Resolución:
Elecciones Brasil, nuestro respaldo a Lula

El 4 de octubre próximo tendrá lugar en Brasil la primera vuelta de unas elecciones presidenciales que aparecen particularmente cruciales. No solo porque involucran al país más poderoso y decisivo de América Latina –además de una potencia emergente a nivel mundial− sino porque tendrán lugar en un contexto regional e internacional especialmente peligroso.

Brasil es, todavía, uno de los muy pocos países latinoamericanos que han logrado resistir los embates de las extremas derechas. Puede llegar a dejar de serlo si en unos meses el actual presidente progresista Luis Inácio Lula da Silva es derrotado por el representante local de esas fuerzas, Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, condenado recientemente por la justicia por golpista.

En estos últimos años, el avance de las fuerzas conservadoras en la región, sostenidas de todas las maneras posibles por Estados Unidos, ha sido arrollador. El último país con gobierno progresista en caer fue Colombia, pero antes lo habían precedido Bolivia, Honduras, Chile, Ecuador, Argentina.

Más allá de errores u horrores propios de esos gobiernos, es imposible dejar de lado las intervenciones estadounidenses para debilitarlos o derrocarlos, a veces veladas, a veces abiertas, como en Argentina u Honduras, a veces militares, como la que se produjo en enero en Venezuela que condujo a la instauración de un Ejecutivo sometido a las órdenes de Washington o las amenazas que pesan sobre Cuba.

En ese contexto, el presidente Lula ha encontrado formas de plantar cara a los arrebatos imperiales del presidente de Estados Unidos Donald Trump, lo cual evaluamos como algo muy positivo no solo para la América Latina, sino también para todas las naciones que luchan por su soberanía, autonomía, libertad y la construcción de un mundo con justicia social y paz.

En este sentido, el Comité Ejecutivo Latinoamericano de la UITA respalda firmemente la reelección de Luis Inácio Lula da Silva, para dar continuidad a las transformaciones sociales implementadas en su período de gobierno, más la construcción de un clima de diálogo y respeto que destierre el odio y el agravio como estrategias políticas.

El movimiento obrero tendrá otros cuatro años para profundizar su lucha por la reducción de la jornada de trabajo sin reducción de salario; reforzar el combate al trabajo esclavo y la impunidad ministerial deje de proteger las grandes compañías infractoras; y contribuir de manera eficiente para dar término a la precariedad laboral donde el trabajo es sinónimo de sufrimiento, de deterioro de la salud mental y física y pérdidas de vidas humanas.