Ante la partida de Lucio Garzón Maceda
Gerardo Iglesias
31 | 8 | 2026

A los 95 años falleció Lucio Garzón Maceda. Eminencia en derecho laboral, militante político, participó en el armado del Cordobazo, gigantesca movilización popular que tuvo como epicentro la ciudad de Córdoba que meses después provocó la caída de la dictadura del general Juan Carlos Onganía.
Fue una voz respetadísima entre los magistrados.
Sin embargo, disfrutó más como alma mater de las tertulias junto a sindicalistas y amigos de la ruta política.
De fina estampa, coqueto al extremo, hizo del corbatín su accesorio identitario, que lucía desafiante y vanidoso, legado quizás de sus años de exilio en Francia.
La armonía en el vestir, el cuidado en cada detalle de su atuendo, escondían cambios de humor desordenados, intensos, al borde de la demencia.
No imagino su reacción, ante la crítica a su corbatín como un símbolo burgués. Hasta el mismo diablo se hubiera ruborizado.
En 2017, en el 67º Congreso de la Federación Argentina de Trabajadores de Aguas Gaseosas y Afines (FATAGA) en Mar del Plata, Lucio alertó sobre la reforma laboral del gobierno argentino, “una amenaza en ciernes”, como él la definía.
“No todos los sindicatos son iguales ─dijo en aquella oportunidad─ están aquellos que plantean hacer reformas en la sociedad, otros que plantean salarios y reformas, otros que además luchan por mejorar los servicios públicos y están aquellos sindicatos que son básicos, denominados de pan y manteca, que solamente se ocupan de los salarios. (…) Los sindicatos argentinos, salvo en algunas ocasiones, no presentan en su programa un contenido político”.
“Vienen por nosotros”, catapultó casi al final de su intervención.
Lucio visualizó ese escenario y no tuvo empacho en manifestarlo. Cuánta razón tenía el Viejo.
Partiste el lunes 18 de agosto. Tus advertencias nos interpelan, en medio del desguace del Estado y la reforma laboral de Javier Milei y su combo.
“Yo les avisé”, me parece escuchar tu voz con cierta ironía.
