Aurelio González
Anoche, con un auditorio colmado en la sede del PIT-CNT, se presentó “El fotógrafo que escondió y salvó la historia, el documental homenaje a Aurelio González realizado por los brasileños Milton Cougo, Itamar Aguiar, Marco Antonio Villalobos y Zé Carlos de Andrade.
Amalia Antúnez
17 | 7 | 2026

Itamar Aguiar, Aurelio González, Marco Villalobos y Milton Cougo
Tuve el privilegio de colaborar en la traducción y subtitulación de esta obra que, durante poco más de 30 minutos, rescata la vida y el legado de uno de los grandes testigos de la historia reciente del Uruguay.
A sus casi 95 años, Aurelio González sigue siendo mucho más que un fotógrafo. Sus imágenes documentaron e inmortalizaron el golpe de Estado de 1973 y los 15 días de huelga general que marcaron la resistencia popular a la dictadura.
Pero, además de preservar esos instantes irrepetibles con su cámara, Aurelio se convirtió en una memoria viva, un narrador incansable de una época que no puede ni debe ser olvidada.
El documental logra acercarse a esa dimensión humana con una mirada sensible, respetuosa y profundamente emotiva, recordándonos que detrás de cada fotografía hay una historia, una decisión y un compromiso con la verdad.
Al finalizar la proyección, el prolongado aplauso del público fue también un reconocimiento a los realizadores brasileños. Muchos de los presentes les agradecieron haber aportado una mirada fresca y, al mismo tiempo, profundamente sensible sobre una historia que pertenece al patrimonio de la memoria colectiva uruguaya y también de América Latina. Al decir de Marquinho Villalobos: “Personas como Aurelio también son nuestras, porque al fin y al cabo son los que caminan del lado correcto de la historia”.
Ese reconocimiento espontáneo confirmó que el documental logró emocionar y abrir nuevas formas de reivindicar la memoria.
Homenajear a Aurelio en vida es un privilegio y es también un acto de justicia con quien hizo del periodismo una herramienta para defender la memoria, los derechos ciudadanos, la verdad y la democracia.
¡Salud, gallego querido! Y mi agradecimiento infinito a mis amigos brasileños, que una vez más me convocaron para ser parte de una obra tan necesaria como entrañable.
