Trabajadores migrantes
clase obrera
“Los sindicatos tienen el desafío de acoger e integrar a una fuerza laboral migrante que crece en los frigoríficos brasileños. Vivienda, salud, diferencias culturales y derechos laborales forman parte de una realidad que requiere organización y solidaridad de clase”, afirmó en diálogo con La Rel Silvio Ambrozio, presidente de la Federación de Trabajadores de la Alimentación de Rio Grande do Sul (FTIA/RS).
Gerardo Iglesias
28 | 9 | 2026

Silvio Ambrozio registra una destacada labor en la inclusión de los trabajadores y trabajadoras migrantes. Su organización de base en Erechim junto al sindicato de Tapejara, capitalizan un histórico de articulaciones múltiples con la colectividad venezolana predominante en ambos lugares.
En varios frigoríficos de Rio Grande do Sul, la mano de obra migrante representa una parte significativa de la plantilla. El Sindicato de Trabajadores de la Alimentación de Tapejara, por ejemplo, contabiliza más de 1.000 trabajadores venezolanos y en algunas empresas este número representa un 35 por ciento de la fuerza de trabajo.
“Nosotros desde un inicio entendimos que teníamos que integrar a estos compañeros y compañeras y también organizarlos en el sindicato, para contribuir a mejorar su calidad de vida y de trabajo”, señaló el dirigente.
El proceso migratorio implica comenzar una nueva vida lejos del país de origen. “Al llegar a las ciudades, los trabajadores enfrentan necesidades básicas como vivienda y atención de salud, además de las dificultades propias de una cultura diferente. A veces son mal comprendidos por una cuestión cultural e inclusive la barrera idiomática”, explicó Ambrozio.
Para él, así como para otros dirigentes que forman parte de la FTIA-RS, el sindicato debe asumir un papel activo frente a esta realidad.
Los trabajadores venezolanos y de otras nacionalidades no deben ser vistos como una fuerza laboral separada, sino como parte de la misma clase trabajadora, insistió.
“Hay diferencias culturales e históricas, que tenemos que respetar. Pero ellos también tienen que sentirse acogidos por el sindicato. La organización sindical tiene que cumplir ese papel de acogida y tener conciencia política”, sostuvo el dirigente.
La integración, en este sentido, no se limita a una cuestión social o cultural. También significa organización sindical y participación en las luchas por derechos.
En este sentido, el presidente agrega: “en la dirección de varios sindicatos hay compañeros y compañeras de otras nacionalidades. Y debo indicar que en varios conflictos la presencia militante y decidida de la colectividad venezolana contribuyó positivamente en la acción del sindicato.
El desafío es construir espacios donde las experiencias de trabajadores de distintas nacionalidades puedan encontrarse y ser parte de organización, sus luchas y desafíos.
Finalizando enfatizó: “quienes comparten condiciones de trabajo tienen la misma necesidad de organizarse para defender sus derechos, no importa la nacionalidad que tengan”.
