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“La realidad está pasando factura”
En Montevideo,
Brasil
COYUNTURA
Con Jair Krischke
“La realidad está
pasando factura”
Análisis de la coyuntura política y social en Brasil
20150727-jair610
Además de viejo amigo de La Rel, Jair Krischke, presidente del Movimiento de Justicia y Derechos Humanos de Porto Alegre, es un observador crítico de la realidad social de su país. Conversamos con él en el afán de conocer su análisis sobre la actual crisis que se instaló en Brasil y que de una forma u otra afecta a toda América Latina.
-¿Cuál es tu reflexión sobre este escenario social, político y económico que vive Brasil?
-Esta crisis política tiene un trasfondo económico muy fuerte, porque la crisis financiera es el resultado del mal uso de los recursos públicos en etapa de campaña electoral.

Como estrategia política se tomaron medidas económicas tales como rebajar el costo de la energía eléctrica, congelar el precio de los combustibles, entre otras, pensando en la reelección de la presidenta Dilma Rousseff.

Una vez lograda la reelección, se comenzó con una serie de ajustes que hicieron estallar el sistema financiero, incrementos de más del 50 por ciento en tarifas públicas, recorte presupuestario, recortes de beneficios sociales y previsionales, etcétera.

Lo que sucede ahora es que llegó el momento de pagar las cuentas, y la realidad está pasando factura.

-Pero como siempre esa factura la pagan los más débiles…
-Exactamente, los llamados a pagar estas deudas son, como siempre, los trabajadores, la clase obrera, los más vulnerables.

Este escenario económico grave termina por contaminar lo político y lo social, y es la consecuencia directa de una base política completamente artificial, calcada del mundo de los negocios.

Debo recordar que la base política de Dilma estaba conformada por sectores cuya “militancia” se basa en el intercambio de favores. José Sarney, Delfim Neto, Collor de Melo entre otras “figuritas repetidas”. Cuando esto comienza a fallar, la presidenta pierde respaldos, generándose el caos en el que se encuentra Brasil actualmente.

-Los casos de corrupción en la interna del gobierno tampoco ayudan…
-En medio de todo esto además se destapa el escandaloso fraude de Petrobras, donde suenan nombres como el del actual presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, y del propio presidente del Senado, Renán Calheiros, que convierten a la política de Brasil en una historia de revanchismos personales.

-¿Cómo es eso de los revanchismos?
-Cunha, creyendo que fue Rousseff quien lo delató en el caso Lava Jato de Petrobras, comienza a sacar de los cajones todos los proyectos de ley que generan polémica y son de difícil consenso y los presenta para que sean votados. Entonces, hablando mal y pronto el Congreso brasileño es un verdadero “viva la pepa”.

Las leyes que se están votando eliminan conquistas históricas de los trabajadores brasileños: ley sobre tercerizaciones (PL4330), reducción al mínimo posible del seguro de desempleo (medida provisional 665/2014), un intento de bajar la edad de imputabilidad penal, entre tantos otros proyectos que ha reflotado el Congreso en este tire y afloje para ver quién se queda con la porción más grande de la torta.
Guerra entre bandidos
Ayer aliados, hoy adversarios

-Los aliados del PT en la campaña política son hoy los principales opositores…
-En Brasil se está dando un fenómeno en el que la oposición política no es por cuestiones ideológicas, sino más bien por ventajas económicas. Es una verdadera guerra entre bandidos.

Durante el segundo semestre del 2013 y todo el 2014 la administración de Dilma Rousseff estuvo volcada a la reelección, brindando beneficios y ventajas políticas que generaron esta burbuja que está a punto de estallar.

Actualmente el contexto político es completamente inestable, cualquier cosa puede suceder.

-¿Incluso un impeachment?
-Personalmente creo que no se llega eso y ahora estoy especulando: creo que dejarán a Dilma sangrar hasta el final de su mandato. Esa es la estrategia de la oposición.

En este escenario político tan pobre ya se está pensando en las elecciones de 2018, donde Luis Inácio Lula Da Silva sería nuevamente candidato a la presidencia.

Si Dilma llega golpeada hasta el final del mandato, la oposición apunta a inviabilizar la candidatura de Lula, que dicho sea de paso está siendo investigado por presunto abuso de funciones. Se lo acusa de haber hecho lobby para una de las principales constructoras del país, además involucrada con la operación Lava Jato.

Es todo muy triste, considero esta crisis como uno de los males que nos dejó la dictadura.
El pasado no ha sido pisado
Ausencia de nuevos liderazgos

-¿En qué sentido son un vestigio de la dictadura?
-En que no hay renovación política, las dictaduras mataron a una generación entera de buenos políticos. Esta crisis que vivimos, en mi opinión, es producto de las dictaduras del Cono Sur.

Son siempre los mismos, no hemos logrado destacar a nuevos líderes políticos que se preocupen por el bienestar común, sean de izquierda, de derecha o de centro.

Basta con observar el escenario regional: en Chile fue reelecta Bachelet, en Uruguay, TabaréVázquez, en Argentina no hay opciones muy diferentes y Brasil con DilmaRousseff y Lula.

Lamentablemente este país se ha convertido en un gran negocio para la clase política. Las campañas electorales manejan cifras astronómicas, se gasta en ser electo hasta tres veces el salario que van a cobrar por “servir al pueblo”. Algo anda mal.

-Esto ha generado una serie de movilizaciones masivas de la sociedad…
-Los brasileños no toleramos más estos desmanes políticos, ni estos negociados a costillas del pueblo.

Sin embargo, en este contexto hay algo que me llama mucho la atención: una nueva modalidad de manifestación autoconvocada a través de las redes sociales, que congregan a millones de personas pero que se proclaman apolíticas porque vinculan a los partidos con lo ruin y lo corrupto. Esto es muy malo para la democracia.

No hay forma de hacer política democráticamente por fuera de los partidos políticos. Es a las dictaduras que les gusta dejar fuera a los partidos. Esto me preocupa mucho.

-¿Qué salida vislumbras?
-La salida sería una toma de conciencia por parte del electorado para que termine de una buena vez la alternancia entre “seis y media docena”, que es el modelo que estamos viviendo en las últimas décadas.

Habrá que repensar la forma de hacer política, retomar la idea de que el político está para servir al pueblo y no viceversa. Como va la cosa, estamos llegando al fondo del pozo.

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Fotos: Gerardo Iglesias
Rel-UITA
27 de julio de 2015