Un nuevo 8 de marzo multitudinario
Amalia Antúnez
9 | 3 | 2026

La tarde cae sobre la avenida 18 de Julio y el murmullo se vuelve un solo sonido. Carteles violetas, tambores, pañuelos, glitter, niños en cochecitos y mujeres de todas las edades avanzan entre cánticos. Este domingo, miles de personas marcharon por el centro de Montevideo en una nueva movilización por el 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer.
La convocatoria reunió a colectivos feministas, organizaciones sociales y sindicatos que volvieron a poner sobre la mesa reclamos que se repiten año tras año: igualdad económica, reconocimiento del trabajo de cuidados y el fin de la violencia contra mujeres, niñas, niños y adolescentes.
Uruguay es, desde hace décadas, un país que suele exhibir una legislación avanzada en materia de derechos civiles.
Sin embargo, cuando se observan los datos, la realidad de las mujeres todavía muestra brechas persistentes.
Según cifras del Instituto Nacional de Estadística, la brecha salarial de género se mantiene entre 25 y 27 por ciento.
La desigualdad también aparece en el acceso al trabajo. Informes del Ministerio de Economía y Finanzas señalan que la participación femenina en el mercado laboral es alrededor de 16 puntos porcentuales menor que la masculina.
A esto se suma la carga invisible del cuidado: las mujeres dedican aproximadamente 70 por ciento más tiempo que los hombres al trabajo doméstico y no remunerado.
De acuerdo con cifras difundidas por el Ministerio del Interior, en 2025 se registraron 35.443 denuncias por violencia doméstica y delitos asociados. Entre enero y octubre de ese año se contabilizaron 33 feminicidios.
En promedio, el país registra 117 denuncias por día. El 61 por ciento de los casos ocurre en vínculos de pareja, expareja o relaciones afectivo-sexuales; el 39 restante involucra a familiares.
Las cifras conviven con un clima social complejo.
Una encuesta de la Usina de Percepción Ciudadana realizada en 2024 reveló que el 51 por ciento de los varones uruguayos considera que la promoción de la igualdad de género ha llegado tan lejos que ahora discrimina a los hombres.
Ese dato no aparece aislado. Dialoga con un escenario global en el que desde espacios de poder se amplifican discursos antifeministas y ataques hacia las mujeres y las disidencias.
Por eso, cada 8 de marzo la avenida vuelve a llenarse.
Porque detrás de cada consigna hay una estadística, detrás de cada cartel hay una historia, y detrás de cada historia hay una vida que todavía reclama lo mismo que gritaban las primeras marchas feministas: que nacer mujer no implique vivir con menos derechos, menos oportunidades o más miedo.
