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“Le Monde” desnuda las condiciones de trabajo en la “capital brasileña de los mataderos”

Como robots

A medida que el acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur se vaya poniendo en marcha, las condiciones de trabajo en una de las mayores industrias de exportación de Brasil, la frigorífica, irán empeorando, subraya una investigación de un diario europeo.

Daniel Gatti

5 | 5 | 2026

“En Chapeco, ciudad de cemento de un poco menos de 300.000 habitantes situada en el oeste del estado de Santa Catarina, en el sur de Brasil, el trabajo no falta. En las paredes de los edificios, en los puentes que jalonan las rutas, avisos publicitarios invitan a sumarse a las unidades de los gigantes agroalimentarios MBRF, Aurora, JBS y Ecofrigo”.

Con esa descripción comienza un largo reportaje que el diario francés Le Monde consagró la semana pasada a Chapeco, la “capital de los mataderos” de Brasil, centrado en las condiciones de trabajo en una industria que no para de crecer y que lo hará aún más en la medida en que comience a implementarse el acuerdo entre UE y Mercosur.

El pacto de libre comercio, negociado desde 1999, entró a regir provisoriamente el 1 de mayo, y todo indica que Brasil aumentará fuertemente sus exportaciones de carne de cerdo y de ave hacia la UE: en casi 20 por ciento de aquí a 2040, según estimaciones del Instituto de Investigación Económica Aplicada de Brasil.

Los alrededor de 19.500 trabajadores y trabajadoras empleados en el sector en Chapeco, entre brasileños y migrantes, fundamentalmente haitianos y venezolanos, pero también árabes, no darán abasto para atender la demanda.

Las empresas están tomando personal “todos los días”, pero nada indica que sus condiciones laborales vayan a mejorar.

Del entusiasmo a la decepción

“Cadencias infernales, trabajo en el frío, maquinarias defectuosas”, y como consecuencia de todo eso lesiones constantes de los trabajadores y las trabajadoras. En su nota, Le Monde comprueba lo que los sindicatos de la carne brasileños, y con ellos la Rel UITA, vienen denunciando hace años: que las ganancias fabulosas de las empresas no derraman hacia abajo.

“Al cabo de algunos meses, el entusiasmo inicial” de gente de bajos recursos que había tocado el cielo con las manos porque por fin había logrado un empleo estable en un sector dinámico de la economía “se fue desinflando”.

“En los mataderos, cerdos, pavos y pollos desfilan a un ritmo desenfrenado en las cadenas de producción obligando a los obreros a repetir incansablemente los mismos movimientos hasta el agotamiento”, dice el diario parisino haciéndose eco de las afirmaciones del doctor Roberto Ruiz, especialista en medicina del trabajo y director del departamento de Salud de la Rel UITA.

El de los frigoríficos, dijo nuestro colaborador a Le Monde, “es uno de los que más riesgos profesionales presentan en Brasil”.

Tendinitis, pérdidas auditivas, infecciones varias, mutilaciones, depresión son algunas de las enfermedades profesionales más habituales que presentan los trabajadores y las trabajadoras de los frigoríficos.

Cuatro veces más accidentes que el promedio nacional

En Chapeco, de acuerdo a datos del Observatorio de la Seguridad y la Salud en el Trabajo, los mataderos concentran casi el 15 por ciento de los accidentes laborales registrados entre 2012 y 2024. Y a la vez Chapeco presenta una tasa de accidentes cuatro veces superior al promedio nacional.

El diario recabó numerosos testimonios entre el personal de las empresas.

Entre ellos, el de Claire Fatima, una obrera de 55 años con más de 15 de trabajo en MBRF que ya no puede peinarse porque ha perdido movilidad en brazos y manos; el de Fabiola, una venezolana de 28 que casi pierde su embarazo por el ritmo de locos de la producción en JBS; o el de Enmanuel, también venezolano y también empleado de JBS, que perdió un dedo por negligencias de la empresa…

Si uno no alcanza su cuota de producción debe almorzar a las apuradas e incluso aguantarse para ir al baño, dijeron trabajadores.

Claire Fatima, que es dirigente sindical, reprocha a algunas normas europeas que el frío ya intenso en las plantas brasileñas haya aumentado: “es excesivo y provoca dolores de cabeza y sinusitis, que se suman al ruido tremendo y a la falta de ventanas”, dijo.

Quienes padecen más estas condiciones son las mujeres, que representan a su vez más del 60 por ciento de la mano de obra en las plantas de producción, dijo la trabajadora.

Negacionismo empresarial

Las direcciones empresariales niegan todo. Como JBS, que envió una carta a Le Monde asegurando que “la salud y la seguridad de sus ‘colaboradores’ son uno de los pilares fundamentales de la actividad”.

Los sindicatos tienen una visión diametralmente opuesta. También investigadores de diversas disciplinas.

Si Brasil logra exportar los volúmenes de carne actuales “lo hace al precio de la explotación de los trabajadores”, denunció José Álvaro Lima Cardoso, economista en el Departamento Intersindical de Estadística Estudios Socioeconómicos (Dieese) de Santa Catarina.

Una primarización mayor de la economía

El acuerdo UE-Mercosur puede empeorar la situación, dijo, porque las empresas se resistirán a mejorar las condiciones de trabajo y las remuneraciones de su personal argumentando que perderán competitividad y que Brasil reducirá sus partes de mercado.

Es, precisamente, lo que están haciendo.

Y cuentan para ello con el respaldo de un Congreso hegemonizado como nunca por los sectores conservadores.

De los 594 parlamentarios brasileños, 349 responden a la llamada “bancada de la vaca” (bancada do boi), afín a las grandes empresas de la agroindustria.

Todo indica, señaló De Lima, que con el acuerdo con la UE, ese sector incrementará su poder en el marco de una economía que será cada vez más exportadora de materias primas.

Foto: Gerardo Iglesias