La muerte de Taty Almeida, referente de las Madres de Plaza de Mayo
Se llamaba Lydia Estela Mercedes Miy Uranga y en unos pocos días, el 28 de junio, iba a cumplir 96 años. Desde otro día de junio, el 17, de hace 51 años, vivió buscando algún rastro de su hijo Alejandro, que ese mediodía se despidió de ella con un “Mamá ya vengo” y a las pocas horas lo desaparecieron. Tenía 20 años.
Daniel Gatti
15 | 6 | 2026

Como a muchas otras madres de desaparecidos políticos que luego formarían la asociación Madres de Plaza de Mayo a “Taty” Almeida, como se la conocía, ese día le cambió la vida en todos los planos.
El padre de “Taty” era un teniente coronel del ejército y uno de sus hermanos llegó a ser oficial de la Fuerza Aérea. Ella misma se casó con un integrante de la familia militar, Jorge Almeida, con quien tuvo tres hijos y del que se divorció en 1970.
Desde esa separación sus tres hijos debieron salir a trabajar y estudiar en institutos nocturnos. A Alejandro su madre le consiguió trabajo en la agencia de noticias Télam, la misma que fue disuelta por Javier Milei poco después de asumir como presidente.
Alejandro era ya un joven “revoltoso”, como se decía en la época, y organizó protestas contra su tío, un militar que ejercía puestos directivos en la agencia.
Cuando desapareció, trabajaba en el Instituto Geográfico Militar, pero al mismo tiempo estudiaba medicina y militaba en el Partido Revolucionario de los Trabajadores.
De nada le valieron a Taty sus contactos y parentescos con militares para salvar a su hijo o saber algo de él. Nunca.
A ella le costó arrimarse a las Madres. Temía que no la aceptaran por provenir de donde provenía. Cuando se animó, la recibieron con los brazos abiertos. No era la única en esa “condición”.
Desde entonces fue un pilar de la asociación. Desde 2024 presidía Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora.
“Yo me siento parida por Alejandro. Me bajó de esa burbuja en la que toda la vida había vivido. Y estoy muy orgullosa de que él haya sido quien me parió. Yo era un gorila fatal. Me afeité. Todo eso fue después de lo de mi hijo”, dijo en una entrevista.
Sus compañeras la recuerdan “siempre animosa a pesar de todo”.
“No nos han vencido”, dijo hace no tanto, colocándose ya conscientemente entre los enemigos carnales de quienes desaparecieron a su hijo y a los otros “30.000”, una cifra que machacaba contra todos los negacionistas.
