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Diofanor estaba ahí…

Huele a nostalgia el bananal

Gerardo Iglesias

26 | 3 | 2026

Diofanor Castrillón Piedrahita comenzó a trabajar en 1976, tenía 12 años. Era la época de la “Bonanza Marimbera” (marihuana). Aunque ya se traficaba marihuana desde 1960, el furor de tráfico y consumo estadounidense se dio entre la década del 70 hasta los años 90.

Tanto era el dinero que ingresaba al país, que el gobierno de Alfonso López Michelsen (1974-1978), abrió la “ventanilla siniestra”, práctica bancaria que permitía el libre cambio de dólares en el Banco de la República, sin la necesidad de justificar su procedencia.

Por la región de Urabá —noroeste de Colombia—, pasó parte de esa mercancía gracias a su conexión con el mar Caribe. La marihuana entró en declive ante el boom de la cocaína y la producción de cannabis en California, Estados Unidos.

Posteriormente emergió el terrorismo de los cárteles de la droga, que tuvo su auge principal a finales de los años 80 y principios de los 90. Como sucedió con la marihuana, Urabá se transformó en un lugar de tráfico neurálgico de cocaína, sobre todo para el Cártel de Medellín del cual Pablo Escobar fue figura mundialmente conocida.

Diofanor estaba ahí, vivenció aquellos períodos de violencia a manos del narcotráfico y múltiples bandas de contrabandistas. Luego llegaría el turno del terrorismo de los grupos armados, de la carnicería indiscriminada, de la balacera sistemática contra los desarmados.

La escalada mayor se centró en los años 90, cuando Urabá se transformó, sin guerra declarada, en territorio más peligroso del mundo. Fue el punto de encuentro del accionar del 5º Frente de las FARC, los paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) y el Ejército Popular de Liberación (EPL).

La entrega de armas por parte del EPL en 1991, provocó una persecución implacable a los desmovilizados por parte de la propia disidencia, las FARC y los paramilitares. Las masacres se transformaron en un modus operandi frecuente, y el eje bananero que, en el pasado había sido tierra receptora de migrantes de otros departamentos del país, propició procesos de expulsión y éxodo masivo.

Diofanor estaba ahí, cuando las empresas bananeras anunciaban en los municipios por altoparlantes, vacantes para mujeres ante la falta creciente de hombres que huían de Urabá o habían sido asesinos.

Diofanor estaba ahí, cuando nació SINTRAINAGRO de una fusión de tres sindicatos de trabajadores bananeros en 1989. El sindicato que más bajas registró en Colombia en los años de plomo, donde se asesinaba por ser parte de alguna facción partidaria o simplemente por las dudas.

Merecido homenaje

El pasado martes (17) SINTRAINAGRO entregó una placa a Diofanor por sus 50 años de labor en el sector bananero y su participación en el Sindicato a quién él agradece tanto.

Esta historia habla de la resiliencia de Diofanor, de las extremas coyunturas que padeció, pero allí estuvo y se pudo jubilar como bananero en la finca Rio Grande en el municipio de Turbo.

Con seguridad, de haber trabajado como bananero en otro país, nunca hubiera obtenido su jubilación, porque el sector a nivel global se caracteriza por altos niveles de trabajo precario, sin registro y un antisindicalismo tenaz.

Desde la Rel UITA nos sumamos al homenaje realizado por nuestra afiliada a Diofanor Castrillón Piedrahita, un compañero entrañable.

Diofanor Castrillón Piedrahita y Daniel Guerra, tesorero Junta Nacional | Fotos: SINTRAINAGRO