Represión desenfrenada, impunidad y xenofobia
La cara visible del accionar cada vez más violento hacia los migrantes extranjeros del gobierno de Estados Unidos, los agentes del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) son el correlato nacional de los militares que ejecutan la política exterior de la administración de Donald Trump, que ya no tiene problemas en admitir su voluntad imperial.
El ICE no es un organismo precisamente nuevo. Fue creado en 2001, en el marco de la estrategia de “guerra al terrorismo” emprendida por Washington después de los atentados de setiembre de 2001.
La segunda administración de Donald Trump, iniciada el 20 de enero de 2025, lo convirtió en uno de sus símbolos, dotándolo de un fabuloso presupuesto (100.000 millones de dólares hasta 2029, un récord para una agencia federal), enormes poderes y personal reforzado (120 por ciento de crecimiento desde julio pasado).
Brazos ejecutores de una política que asimila a los migrantes indocumentados a enemigos interiores, los policías del ICE patrullan las calles y realizan operativos con los rostros cubiertos y a bordo de vehículos con vidrios polarizados y sin matrícula.
Tan impunes se sienten que entran sin problema alguno a lugares de trabajo, hospitales, edificios públicos, juzgados.
Detienen, maltratan, trasladan ilegalmente y hasta matan a sus presas. En menos de un año casi 40 migrantes murieron bajo custodia de sus funcionarios en los centros de detención a los que son conducidos.
No son solo migrantes las personas que estos agentes cazan, reprimen y matan: también ciudadanos estadounidenses que participan en manifestaciones de rechazo a las políticas migratorias del gobierno.
A comienzos de este año, con diferencia de dos semanas y en la misma ciudad, la de Mineápolis, en Minnesota, dos estadounidenses presentes en protestas antigubernamentales fueron asesinados a balazos por el ICE.
A ambos el gobierno los llamó terroristas.
Ni ante niños ni adolescentes se detienen los agentes de ICE. Entre enero y octubre de 2025 más de 3.800 menores de edad ingresaron en sus centros de detención. Entre ellos había niños y niñas de uno y dos años.
Para el gobierno, sus agentes migratorios gozan dentro del territorio nacional de la misma “inmunidad” de la que gozan los militares estadounidenses que cometen crímenes de guerra en el exterior.
Stephen Miller, jefe adjunto de Gabinete de la Casa Blanca y cerebro de la ofensiva antinmigrante del gobierno, dijo a fines de enero que “nadie ─ni ningún funcionario municipal, ni ningún funcionario estatal, ni ningún extranjero ilegal, ni ningún agitador izquierdista o insurrecto nacional─ puede impedir que (los policías migratorios) cumplan con sus obligaciones”.
Poco antes el mismo Miller había defendido la invasión estadounidense del 3 de enero a Venezuela y el secuestro de su presidente Nicolás Maduro y las acciones llevadas a cabo por Washington para intentar someter a Cuba.
“Somos una superpotencia y nos comportaremos como tal”, dijo.
En este marco, la Secretaría Regional Latinoamericana de la UITA resuelve:
- Manifestar su más profundo rechazo por la acción criminal de los agentes del ICE contra migrantes cuyo único delito consiste en buscar una vida más digna.
- Subrayar la correspondencia de esas políticas con las prácticas imperialistas que la administración Trump despliega en todo el mundo, en particular en América Latina, que ha vuelto a ser abiertamente considerada –ya sin eufemismo alguno- como el patio trasero e inexpugnable de Washington.
- Recordar que ese correlato entre represión al enemigo interno y eliminación y sujeción del enemigo externo está reconocido expresamente en los documentos de actualización de la Estrategia de Seguridad Nacional adoptados por el gobierno estadounidense en diciembre.
- Expresar su más amplia solidaridad hacia las decenas de miles de personas que en Estados Unidos han salido a las calles a protestar por estas políticas aun a riesgo de sus vidas y su libertad.
- Denunciar ante los organismos internacionales de derechos humanos y el movimiento sindical mundial el accionar del ICE como una práctica sistemática de terrorismo de Estado.
