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Con Sebastião Pinheiro

Glifosato y biopiratería: amenazas al patrimonio de los pueblos

Amalia Antúnez

28 | 10 | 2026

El ingeniero agrónomo, Sebastião Pinheiro (Tião), reconocido por sus investigaciones y su militancia en defensa de la agroecología en su país natal Brasil y en toda América Latina, es también un frecuente colaborador de la Rel UITA.

En la XVI Conferencia Regional de la UITA (São Paulo, 08 al 09.05.2023), su disertación disparó un dato conmovedor, relacionando el uso indiscriminado del herbicida glifosato con el aumento de casos de niños con autismo.

Hace unos días logré coincidir con él para esta entrevista. Estaba dando clases prácticas de agroecología a comunidades indígenas en Chapecó, en el estado brasileño de Santa Catarina. Desde la Rel UITA sabemos que en esos ámbitos, Tiao se siente como pez en el agua.

La introducción no es casual. Permite entender cómo trabaja este militante infatigable de 80 años al servicio de las comunidades. Un activista que cuestiona los intereses económicos que dominan la producción agrícola mundial y el modelo basado en la utilización intensiva de agrotóxicos.

Una alarma desde Oaxaca

Su último artículo, en el que denuncia la contaminación por glifosato de comunidades indígenas de Oaxaca, en el sur de México, tuvo consecuencias inesperadas: la suspensión de su cuenta de Facebook durante 180 días, con la consiguiente pérdida de acceso a miles de seguidores.

Según relata, Meta, la empresa propietaria de Facebook y otras plataformas, le comunicó la suspensión con argumentos que considera poco creíbles.

“A principios de julio estuve más de un mes trabajando con organizaciones campesinas de Oaxaca, donde he estado en diversas oportunidades colaborando con cursos y actividades de formación en agroecología”, cuenta Sebastião.

En distintas regiones rurales de México, especialmente en zonas con escasez de agua, organizaciones sociales y comunidades han adoptado los llamados baños secos. Estos sistemas de saneamiento no requieren la descarga convencional de agua y contribuyen a reducir el consumo hídrico.

Los residuos se recogen y se procesan para elaborar compost que luego puede utilizarse para fertilizar los cultivos.

“En escuelas y comunidades, estas tecnologías representan una alternativa importante. Sin embargo, un joven ingeniero agrónomo que trabaja en la región decidió analizar la calidad del compost y detectó una cantidad enorme de glifosato”, relata.

El hallazgo encendió las alarmas. Para Sebastião Pinheiro, era necesario profundizar la investigación y hacer pública la situación.

“Cuando vi esos resultados, me dije: esto es grave, tenemos que investigar y denunciar. Si aparece glifosato en esas cantidades en el compost elaborado con residuos humanos, hay que investigar qué está pasando y de dónde viene esa contaminación”.

El origen del herbicida es, precisamente, una de las preguntas centrales. Sebastião vincula el hallazgo con el consumo de maíz amarillo importado de Estados Unidos.

“México está siendo obligado a importar maíz de baja calidad*, un maíz amarillo utilizado especialmente para alimentación animal y no para consumo humano. Los mexicanos consumen maíz blanco. Entonces, esta contaminación a la que están expuestas las comunidades viene de ese maíz híbrido importado de Estados Unidos”, sostiene.

Su denuncia apunta así, no solo al uso de agrotóxicos, sino también a la dependencia de las importaciones y a sus posibles consecuencias para la salud, el ambiente y la soberanía alimentaria.

Una denuncia que incomoda

A partir de los análisis realizados en Oaxaca, de sus preocupaciones por el aumento de las importaciones de maíz amarillo y de las controversias en torno a los intereses comerciales sobre variedades tradicionales, nuestro querido colaborador de tantos años, decidió publicar un artículo que define como contundente.

“Hice un artículo con una posición concreta y seria, como todo el trabajo que desarrollo. Denuncié que fueron los pueblos mexicanos quienes introdujeron el maíz y sus diversas variedades al mundo, mientras que empresas estadounidenses se apropiaron de esas semillas, las modificaron genéticamente para lucrar más y, en ese proceso, utilizan agrotóxicos que contaminan lo que consumimos”, afirma.

Tras la publicación, su cuenta de Facebook fue suspendida durante 180 días, sin que, según relata, recibiera una explicación convincente.

“Claro que me dieron la opción de apelar la suspensión ante Facebook, algo que no hice ni haré. Simplemente opero desde otra cuenta, pero perdí el acceso a más de 5.000 seguidores de todo el mundo: personas de la comunidad científica, redes de agroecología, campesinos, indígenas…”, señala.

Para Tião, la consecuencia va más allá de la pérdida de una cuenta personal. Se trata de la interrupción de un canal de comunicación con una red internacional de personas y organizaciones que trabajan por otro modelo agrícola: donde los campesinos e indígenas no sean desplazados, se ponga fin a la concentración y extranjerización de la tierra, se corte el nefasto circuito de contaminación ambiental y afectación de la salud pública.

Cómo entra Mars en la ecuación

La denuncia de Pinheiro también se vincula con el Olotón, un maíz tradicional cultivado por comunidades indígenas de la Sierra Mixe, en Oaxaca.

Esta variedad presenta una característica biológica extraordinaria: sus raíces aéreas albergan microorganismos capaces de fijar nitrógeno atmosférico, un proceso de gran interés científico por su potencial para reducir la dependencia de fertilizantes nitrogenados.

El caso del Olotón adquirió relevancia pública por las investigaciones y los acuerdos que involucran a la comunidad de Totontepec, a la empresa BioN2, vinculada a Mars, y a investigadores interesados en las propiedades de este maíz.

Pinheiro sostiene que hubo un intento de apropiación comercial de esta variedad y lo califica como biopiratería.

“Esta empresa estadounidense quiso patentar esta variedad, apropiarse ilegalmente de este maíz. Para mí, es un caso de biopiratería, y así lo denuncié en la nota que luego fue retirada”, subraya.

Pero, más allá de cualquier controversia jurídica, hay una cuestión de fondo: el Olotón no nació en un laboratorio. Es parte de un patrimonio biológico y cultural que las comunidades indígenas cultivaron, seleccionaron y preservaron durante generaciones.

Para quienes defienden la agroecología, los conocimientos tradicionales no pueden tratarse como recursos sin historia ni derechos, mientras empresas y terceros concentran los resultados científicos y las oportunidades comerciales.

La denuncia de Sebastião Pinheiro reúne así dos preocupaciones que, aunque diferentes, convergen en una misma disputa: por un lado, la necesidad de investigar la contaminación química que amenaza los sistemas de producción de alimentos; por otro, la defensa de la biodiversidad y de los derechos de los pueblos sobre el patrimonio que han conservado.

Como plantea, la agroecología debe defender la vida en todas sus dimensiones: la salud, la tierra, las semillas, los conocimientos colectivos y la autonomía de las comunidades.

El futuro de la agricultura debe construirse con los pueblos, y no a costa de ellos.

*Nota: La apertura comercial impulsada por el TLCAN y mantenida bajo el T-MEC favoreció el ingreso de maíz estadounidense al mercado mexicano. A eso se suma la creciente demanda de maíz amarillo para animales y la dependencia de las importaciones, factores que alimentan el debate sobre la soberanía alimentaria de México.
Imágen: Ángel Boligan Carton Club