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Cuba resiste

“Las banderas no bastan. Hemos llevado ayuda concreta a La Habana”

Paneles fotovoltaicos para centros sanitarios y escuelas, ayuda alimentaria para niños, apoyo a los hospitales. La misión de la Flai Cgil llegó a Cuba como parte del segundo convoy organizado por la Agencia italiana para el intercambio cultural y económico con Cuba (Aicec).

Left.it

8 | 5 | 2026

Nos lo cuenta el secretario general Giovanni Mininni, reivindicando una idea de sindicato “que toque la carne viva de la sociedad”, desde Gaza hasta las campiñas italianas.

La delegación del sindicato Flai Cgil se encuentra estos días en Cuba en una misión de solidaridad. No es la primera vez. Se trata de una nueva etapa del largo recorrido del sindicato Flai, que entrelaza internacionalismo, autodeterminación de los pueblos, lucha contra la explotación y apoyo concreto a quienes viven bajo embargo, guerra u ocupación.

-Partamos de la actualidad: concretamente, ¿cuál es su contribución hoy?
-El 28 de abril, Flai Cgil envió ayuda alimentaria, instalaciones fotovoltaicas y una delegación de once personas en el marco de la movilización “Let Cuba Breathe”, dejen respirar a Cuba.

Para la Flai Cgil, la misión comenzó cuando nos reunimos, la semana pasada, con el nuevo embajador cubano en Roma. Mantenemos relaciones con la embajada cubana desde hace varios años y, también en esa reunión, nos pareció clara la necesidad de estar presentes en Cuba, porque el país vive una situación realmente dramática.

-¿Qué tipo de ayuda han enviado?
-Ya habíamos enviado desde Livorno, hace aproximadamente un mes, cuatro instalaciones fotovoltaicas destinadas a La Habana. Son instalaciones pensadas para algunas estructuras sanitarias y sociales con las que mantenemos relaciones desde hace muchos años.

Cuba cuenta con una red sanitaria muy extendida por todo el territorio. Hay grandes hospitales, pero también muchos centros de salud, consultorios y estructuras dedicadas a necesidades y exigencias más específicas.

Desde hace más de veinte años seguimos de cerca dos casos concretos: uno que atiende a niños nacidos con discapacidades graves y otro que acoge a mujeres con problemas de salud mental.

Hemos decidido destinarles algunas de las instalaciones fotovoltaicas, pero también a las escuelas de La Habana Vieja. El objetivo es sencillo y concreto: dar luz, garantizar el suministro eléctrico a lugares que desempeñan funciones fundamentales.

La crisis energética

-¿Qué impacto tiene hoy la crisis energética en la isla?
-Enorme. El problema de la energía es gigantesco. El endurecimiento del bloqueo y la dificultad para conseguir petróleo están creando situaciones realmente dramáticas.

En algunos hospitales, la electricidad llega solo cuatro horas al día. Esto significa que los pacientes más frágiles, incluso los que están en coma o necesitan asistencia continua, corren el riesgo de no recibir la atención que deberían.

La gente corre riesgo de morir, y en algunos casos ya está muriendo. Ha pasado un petrolero ruso. Gracias a él, nos han dicho, en Santiago han tenido unas horas más de luz al día. Pero la situación sigue siendo muy dura.

.¿Cómo está reaccionando la población cubana?
-Lo que llama la atención es que, paradójicamente, la gente no se está desanimando. Cuba ya vivió el “período especial” de los años noventa y conserva una gran fortaleza de espíritu.

También se ve en las fotos y los relatos que nos llegan: son luchadores, no se están asustando. Y están atentos a estas formas de solidaridad, que están creciendo. El segundo convoy es más grande que el primero, hay muchas más asociaciones, incluso a nivel europeo.

La “locura” imperial de Trump

-Mientras tanto, Estados Unidos sigue señalando a Cuba como un peligro. Una pequeña isla que, según Donald T rump, amenazaría al gigante. ¿Cómo interpretar este escenario?
-Es difícil meterse en la cabeza de Trump, estamos inmersos en una locura a la que nos tiene acostumbrados. No sé decir qué hará, pero sin duda está pensando seriamente en atacar a Cuba. Es claramente ridículo definir a Cuba como una amenaza para Estados Unidos. Cualquiera lo entendería.

Además, Cuba nunca ha agredido a otros países. Desde la revolución en adelante, nunca ha agredido ni ha exportado terrorismo. En todo caso, ha exportado médicos, profesionales que han ido a ayudar por todo el mundo.

Ha apoyado luchas y revoluciones en el marco de la autodeterminación de los pueblos —pienso también en Angola—, pero no se ha quedado en los distintos países con bases militares para controlarlos.

Esto es lo que hace, en cambio, Estados Unidos: se quedan con sus bases, porque tienen una lógica de poder, de proyección imperial. Lo vemos también en Oriente Medio: las bases militares estadounidenses se convierten en instrumentos de presión, de agresión y luego también en objetivos dentro de la escalada. Es una lógica muy peligrosa.

