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Razones para votar aunque no se vote

En defensa de Lula, en defensa de la democracia

Antonio Ruda

22 | 10 | 2026

Hablar hoy de Luiz Inácio Lula da Silva es hablar de la historia viva de Brasil y de América Latina. Es hablar de un obrero metalúrgico que llegó a la presidencia, de un dirigente sindical que entendió que la política no se hace en los despachos, sino en las fábricas, en los barrios, en la calle.

Lula representa una idea que algunos creyeron enterrada: que el Estado puede y debe estar al servicio de los que menos tienen. Que no hay fatalismo económico que obligue a aceptar que millones pasen hambre mientras unos pocos acumulan fortunas obscenas.

Esa idea es la que le ha convertido en blanco de ataques constantes, de campañas de odio, de lawfare, de titulares interesados. Y es exactamente por esa misma idea por la que hoy millones lo apoyamos sin fisuras.

Porque apoyar a Lula no es un acto de fanatismo, es un acto de memoria y de coherencia.

Es memoria de lo que fue Brasil antes de 2003. Un país con un potencial inmenso pero arrodillado por la desigualdad, con 54 millones de personas en la pobreza, con niños que se iban a dormir sin comer.

Que multiplicó las universidades federales para permitir por primera vez que el hijo del albañil y la hija de la empleada doméstica pudieran soñar con un título universitario.

Por la democracia real

Apoyar a Lula hoy es apoyar la democracia en un sentido profundo. No la democracia formal de votar cada cuatro años, sino la democracia que se atreve a incomodar al poder económico.

Es también apoyar una visión del mundo. Mientras otros levantan muros, él habla de integración latinoamericana. Mientras otros niegan el cambio climático, Lula pone la Amazonía en el centro de la agenda mundial, no como un obstáculo al desarrollo, sino como la mayor riqueza que la humanidad debe preservar.

Mientras otros ven en la política exterior una sumisión a Estados Unidos o a cualquier potencia, Lula recupera el orgullo de una política exterior soberana, que puede hablar con todos sin arrodillarse ante nadie.

Brasil necesita a Lula, pero nosotros, en el resto del mundo, también necesitamos a Lula. Necesitamos ese ejemplo de que se puede volver. Que se puede perder una elección, ir a la cárcel, ser insultado, perseguido, y volver con más serenidad y más ganas de reconciliar un país roto. Esa es la mayor lección de Lula: no guarda rencor, habla de amor donde otros siembran odio, habla de esperanza donde otros siembran miedo.

Por eso, frente a las campañas de desinformación, frente a los montajes baratos, frente a los que quieren un Brasil del odio y de la pistola fácil, yo les digo desde el barrio popular madrileño de Vallecas, que estamos con Lula.

Estamos con Lula porque estamos con la universidad pública, con el aumento real del salario, con el médico en la favela, con el campesino que por fin tiene tierra.

Estamos con Lula porque no nos avergonzamos de querer un Estado que cuide, que proteja, que redistribuya la riqueza.

Y estaremos con Lula mañana, cuando la historia juzgue este tiempo convulso y quede claro quién estuvo del lado de la ampliación de derechos y quién estuvo del lado del privilegio.

Que ladren los perros al paso de la caravana todo lo que quieran, pero que no se detenga.

Ánimo y mi voto esta con Lula, construyendo el país que el pueblo necesita.

Imágen: Allan McDonald – Rel UITA