Fernando Cerimedo, la extrema derecha y sus máquinas de fabricar mentiras
Gerardo Iglesias y Daniel Gatti
17 | 9 | 2026

Con el argentino Fernando Cerimedo cayó un operador de la extrema derecha de todo el continente, desde Estados Unidos hasta Argentina, especialista en la fabricación de falsas informaciones, campañas de desprestigio y manipulaciones políticas de todo tipo.
Cerimedo fue detenido en Bolivia a fines de agosto, acusado del intento de asesinato, a través de sicarios, de su expareja, y de enriquecimiento ilícito. El último martes 8 fue trasladado a una cárcel de La Paz para que cumpla prisión preventiva por seis meses.
Los cargos contra el argentino de 45 años confirman las aguas turbias en que se mueven habitualmente los operadores de la ultraderecha, vinculados a hechos y organizaciones criminales de diversa índole.
Pero Cerimedo era fundamentalmente un operador político que trabajó en la sombra, a través de empresas de comunicación y “consultoría” y de medios de prensa, con personajes de primer orden de las nuevas derechas de la región como Javier Milei (Argentina), Rodrigo Paz (Bolivia), los Bolsonaro (padre e hijos), Santiago Peña (Paraguay) Nasry Asfura (Honduras), el entorno de José Antonio Kast (Chile) y hasta del presidente de Estados Unidos Donald Trump.
Numerosas investigaciones periodísticas lo ubican en el círculo más estrecho de Steve Bannon, el articulador de la comunicación –y no sólo de la comunicación– de Trump, conocido por su empeño en unir a las extremas derechas del mundo en torno a una suerte de “internacional de la ultraderecha”.
Estratega de campañas sucias, a Bannon lo hizo famoso una frase que enunció como un programa para los ultras del mundo a los que convocó: “hay que inundar la zona de mierda”.
El estadounidense se refería con ello a la necesidad para esos grupos de operar masivamente en la galaxia de internet y en las redes sociales con mensajes simples, emocionales, que se dirijan a lo más bajo de los seres humanos.
“Hay que hacer campañas de saturación, multiplicar por miles los mensajes”, dijo más de una vez. Cerimedo lo replicó.
En su casa de Bolivia se incautó, según el fiscal del caso, una “mini granja de bots”, es decir una infraestructura tecnológica compuesta por numerosos teléfonos celulares y otros dispositivos electrónicos conectados a internet para transmitir una serie de mensajes a partir de una multitud de cuentas falsas en redes sociales.
Los bots son precisamente eso: cuentas en redes sociales, por lo general X, la ex Twitter, programadas para generar contenidos de manera automatizada y muy rápida.
Las granjas son las estructuras que conectan y coordinan esas cuentas, esos bots, con el objetivo de fabricar tendencias en la red a partir, por ejemplo, de una infinidad de “me gusta” difundidos a repetición.
Según Ariel Garbarz, “las granjas producen una falsa sensación de mayorías”. “Supongamos −continúa el ingeniero en electrónica− que en la granja de Cerimedo había 100 celulares de última generación, estos pueden enviar 36.000 mensajes por hora, 864.000 mensajes por día y 25.920.000 por mes.
Es el equivalente a tener 20.000 identidades digitales que están interviniendo en la opinión pública en las redes sociales”, explicó Garbarz en el canal argentino C5N, sólo en esa “granjita” agregamos nosotros.
Se necesita dinero para financiar estas estructuras, y estos desinformadores profesionales los tienen a rolete. Archiconocidos tecnomagnates como Elon Musk, propietario de X, empresarios de Silicon Valley y corporaciones, y hasta dependencias estatales de diversos países están detrás de ellas.
La campaña “Brasil fue robado”, lanzada en las redes sociales a fines de 2022 para desacreditar el triunfo de Luis Inácio Lula da Silva en las últimas elecciones brasileñas y propiciar el intento de golpe de Estado que siguió, fue ideada desde Miami por Eduardo Bolsonaro, uno de los hijos del expresidente Jair Bolsonaro y por el propio Cerimedo.
El argentino ya había difundido información falsa sobre las máquinas de votación electrónica para generar caos y “poner en entredicho la victoria de Lula da Silva y alentar a los golpistas a acampar frente a los cuarteles para exigir la intervención del Ejército”, según recordó el periodista Eduardo Giordano en el digital español El Salto.
Luego fue parte de las campañas de desinformación y manipulación encaradas por el entorno de Javier Milei para las elecciones argentinas de 2023 y también de la de Nasry Asfura en Honduras (noviembre 2025), y de Rodrigo Paz, en Bolivia, a fines del año pasado.
Cerimedo es, en definitiva, una pieza de un engranaje global que mantiene a millones “comiendo mierda” sin levantar la vista de la pantalla.
Otros “cerimedos” estarán seguramente en estos momentos orquestando próximos golpes de la misma calaña. Quizás en las elecciones brasileñas del mes próximo.
