Luis Fuentes*
Sólo 3 por ciento de los trabajadores están organizados
El sindicalismo reducido
a su mínima expresión
a su mínima expresión

Foto: Gerardo Iglesias
El sindicalismo guatemalteco atraviesa uno de los momentos más complejos de su historia, al punto que hay actualmente menos trabajadores organizados que en la época más cruenta del conflicto armado que azotó al país por 36 años.
Se estima que durante ese conflicto había entre un 15 y un 20 por ciento de trabajadores organizados en sindicatos. Hoy son tres veces menos.
A pesar de los profundos niveles de represión, el sindicalismo guatemalteco fue muy proactivo y, junto a organizaciones campesinas, indígenas, estudiantiles y de derechos humanos, jugó un papel clave para la apertura del diálogo entre el ejército-gobierno y la guerrilla aglutinada en la URNG, que culminó con la firma de los acuerdos de paz en 1996.
Con el paso de los años, se fue configurando un escenario lleno de complejidades para el movimiento sindical, que hoy día lo tiene sumido en una profunda crisis en la que prevalecen dos aspectos: los niveles más bajos de sindicalización de la historia y una gama de siglas que evidencian una división sin precedentes.
Según datos del Departamento de Registro Laboral del Ministerio de Trabajo, se encuentran activos 916 sindicatos, que reportan como afiliados a un total de 214.472 trabajadores/as, de los cuales un 55 por ciento son mujeres.
Si se considera que de acuerdo al Instituto Nacional de Estadística (INE) la Población Económicamente Activa (PEA) es de 6,2 millones de trabajadores, se puede concluir que el nivel de sindicalización es de un 3 por ciento.
A pesar de los profundos niveles de represión, el sindicalismo guatemalteco fue muy proactivo y, junto a organizaciones campesinas, indígenas, estudiantiles y de derechos humanos, jugó un papel clave para la apertura del diálogo entre el ejército-gobierno y la guerrilla aglutinada en la URNG, que culminó con la firma de los acuerdos de paz en 1996.
Con el paso de los años, se fue configurando un escenario lleno de complejidades para el movimiento sindical, que hoy día lo tiene sumido en una profunda crisis en la que prevalecen dos aspectos: los niveles más bajos de sindicalización de la historia y una gama de siglas que evidencian una división sin precedentes.
Según datos del Departamento de Registro Laboral del Ministerio de Trabajo, se encuentran activos 916 sindicatos, que reportan como afiliados a un total de 214.472 trabajadores/as, de los cuales un 55 por ciento son mujeres.
Si se considera que de acuerdo al Instituto Nacional de Estadística (INE) la Población Económicamente Activa (PEA) es de 6,2 millones de trabajadores, se puede concluir que el nivel de sindicalización es de un 3 por ciento.
Lo grueso en el sector público
24 sindicatos en el área privada
Al escrudiñar, el panorama se torna más oscuro, pues de esos 214.000 trabajadores, únicamente 6.995 (0,11 por ciento de la PEA) están organizados en 24 sindicatos de empresas privadas.
El resto son sindicatos del Estado, municipales, de campesinos independientes, de la economía informal y otros.
El Ministerio de Trabajo reporta a su vez que en 2014 los 916 sindicatos activos registrados apenas consiguieron que se homologaran 22 pactos colectivos.
Si tomamos en cuenta que la naturaleza de los sindicatos es el mejoramiento de las condiciones de trabajo y de vida de sus afiliados vía la negociación colectiva, hay un tremendo agujero que pone al desnudo una realidad indiscutible: el sindicalismo está desapareciendo y la negociación colectiva es casi inexistente.
Vale restaltar también que del total de sindicalizados el 27 por ciento (1.920) corresponden a gremios de la bebida afiliados a FESTRAS y el 42 por ciento (3.000) pertenecen SITRABI, ambos a la vez afiliados a la UITA.
El Ministerio de Trabajo sigue sin cumplir con su función de tutelar los derechos de los trabajadores; las libertades sindicales están siendo atacadas por diferentes frentes; la prensa continúa satanizando al sindicato como institución representativa de los trabajadores; el sector privado sigue recurriendo al ataque furtivo y perverso y en muchos casos sigue utilizando la intimidación y la represión; las empresas se vacunan con el solidarismo para evitar la organización de los trabajadores…
Hay un largo camino por recorrer.
Unos seis millones de trabajadores no organizados se debaten entre la precariedad y la miseria; la incertidumbre, la confusión y el terror que los tiene paralizados.
¿Quién tomará la palabra?
Rel-UITA
29 de mayo de 2015
*Responsable de Proyectos de 3F Dinamarca en Guatemala

