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Cuando el fascismo no acepta la discrepancia ni la democracia

Estados Unidos y su apuesta permanente a la guerra

Las recientes declaraciones de Donald Trump calificando a España como un “país perdedor” revelan algo más que una simple provocación política*.

Gonzalo Fuentes

6 | 3 | 2026

Muestran una forma de entender el poder basada en la descalificación y la incapacidad de aceptar que otros pueblos y gobiernos puedan mantener posiciones diferentes ante los conflictos internacionales.

Resulta, cuanto menos, paradójico.

Mientras desprecia públicamente a España, el presidente estadounidense la menciona constantemente. La critica, la señala y la utiliza como ejemplo. Quizá, después de todo, España ocupa un lugar más relevante en el debate internacional de lo que algunos reconocen.

Una mayoría social contra la guerra

La sociedad española ha demostrado en numerosas ocasiones su compromiso con la paz.

Una amplia mayoría de ciudadanos —dos de cada tres— se ha manifestado históricamente en contra de intervenciones militares como la guerra contra Irán.

Este rechazo no es exclusivo de España.

Millones de personas en todo el mundo exigen soluciones políticas, diplomáticas y multilaterales frente a la lógica de la guerra. Ese sentimiento pacifista refleja una convicción profunda: los conflictos internacionales no pueden resolverse mediante la destrucción y la violencia.

La posición de España defendiendo el NO a la guerra refleja la voluntad mayoritaria de la ciudadanía. Cada vez son más los países europeos que comparten la idea de que la escalada militar no puede ser la solución a los grandes desafíos globales.

Siempre la pagan los pueblos

La experiencia histórica es clara: la violencia solo genera más violencia.

Las guerras no las pagan quienes las deciden desde despachos lejanos; las pagan los pueblos, las familias trabajadoras, las economías devastadas y las generaciones que heredan un futuro marcado por la destrucción.

Desde el movimiento sindical internacional sabemos que la guerra también significa pérdida de derechos laborales, empobrecimiento social y debilitamiento de la democracia.

Por eso, la defensa de la paz no es solo una causa moral: es también una causa social.

Lo que realmente define a un país

Frente al discurso agresivo de la nueva internacional de la extrema derecha, con referentes como Donald Trump es necesario reivindicar otro modelo de convivencia internacional.

Un país no se mide por su capacidad para amenazar a otros ni por el tamaño de su poder militar.

Un país se mide por cómo protege la vida, cómo defiende los derechos humanos y cómo se compromete con la paz, la cooperación y la justicia social.

Ese es el camino que defienden millones de trabajadores y trabajadoras en todo el mundo.

Y ese debe seguir siendo también el compromiso del sindicalismo internacional: construir un mundo donde la dignidad del trabajo, la solidaridad entre pueblos y la paz sean los pilares del futuro.

*N del E: Las declaraciones de Trump a la que hace alusión el dirigente histórico de Comisiones Obreras en esta nota se produjeron luego que el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, negara a Estados Unidos el uso de las bases militares de Rota y Morón, que Washington tiene en territorio ibérico, para atacar Irán.
Imagen: Eldiario.es