La otra cara de la inseguridad global
En el mundo contemporáneo, la inseguridad se ha convertido en un fenómeno cada vez más extendido y complejo. No solo se manifiesta en los conflictos armados que ocupan titulares, sino también en crisis estructurales que, aunque menos visibles, provocan un número significativamente mayor de muertes cada año.
Marcial Cabrera
18 | 3 | 2026

Diversos sectores sostienen que esta inseguridad es alimentada por decisiones políticas respaldadas por grandes corporaciones transnacionales, con el objetivo de mantener a las sociedades en condiciones de temor y control. En este contexto, la protesta social —incluyendo la organizada por sindicatos y otros movimientos— suele ser reprimida, limitando el ejercicio de derechos fundamentales.
Actualmente, el escenario internacional está marcado por múltiples conflictos activos en distintas regiones del mundo. La posibilidad de una escalada hacia un enfrentamiento de mayor magnitud genera preocupación creciente. Las tensiones en Medio Oriente, por ejemplo, continúan intensificándose, con acciones que han provocado graves daños materiales y un número aún indeterminado de víctimas.
En estos conflictos los discursos mediáticos suelen centrarse en la confrontación entre actores, mientras que las causas estructurales —como el control de recursos energéticos y la influencia geopolítica— reciben menor atención o son interpretadas desde perspectivas parciales.
Más allá de las guerras existen crisis globales que generan un impacto humano mucho mayor y que, sin embargo, reciben escasa cobertura mediática.
Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), aproximadamente 2,9 millones de trabajadores mueren cada año debido a accidentes laborales y enfermedades relacionadas con el trabajo. Estas cifras reflejan condiciones laborales deficientes que, en gran parte, podrían prevenirse mediante la implementación de medidas adecuadas de seguridad y protección.
Por otro lado, el hambre y la desnutrición continúan entre las principales causas de mortalidad a nivel mundial. Se estima que cerca de 9 millones de personas mueren cada año por estas causas, lo que equivale a unas 25.000 muertes diarias. Entre ellas, entre uno y dos millones corresponden a niños afectados por desnutrición aguda.
Asimismo, la falta de acceso a agua potable, saneamiento e higiene adecuados provoca más de un millón de muertes anuales (UNICEF). Otras estimaciones sitúan esta cifra en al menos 673.000 fallecimientos por año, con más de mil niños menores de cinco años muriendo diariamente por enfermedades relacionadas.
Estas cifras evidencian que gran parte de estas muertes son evitables. El mundo produce suficientes alimentos para nutrir a toda su población, sin embargo, la distribución desigual, el empobrecimiento creciente y la concentración oligopólica alimentaria impiden el acceso universal.
Del mismo modo, el acceso al agua potable sigue siendo limitado en muchas regiones, en parte debido a su gestión, comercialización como mercancía o por la contaminación provocada por el uso indiscriminado de agrotóxicos, así como por las consecuencias del extractivismo minero, ese que el presidente Javier Milei está decidido a promover afectando glaciares y periglaciares en la cordillera argentina.
La inseguridad global no puede entenderse únicamente a través de los conflictos armados. Existen crisis silenciosas que, año tras año, provocan un número mucho mayor de muertes sobre las cuales no interesa su divulgación.
Abordar estos problemas requiere no solo voluntad política, sino también una mayor conciencia social, ambiental y un compromiso real con la equidad, la justicia y el respeto a los derechos fundamentales de todas las personas.
