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Proyectos urbanísticos en Andalucía

La doble cara del turismo

El turismo genera actividad económica, pero también evidencia importantes desequilibrios laborales: contratos parciales involuntarios, salarios bajos, sobrecarga de trabajo y, en muchos casos, incumplimiento de convenios, apunta el histórico dirigente de Hostelería y Turismo de Comisiones Obreras en esta nota.

Gonzalo Fuentes

13 | 3 | 2026

El Ayuntamiento de Málaga ha manifestado su ambición de convertir la ciudad en la “Champions del Turismo”, en palabras del concejal del área. La estrategia es clara: atraer grandes cadenas internacionales y multiplicar la oferta de hoteles de lujo.

Entre los proyectos más destacados figura la transformación del antiguo edificio de Correos en un hotel de cinco estrellas con 200 habitaciones.

Sin embargo, el proyecto más controvertido es, sin duda, la Torre del Puerto: un rascacielos de 380 habitaciones previsto en el Dique de Levante, impulsado pese al amplio rechazo ciudadano.

El diseño, encargado al arquitecto David Chipperfield, se presenta como un icono de modernidad. Sin embargo, numerosos colectivos sociales lo consideran un proyecto especulativo, más vinculado al negocio rápido que al progreso real de la ciudad.

La ciudad dice “no”

Una parte significativa de la ciudadanía sostiene que el rascacielos del Puerto no representa desarrollo, sino un modelo agotado. Entre los argumentos más repetidos por vecinos y plataformas sociales destacan:

Es un “pelotazo” urbanístico disfrazado de modernidad.
Supone una agresión al litoral y al entorno de La Farola.
Deforma la imagen histórica de la bahía.
Ignora la voluntad popular expresada en movilizaciones y debates públicos.

Muchos confían en que la presión social, los recursos judiciales en curso y la intervención del Consejo de Ministros puedan frenar un proyecto que consideran un atentado contra la identidad de Málaga.

Récords turísticos, vida en retroceso

En 2025, Málaga alcanzó cifras históricas: 1.800.000 visitantes y más de 3.175.000 pernoctaciones. Los datos se celebran como un éxito incuestionable. Sin embargo, la otra cara del récord es menos visible.

La ciudad encabeza los índices de encarecimiento del alquiler y proliferación de viviendas turísticas, situándose por encima de urbes como Barcelona, Sevilla, Madrid o Palma de Mallorca. El modelo actual está expulsando a vecinos de sus barrios, transformando el centro histórico en un escaparate y reduciendo los espacios para la vida cotidiana. La ciudad corre el riesgo de convertirse en un producto turístico antes que en un lugar para vivir.

Las organizaciones sindicales y de vecinos insisten en que no están en contra del turismo, sino de un modelo que prioriza beneficios inmediatos sobre derechos laborales y vivienda digna. Defienden un sector que genere empleo estable, salarios justos y contribuya a una ciudad habitable.

Mirar a otras ciudades

Palma. Barcelona o París han comenzado a regular las viviendas turísticas, limitar la llegada de cruceros y controlar el crecimiento desordenado del sector.

Málaga, en cambio, sigue debatiendo si crecer más o crecer más rápido, sin abrir un debate profundo sobre el modelo turístico que desea para su futuro.

Una ciudad que prioriza el beneficio inmediato sobre el bienestar de sus habitantes no es un modelo de éxito: es un modelo frágil. Málaga puede morir de éxito si deja de cuidar a su gente.

En este contexto, Andalucía y Málaga deberían implantar una tasa turística como instrumento para garantizar el equilibrio entre la actividad turística y la calidad de vida de la ciudadanía residente.

*Publicada en la revista El Observador
(Edición Rel UITA)
Foto: Revista El Observador