-En este contexto de crisis del derecho internacional, ¿cómo actuar?
-En mi opinión, es gravísimo que se haya pisoteado así el derecho internacional y que la ONU se haya quedado prácticamente sin voz. Por desgracia, ya no se oye a la ONU.

Más allá de las responsabilidades de cada Estado, la ONU debería reaccionar, debería dar un golpe de autoridad.

No podemos aceptar que se imponga la idea de que la única regla es la violencia. Porque, si solo vale la violencia, quien tiene el ejército más poderoso dicta la ley. Pero esto no es política internacional: es gansterismo. Es el comportamiento del prepotente, del matón, del mafioso, que impone por la fuerza lo que quiere hacer.

Los sindicatos deben aportar cosas concretas

-Ante las guerras, las bombas y las amenazas, ¿qué puede hacer un sindicato?
-Nosotros también nos lo hemos preguntado. ¿Qué puede hacer un sindicato ante las bombas, ante lo que ocurre en Irán, en Palestina, en el Líbano, en Cuba? En mi opinión, un sindicato debe hacer algo concreto.

No puede limitarse a desfilar con banderas de la paz. Hemos participado en todas las manifestaciones, pero hoy en día eso ya no basta. Las manifestaciones son justas, hay que hacerlas, pero también hay que actuar.

Y actuar no significa, desde luego, alistarse o convertirse en guerrilleros. Significa, en cambio, preguntarse qué forma concreta puede adoptar la solidaridad. Esto vale para Cuba y para Palestina, al igual que para otros lugares en guerra.

-¿Cómo actuáis en Palestina?
-Paralelamente a la misión en Cuba, hemos puesto en marcha un proyecto con la organización “Un ponte per…” que se está desarrollando en estos mismos momentos.

En Gaza queremos contribuir a la recuperación y la replantación de campos agrícolas destruidos por los tanques y la guerra. Intervenimos en terrenos que hay que limpiar de bombas sin detonar, escombros y devastación.

El proyecto involucra a entidades palestinas vinculadas a la agricultura y a los pequeños productores. Para nosotros es la misma lógica: responder a las bombas con el trabajo, con la reconstrucción, con el cuidado de la tierra.

Por desgracia, sin embargo, no se puede entrar en Gaza. Si se pudiera, enviaríamos allí también una brigada de trabajo.

La Flai y las brigadas

-¿Las brigadas de trabajo son una práctica histórica de la Flai? ¿Ahora también se internacionalizan?
-Sí, así es. Concebimos las brigadas de trabajo no solo como una actividad que se lleva a cabo en Italia, en el campo, para denunciar la explotación y el caporalato¹. Lo hemos hecho en varias regiones, más recientemente también en Toscana y Friuli el año pasado, y volveremos a empezar este año a partir de mayo.

Las brigadas sirven para mantener el foco sobre la explotación en los campos. Pero hoy en día también se internacionalizan. Van a ayudar a otros trabajadores: a los trabajadores de los hospitales en Cuba, a los trabajadores agrícolas en Palestina. Son una respuesta concreta a las bombas, al miedo, a la amenaza que se cierne sobre pueblos como el cubano o el palestino.

-¿Importa la concreción de la acción sindical?
-Yo lo creo así; el sindicato o es concreto o no es. El sindicato negocia, interviene cuando hay un abuso, protege a los trabajadores, se hace cargo de quienes son explotados. Si un trabajador ve que no se respeta su nómina, intervenimos. Pero no basta.

El sindicato debe tocar la carne viva de la sociedad. Debe estar en el campo, junto a los trabajadores. Debe abrazar a las personas, hacerse cargo de ellas, protegerlas a través de la acción colectiva.

Si se convierte solo en un sindicato de servicios, si se reduce a una estructura de profesionales detrás de un escritorio, entonces ya no es un sindicato.

Cada vez estoy más convencido de que el sindicato es un instrumento concreto de transformación social. Y cuando hay una guerra, cuando un pueblo es bombardeado o estrangulado por el bloqueo, la pregunta es: ¿cómo intervenimos? La respuesta es la solidaridad con los pueblos.

La indolencia de Europa

-¿Hay también un mensaje que lanzar contra la criminalización de la solidaridad?
-Pienso en la flotilla Sumud para Gaza bloqueada por Israel y en los bloqueos navales evocados por el gobierno italiano.

Nuestros compañeros y compañeras nos escribieron incluso por la noche. Estaban partiendo de Santiago hacia La Habana y querían saber si era posible organizar un piquete frente a la sede de la Unión Europea, en solidaridad con la flotilla detenida.

Debemos protestar contra la indolencia de Europa. La solidaridad, desde hace años, se trata casi como un delito, y pienso en esas personas valientes y en las compañeras y compañeros de Mediterránea, que salvan a personas en el mar. Transmitir un mensaje contrario ya es un acto político.

No queremos limitarnos a la denuncia. Actuemos, superemos juntos la sensación de impotencia.

¹ Fenómeno criminal de intermediación laboral ilegal y explotación severa de trabajadores, muy extendido en Italia, principalmente en el sector agrícola.
Fotos: ¹Colletiva.it. ²Giorgio Trucchi – Rel UITA, ³Flai -CGIL