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¿Contra quién lucha BAT y qué quiere ganar?

Un programa de reestructura que condena a los trabajadores

British American Tobacco (BAT) implementó una nueva reestructura en un momento en que está teniendo buenos resultados económicos. Sus únicos beneficiados serán los accionistas, y sus víctimas, una vez más, como de costumbre, sus trabajadores.

UITA

9 | 10 | 2026

Durante el primer semestre de 2026, la transnacional reportó ingresos por 16.111 millones de dólares, un beneficio operativo ajustado de más de 7.131 millones de dólares y un fuerte crecimiento en sus llamadas Nuevas Categorías.

También confirmó un programa de recompra de acciones por 1.716 millones de dólares para 2026 y su compromiso de aumentar los dividendos.

Sin embargo, al mismo tiempo, está eliminando alrededor de 5.500 puestos de trabajo fuera de Estados Unidos, mientras que otros 3.500 están siendo transferidos a empresas externas. Esos 9.000 empleos representan casi una quinta parte de la plantilla de la compañía.

Ganar empleando a menos personas

BAT describe ese programa de reestructura, al que llamó Fit2Win, como destinado a hacer que la compañía sea «más ágil, disciplinada en materia de costos e impulsada por la tecnología».

El objetivo es claro: aproximadamente 800 millones de dólares en ahorros anuales para finales de 2028, con el fin de impulsar «eficiencia y rentabilidad».

Detrás de estas expresiones hay personas reales que pierden sus empleos. Y los despidos directos son solo una parte de la historia.

Trabajadores de los Centros de Servicios Globales de BAT en Costa Rica, México, Polonia, Rumania y Malasia, junto con puestos de Operaciones de la cadena de suministro en Gran Bretaña y Singapur, han sido transferidos a Accenture (transnacional de consultoría de gestión, tecnología y tercerización).

Otros han pasado a Systems Ltd., en Pakistán, mientras que las funciones de información y tecnología en Polonia y Rumania están siendo transferidas a ITC Infotech.

El trabajo no necesariamente desaparece. Lo que desaparece es la relación laboral directa con BAT.

La tercerización a menudo significa que los trabajadores continúan realizando sustancialmente el mismo trabajo para la misma transnacional pero bajo otro empleador, otro convenio colectivo −o ninguno− y, por lo general, con menor seguridad laboral, condiciones precarias de labor y una representación sindical más débil.

Para los accionistas, esto se denomina eficiencia. Para los trabajadores, puede significar perder al empleador con el que se organizaron y negociaron.

La ironía del lenguaje

BAT quiere ponerse «en forma». Pero aparentemente sus trabajadores son quienes deben pagar por este programa de acondicionamiento, como sucede ahora mismo en Argentina donde pretende recortar plantilla y precarizar condiciones de trabajo.

Los documentos de reestructuración empresarial han desarrollado su propio lenguaje.

Las personas se convierten en «puestos». Los despidos pasan a llamarse «simplificación». La tercerización se convierte en «asociación estratégica». El cierre de fábricas se presenta como «optimización de la huella de fabricación». Fit2Win ofrece un diccionario casi perfecto de este lenguaje.

BAT afirma que sus trabajadores son «el corazón» de su negocio. Promueve la inclusión, el bienestar y una «experiencia increíble para las personas». Pero los valores corporativos se ponen a prueba cuando hay dinero en juego.

¿Quién gana?

El nombre Fit2Win encierra una verdad importante que probablemente BAT no pretendía transmitir.

Como sucede con la globalización, también toda reestructuración crea ganadores y perdedores. Los accionistas ganan mediante mayores márgenes, dividendos y recompras de acciones. Las empresas tecnológicas y las corporaciones de tercerización ganan nuevos contratos. La dirección de BAT espera ganar mayor flexibilidad y menores costos laborales.

BAT también puede estar intentando ganar otra competencia: una carrera para reducir las prestaciones sociales.

¿Y los trabajadores?

Para 5.500 de los trabajadores de BAT el destino parece ser el desempleo. Para otros 3.500, un nuevo empleador. Para quienes permanecen, potencialmente mayores cargas de trabajo, más precariedad laboral y la constante posibilidad de que su puesto sea tercerizado o automatizado.

Fit2Win no debería ser considerado simplemente como una reestructuración empresarial de carácter técnico.

Si la tecnología aumenta la productividad, los trabajadores deberían compartir esos beneficios mediante seguridad laboral, reducción del tiempo de trabajo, mejores salarios, capacitación y una transición negociada.

Si el trabajo se transfiere, los sindicatos deben tener voz en la decisión sobre las condiciones en las que se realiza esa transferencia. Pero ello no interesa en absoluto a BAT ni a su programa estrella Fit2Win.

Traducción Daniel García