Con los sindicalistas italianos Andrea Coinu y Tina Balí
En el mundo actual hay una derechización política y cultural a la cual el movimiento obrero organizado debe oponer alternativas nuevas y amplias, dijeron a La Rel dirigentes de la Federación de Trabajadores de la Agroindustria de Italia (FLAI) que visitaron Uruguay.
Daniel Gatti
16 | 3 | 2026

Esa derechización ha llegado incluso al movimiento sindical, señalaron Andrea Coinu, responsable de políticas internacionales, y Tina Balí, secretaria nacional, de la Federación, afiliada a la Confederación General Italiana del Trabajo (CGIL), la mayor de las tres centrales sindicales de la península.
Los dos dirigentes formaron parte de una delegación que permaneció varios días en Uruguay, donde se reunieron con dirigentes gremiales, sociales y políticos locales.
La comitiva de la FLAI se reunió con la secretaria regional de la UITA, con la cual firmó en setiembre pasado en Roma un memorando de entendimiento. Ambos espacios han desarrollado ya actividades comunes en Italia y en Brasil y se proponen profundizar esa colaboración.
“Hay raíces comunes entre italianos y sudamericanos que debemos aprovechar, más aún en tiempos tan difíciles como los de ahora, en los que se nos presentan enormes y nuevos desafíos”, dijo Balí.
La dirigente, que integra la dirección nacional de la FLAI desde 2019, citó palabras del secretario general de la Federación, Giovanni Mininni, para ubicar desde dónde deben partir quienes se proponen todavía cambiar el mundo desde una perspectiva de igualdad y justicia social: “Hay que reconocer que hemos sido derrotados, política y culturalmente, y que tenemos que movernos desde ese punto”.
Coinu graficó esa derrota con una hipótesis de “muy fácil verificación”.
“Estoy seguro, dijo, que, si hoy se hiciera una consulta en el movimiento sindical italiano sobre el rearme militar en curso en el país y en toda Europa, el ‘no a la guerra’ ganaría, sí, pero por muy estrecho margen, tal vez 55 a 45 por ciento. En otros tiempos una consigna así hubiera tenido un apoyo casi unánime”.
Ambos destacaron otro hecho: la participación en el gobierno de la primera ministra ultraderechista Giorgia Meloni de Luigi Sbarra, ex secretario general de la Confederación Italiana de Sindicatos de Trabajadores (CISL), otra de las centrales peninsulares.
“Hubiera sido impensable algo así hasta hace muy pocos años”, afirmó Balí.
También las dificultades existentes para movilizar a la población en solidaridad con naciones o pueblos agredidos, como los palestinos de Gaza y Cisjordania o los cubanos, ilustran esa evolución.
La FLAI batalló en la interna de la CGIL para que la central participara en las manifestaciones y actividades de apoyo a los palestinos masacrados por Israel. “Finalmente lo logramos, pero hubo debates”, reconoció la dirigente.
En las otras dos centrales las discusiones fueron mucho mayores y la movilización mucho menor.
Sin embargo, Italia ha sido hasta ahora uno de los países europeos en que la movilización en favor de Palestina ha sido más masiva y efectiva. Hasta huelgas y bloqueos a embarques de armas hacia Israel hubo en varias ciudades del país, y el apoyo a la Flotilla internacional que intentó llevar alimentos y medicamentos hacia la Franja fue particularmente importante.
No ha sido el caso de Alemania, por ejemplo.
“Tenemos muchas discusiones con los sindicatos alemanes por este tema. No es fácil. Les pesa la culpa por el genocidio de los judíos durante la Segunda Guerra, y se suman a las acusaciones de antisemitas contra quienes dicen que el gobierno de Israel es genocida. Caen en esa trampa, es muy duro”, dijo Balí.
Preguntada por La Rel acerca de cuál sería el punto principal de encuentro entre el movimiento obrero latinoamericano y el europeo la secretaria nacional de la FLAI no tuvo dudas: “el no a la guerra, el no al rearme, el antimperialismo, el antifascismo”.
“Tenemos que explicar a nuestros militantes, a la gente en general cómo el rearme, cómo el militarismo no ayuda a los trabajadores. Y no es fácil, porque hemos retrocedido mucho en esto”, dijo Coinu.
La extrema derecha ha trabajado muy bien en todos estos años entre los sectores populares y ha prendido en ellos una cultura que trasciende al neoliberalismo económico, señaló.
“Mucha gente tiene la convicción de que si es pobre es por su culpa, que la libertad consiste en competir con el otro y arruinarlo, que se puede salvar sola. Es una cultura profundamente individualista que ha calado hondo en enormes franjas de la juventud. La precarización laboral ayuda a eso”, completó Balí.
No es patrimonio europeo esa involución “cultural”, claro. “Se ve en todos lados, desde Italia a Estados Unidos, pasando por Brasil o Argentina. Es un signo de época”. “Tenemos que ser pacientes y dar la pelea en esos asuntos cotidianos: mostrar cómo la precariedad laboral, las leyes desreguladoras, el desmantelamiento del Estado social, el individualismo, perjudican a los más pobres, a pesar de que muchos pobres, como los trabajadores de las aplicaciones, creen lo contrario porque han comprado el discurso ‘libertario’”, dice Coinu.
Balí lo complementa: “junto al No a la guerra, debemos hablar de las condiciones materiales de las personas, de los que les cuesta a los riders llegar a fin de mes, de los horrores del algoritmo puesto al servicio de los patrones, del deterioro ambiental…”
“Y debemos hablar concretamente de los migrantes y sus condiciones de vida en los países en los que se radican”. La FLAI tiene unos 235.000 afiliados en toda Italia, desde la industria de transformación hasta la agricultura, pasando por el área forestal. Más de la tercera parte son extranjeros.
“La izquierda europea no les da una perspectiva clara a los inmigrantes. Está el discurso de la derecha, que los margina, pretende expulsarlos y los culpa de todos los males, pero del lado progresista falta reflexión y propuestas concretas, salariales y no apenas eso”.
La representación de los trabajadores agrícolas en toda su diversidad, que es mucha, es un tema especialmente desafiante, señaló. En todos lados en el sector rural hay fuerte presencia de inmigrantes, de mujeres. “También aquí debemos reconstruir identidad”.
Otro punto que abordaron los dirigentes de la FLAI con sus interlocutores de la Rel UITA fue el de la alimentación: qué comemos, cómo lo comemos, en qué condiciones llegan al plato los alimentos que se producen, con qué carga de veneno.
“Son temas que nos conciernen directamente como trabajadores de la alimentación
—no hay que olvidar que representamos a un sector que está en la base del proceso de producción— pero que nos trascienden por completo. Están involucrados asuntos como la salud, el ambiente, la soberanía alimentaria, la propiedad y la distribución de la tierra”, subrayó Bali.
“Las y los trabajadores rurales le dan de comer a la humanidad, pero pertenecen a la categoría más explotada del planeta, y esto es inaceptable”, dijo a su vez Coinu insistiendo sobre la necesidad de iniciar procesos de convergencia entre proletarios del norte y del sur. “Nos quieren fragmentar, debemos resistir”.
“Si habrá temas en común o a discutir para tener una posición común”, dijo a modo de conclusión Balí. “Si en las condiciones en que estamos hoy en el mundo el movimiento sindical no se involucra políticamente con propuestas propias estamos liquidados. Hay que repensarlo todo, eso sí”.
