayudar a este propósito”.
Hermosa esa fórmula utilizada por los campesinos de “usted quiera decir y decidir con nosotros que esto no va a seguir así”. Hermosa fórmula de unidad de fuerzas y de gran respeto para ambas partes.

