Accidentes industriales con amoníaco
Los escapes de amoníaco continúan siendo un grave problema en los frigoríficos de Brasil. Desde 2023 se registra un salto significativo en la cantidad de episodios y desde entonces hay en el país un accidente industrial con amoníaco cada 11 o 12 días.
Gerardo Iglesias y Amalía Antúnez
23 | 9 | 2026

La situación, lejos de mejorar, volvió a agravarse. El último relevamiento realizado por el Observatorio de Salud, Trabajo y Ambiente en el Agronegocio (ObAgro) muestra que durante 2025 aumentó nuevamente el número de escapes: ahora se registra aproximadamente uno cada nueve días.
El investigador Allan de Campos Silva, integrante del ObAgro, viene siguiendo esta problemática y participó recientemente de una formación promovida por la Escuela del Ministerio Público de la Unión, destinada a capacitar a fiscales para identificar y actuar frente a los riesgos relacionados con los escapes de amoníaco en los frigoríficos. Su intervención fue un punto alto en el Seminario Nacional de Salud y Seguridad del Trabajador organizado por nuestra afiliada la CONTAC (Uberlandia, 12-13.08).
“Denunciamos los escapes de amoníaco desde 2021. Ya son cinco años”, explicó. En 2025, el investigador y su equipo trabajaron en Brasilia sobre esta problemática, buscando generar mayor conciencia en torno al tema e identificar las causas detrás de los escapes.
La expectativa era que las empresas adoptaran medidas para revertir la situación, fundamentalmente poniendo al día el mantenimiento de las plantas industriales y verificando si ya existían fugas que pudieran ser detectadas y corregidas antes de provocar un accidente.
El último relevamiento mostró lo contrario: los escapes volvieron a aumentar. “Ahora estamos teniendo un escape aproximadamente cada nueve días”, sentenció.
El trabajo permitió además mapear los escapes registrados en diferentes regiones de Brasil y detectar empresas donde los accidentes se producen de manera recurrente.
Uno de los casos señalados por el investigador es la planta de la transnacional cárnica JBS de Marabá, estado de Pará. “Se podría decir que es la campeona nacional (y talvez mundial, agregamos nosotros) de los escapes de amoníaco”, sostiene.
Las consecuencias de los escapes pueden ser devastadoras. Se han registrado intoxicaciones severas y trabajadores que, como consecuencia de los daños sufridos, quedaron totalmente incapacitados.
La exposición al amoníaco puede provocar lesiones físicas y daños biológicos. Hay trabajadores que han sufrido lesiones pulmonares como consecuencia de la inhalación del gas. También existen impactos psicológicos.
Entre los trabajadores y las organizaciones sindicales existe hoy una mayor sensibilidad frente a esta problemática. Y hay una razón concreta: muchas veces conocen personalmente a las víctimas.
En Chapecó, Santa Catarina, existe un caso emblemático. Una trabajadora que sufrió las consecuencias de un escape hoy necesita desplazarse con un tubo de oxígeno a su lado. Sus compañeros la reconocen como víctima de un accidente laboral.
Pero, según el investigador, no puede decirse lo mismo de las empresas ni de buena parte de los medios de comunicación brasileños.
¿Quién cuenta lo que ocurrió? Una de las principales críticas apunta a la forma en que estos accidentes son cubiertos por la prensa, como forma de no impactar en la imagen del puñado de compañías que dominan el sector.
Según Campos, los medios muchas veces reproducen las versiones proporcionadas por las empresas sin contrastarlas. No siempre consultan a los sindicatos ni a los hospitales para verificar cuántos trabajadores fueron atendidos después de un escape.
El investigador también cuestiona que algunos medios omitan el nombre de las compañías involucradas. Como ejemplo menciona al portal G1, de Globo, uno de los sitios de noticias más consultados de Brasil.
Esta forma de cubrir los accidentes termina invisibilizando a las víctimas.
“Los grandes periódicos están más preocupados por la reputación de las empresas que por esos trabajadores y trabajadoras que se están convirtiendo en personas con discapacidades físicas por el resto de sus vidas”, afirma.
La respuesta, para Campos, es sí.
Toda empresa debería contar con un programa de gestión de riesgos destinado a identificar los peligros existentes, así como con un cronograma de mantenimiento de la infraestructura de sus plantas.
Las empresas conocen las condiciones de sus instalaciones, de sus tuberías y de sus sistemas de detección de fugas de amoníaco.
La discusión pasa por las decisiones que se toman antes de que ocurra un accidente.
“En muchos casos se está ahorrando dinero en el mantenimiento de las plantas, especulando con la posibilidad de que el accidente ocurra o no”, plantea el investigador.
Desde esta perspectiva, los escapes no serían simplemente acontecimientos imprevisibles, sino episodios que podrían prevenirse mediante mantenimiento, inversión y sistemas adecuados de gestión de riesgos.
una oportunidad
Campos menciona otro caso de JBS que considera ilustrativo: un incendio que provocó graves daños en las instalaciones de una planta. Después del siniestro, la empresa presentó la reconstrucción como una oportunidad para modernizar y ampliar la unidad.
Para el investigador, este tipo de situaciones plantea una pregunta incómoda: ¿puede resultar económicamente más conveniente reconstruir y modernizar una planta después de un incendio que realizar de manera permanente las inversiones necesarias para mantener y actualizar una estructura existente?
La prevención, en todo caso, debería comenzar mucho antes del accidente: con inspecciones, mantenimiento, sustitución de instalaciones deterioradas y verificación permanente de los sistemas de seguridad.
El aumento observado desde 2023 vuelve a colocar el problema de los escapes en el centro de la discusión sobre salud y seguridad laboral.
La pregunta es por qué hasta ese año no se registraba una cantidad semejante de accidentes.
Para Campos, una de las hipótesis está relacionada con el deterioro de las condiciones de mantenimiento de las plantas.
El desafío, entonces, es conseguir que estos accidentes dejen de ser tratados como episodios aislados.
Después de cinco años de denuncias, mapas y producción de datos, la pregunta sigue siendo la misma: ¿qué más debe ocurrir para que los escapes de amoníaco sean tratados como un problema estructural de salud y seguridad en los frigoríficos brasileños?

