“El fotógrafo que escondió y salvó la historia”
Amalia Antúnez
8 | 9 | 2026

La realización de El fotógrafo que escondió y salvó la historia fue mucho más que la producción de un documental. Fue un encuentro entre periodistas, fotógrafos, sindicatos y organizaciones de Brasil y Uruguay alrededor de una figura excepcional: el fotógrafo Aurelio González.
Aurelio preservó más de 70 mil negativos que registran los años previos al golpe de Estado de 1973, la gran huelga general y buena parte de la historia que precedió a su exilio.
Conocimos a Itamar Aguiar, Milton Cougo y Marco Villalobos, Marquinho, a través de nuestro amigo y asesor Jair Krischke y del Movimiento de Justicia y Derechos Humanos (MJDH) de Porto Alegre.
La Rel UITA y el MJDH forman parte de una misma trama latinoamericana de solidaridad, memoria y defensa de los derechos humanos, fortalecida durante décadas por los vínculos entre el movimiento sindical, el periodismo comprometido y las organizaciones de derechos humanos.
En lo personal, el vínculo con el que me gusta llamar el brazo audiovisual del MJDH se estrechó a partir de la realización y el lanzamiento de Silencio y de la muestra fotográfica homónima en 2025.
El documental sobre “El Tigre”, como conocen a Aurelio sus colegas, nació de un sueño de Marquinho y terminó convirtiéndose en una construcción colectiva que atravesó fronteras.
Fue realizado en tiempo récord y, como destaca Itamar, “a muchas manos”: personas e instituciones de ambos países aportaron contactos, experiencias y voluntades para que la historia de Aurelio llegara primero a Uruguay y luego a Brasil.
El apoyo de la Rel UITA, de integrantes de la Asociación de Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos y de la central obrera uruguaya fue fundamental para esa primera etapa.
Nuevas puertas
En Porto Alegre, el documental abrió nuevas puertas y generó encuentros con periodistas, fotógrafos y profesionales de radio y televisión. La presencia de Aurelio y su esposa Rintje hizo que la experiencia adquiriera una dimensión todavía más especial.
A sus casi 95 años, Aurelio pudo compartir sus recuerdos, sus fotografías y su mirada sobre aquellos años, convirtiéndose en un testimonio vivo de nuestra historia.
Para Marquinho, que conoce a Aurelio desde hace aproximadamente tres décadas, realizar el documental además de un sueño fue la forma de homenajear a uno de los grandes del fotoperiodismo en el mundo.
“Además de ser un profesional inmenso es una persona dulce, querida y de una enorme humanidad”, destaca el periodista, docente e historiador.
Esa misma impresión quedó entre quienes participaron de las actividades en Brasil.
El Sindicato de Periodistas de Rio Grande do Sul (SindiJoRS) con el apoyo de la Asociación Riograndense de Prensa (ARI), la Asociación de Reporteros fotográficos y Cinematográfico (ARFOC) entre otras organizaciones se sumaron a la difusión de su vida y su obra.
Una lección de periodismo y vida
Para Zé Carlos Andrade, editor del documental, encontrarse con Aurelio significó mucho más que conocer el trabajo de un fotógrafo de otra generación. Conversar con él, mirar sus imágenes y escuchar sus historias fue, en sus palabras, “una lección de vida, de periodismo y de fotografía”.
La lucidez de Aurelio, su energía y su defensa de los derechos humanos y de la democracia sorprendieron a todos los que compartieron esos encuentros.
El fotógrafo que escondió y salvó la historia recupera precisamente esa dimensión: la de un hombre que, desde su oficio, encontró una manera de resistir al olvido.
La mirada de Jair
Para Jair Krischke, presidente del MJDH, la presentación del documental en Porto Alegre tuvo algo de inesperado.
La sala, con capacidad para unas 80 personas, quedó completamente llena y muchas personas tuvieron que permanecer en el corredor. Fue necesario realizar una segunda proyección.
El relato sobre el golpe en Uruguay, la trayectoria de Aurelio y, especialmente, su presencia generó entusiasmo y nuevas invitaciones.
“Su manera sencilla, cercana y auténtica de ser terminó conquistando a todos”, cuenta Jair, quien destacó también la enorme calidad profesional del fotógrafo.
“Sin dudas, Aurelio González es un grandioso reportero gráfico, que es muy diferente a ser un retratista”, afirmó.
¿Magia o milagro?
Pero quizás sea el propio Aurelio quien mejor explique por qué esta historia tiene algo de mágico.
Los más de 70 mil negativos permanecieron escondidos durante más de treinta años en los ductos del edificio donde funcionaba el diario El Popular.
Todo hacía pensar que la humedad terminaría destruyendo las películas y borrando para siempre aquellas imágenes.
Pero ocurrió exactamente lo contrario.
La humedad, en lugar de destruir los negativos, selló con óxido las latas que los protegían, preservando prácticamente intactos los registros de aquella época.
Lo que debía haber sido la causa de su destrucción terminó convirtiéndose, de manera casi increíble, en el mecanismo de su conservación.
Aurelio recuerda que, en una oportunidad, mientras contaba esta historia en Tacuarembó (norte del Uruguay) y decía que los negativos se habían conservado como algo mágico, alguien del público lo interrumpió: “Mágico no. Esto fue un milagro”.
Quizás ambas palabras sirvan. Porque un hombre decidió esconder aquellas fotografías para salvarlas del miedo y de la dictadura, y el tiempo, contra todo pronóstico, las conservó para que algún día pudieran volver a ver la luz.
