Beneficios récord arriba, precariedad abajo
El turismo en España bate récords de beneficios, pero la riqueza no llega a quienes lo sostienen. Mientras las cifras se disparan, las condiciones laborales siguen siendo precarias y la calidad de vida de las personas residentes se ve amenazada por la masificación turística. Es hora de exigir un modelo que reparta lo que genera.
Gonzalo Fuentes*
12 | 2 | 2026

Según la Cuenta Satélite del Turismo en España del Instituto Nacional de Estadísticas, el sector representa el 12,6 por ciento del PIB, con más de 200.000 millones de euros y un crecimiento del 28 por ciento respecto a 2019, año histórico para la actividad antes de la pandemia.
El turismo está plenamente recuperado. Lo que no se ha recuperado es el reparto de esa riqueza. Los beneficios no llegan ni a quienes sostienen el sector con su trabajo ni a las personas residentes, que sufren los efectos de la turistificación.
El año pasado ha sido récord en visitantes, pernoctaciones, ingresos y beneficios empresariales.
Sin embargo, la inversión en capital humano sigue siendo insuficiente, especialmente en hostelería.
Entre 2019 y 2023, los costes del personal laboral han pasado a representar el 31 por ciento del índice de cifra de negocio (32 por ciento en 2019), mientas que los excedentes han alcanzado14 por ciento (12 en 2019).
El coste medio anual por persona trabajadora no alcanza los 23.000 euros y la medía de la jornada laboral ha sido de menos de 1.500 horas.
El empleo a tiempo parcial se ha convertido en una vía para mantener fórmulas de precariedad.
Muchas empresas recurren a turnos cambiantes y trabajo a demanda encubierto, con frecuencia involuntario.
Hoy, al menos un 33 por ciento del empleo en hostelería es a tiempo parcial, una cifra que evidencia un modelo laboral basado en la inseguridad y la flexibilidad extrema.
Desde 2021, los precios del sector hotelero han subido de media un 44 por ciento, 25 puntos más del IPC en el mismo periodo.
Los beneficios récord no se reflejan en los salarios ni en las condiciones de trabajo.
Por eso exigimos empleo de calidad, formación continua, mejora de la salud laboral, igualdad efectiva y subidas salariales acordes con los beneficios empresariales.
El turismo no necesita solo inversión en activos materiales o en transformación digital y energética. El principal activo son las personas.
Sin formación, estabilidad y carreras profesionales dignas, el sector seguirá atrapado en un modelo de bajo valor social.
Generar empleo de calidad es la clave para atraer y retener a profesionales cualificados y garantizar un turismo sostenible en el tiempo.
Reclamamos un cambio profundo del modelo turístico: frenar la masificación, apostar por la diversificación y proteger infraestructuras, servicios públicos y medio ambiente.
El turismo debe ser un motor de bienestar social, no una fuente de desigualdad y precariedad.
