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A 50 años del golpe de Estado en Argentina

Los pactos de silencio continúan, pero la tierra habla

A pesar de las dificultades crecientes a las que se enfrentan los organismos de derechos humanos y quienes siguen trabajando para esclarecer lo sucedido durante la dictadura y hacer justicia, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) continúa haciendo historia.

Daniel Gatti

17 | 3 | 2026

El último gran avance logrado por los antropólogos fue la identificación de doce personas que estuvieron secuestradas en el campo de exterminio de La Perla, en la provincia de Córdoba, que figuraban como desaparecidos.

Se trata de uno de los centros clandestinos de detención más grandes que funcionaron durante la última dictadura argentina. Se calcula que por allí pasaron alrededor de 2.500 personas entre 1976 y 1978.

Hasta hace pocos meses no existían pruebas físicas de ese pasaje. Había indicios de enterramientos clandestinos y de remoción posterior de cuerpos para intentar borrar rastros de las matanzas, pero ninguna prueba.

En setiembre pasado fueron encontrados en el área fragmentos óseos (restos craneales, fémures) enterrados a escasa profundidad. Pertenecían a doce personas cuyo proceso de identificación se está completando.

“Son lugares a campo abierto, muy extensos y difíciles de abordar desde lo arqueológico, lo geológico y lo antropológico, porque no hay indicios visibles ni información testimonial precisa. Hay testimonios de sobrevivientes sobre lo que escuchaban dentro del centro clandestino, pero no existen datos directos de perpetradores que permitan ubicar con exactitud los sitios”, explicó Silvana Turner, del EAAF.

“La campaña de campo empezó en setiembre. Terminamos el trabajo en terreno a fines de noviembre. Después comenzaron los análisis antropológicos. Esas muestras se enviaron a nuestro laboratorio genético —que justamente está en Córdoba— a fines de diciembre. El laboratorio comenzó con la extracción de ADN y luego con los cotejos”, detalló Turner al diario Página 12.

El hallazgo de fotografías aéreas que databan de 1979 y mostraban claramente movimientos de tierra con maquinaria pesada en un sector del campo de exterminio conocido como “Loma del Torito” permitió a los antropólogos, en conjunto con un equipo de geólogos universitarios, trabajar en esa zona.

Los trabajos de rastreo de otros cuerpos enterrados en ese predio, de unas 10 hectáreas, se retomarán en abril.

La mayoría eran muy jóvenes al momento de su detención, incluida una estudiante de 18 años secuestrada y desaparecida junto a su hermana melliza.

Pacto de sangre

El silencio culpable de los responsables de los horrores quedó una vez más en evidencia.

“Los restos estuvieron durante 50 años en terrenos militares del Tercer Cuerpo, donde el ejército hace ejercicios de tiro. Tantos años, tantos cuerpos y nadie se ha dado cuenta”, dijo Graciela Geuna, una sobreviviente del campo de La Perla y cuyo marido, Jorge Cazorla, fue asesinado en ese centro de exterminio y permanecía desaparecido.

“Lo que me sorprende es que 50 años después el pacto de sangre sigue”.

Los restos de Cazorla pudieron ahora ser identificados por una medallita que su pareja le había regalado y que fue hallada cuando la tierra habló.

Foto: Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF)