Llegó la hora de la verdad
Gonzalo Fuentes
6 | 10 | 2026

Escribo estas líneas desde España y desde una trayectoria de casi cincuenta años de militancia sindical en Comisiones Obreras (CCOO). Lo hago, por tanto, desde una experiencia personal, pero también desde el respeto y el cariño que durante décadas he sentido por el compañero Luiz Inácio Lula da Silva.
Desde mi juventud, cuando comenzaba mi compromiso sindical en CCOO, Lula fue para mí un referente. Primero lo conocí como dirigente sindical, como trabajador metalúrgico y como uno de los protagonistas de las luchas de los trabajadores brasileños.
Su historia me llamó la atención porque era la historia de alguien que venía de abajo, que conocía directamente las dificultades de la clase trabajadora y que había decidido organizarse y luchar para cambiar las cosas. Para quienes hemos dedicado nuestra vida al sindicalismo, eso tiene un enorme significado.
Pero, con el paso de los años, mi admiración por Lula fue más allá de su trayectoria sindical.
Cuando dio el salto a la política y llegó a la presidencia de Brasil, pude seguir cómo muchas de aquellas preocupaciones que había defendido desde el movimiento obrero se convertían en políticas destinadas a mejorar la vida de millones de brasileños y brasileñas.
La lucha contra el hambre y la pobreza, la defensa de las personas más vulnerables, la mejora de las condiciones de vida de las familias trabajadoras y programas sociales como Bolsa Família formaron parte de una etapa de importantes transformaciones sociales en Brasil.
Después llegaron años difíciles. Y Lula volvió a la presidencia.
Una vez más, colocó en el centro de la agenda política cuestiones que para quienes militamos en el sindicalismo son fundamentales: combatir el hambre, reducir las desigualdades y defender la dignidad de las personas que más necesitan el apoyo de las instituciones.
También quiero destacar su dimensión internacional.
En un mundo marcado por guerras, barbaries, hambre y desigualdades, Lula defiende la necesidad del diálogo, la cooperación entre los pueblos y la búsqueda de soluciones políticas a los conflictos, enfocando la lucha contra el hambre y la pobreza como una responsabilidad que debe comprometer a toda la comunidad internacional.
Mi apoyo a Lula es el de un sindicalista español que durante décadas ha seguido su trayectoria y que continúa viendo en él a un dirigente profundamente vinculado a las luchas sociales y a las personas más vulnerables.
Brasil es un país fundamental para América Latina y para el mundo. Y lo que allí ocurra tendrá importancia mucho más allá de sus fronteras.
Sigo convencido de que la lucha por la justicia social, la igualdad, la paz y la dignidad humana no tiene fronteras.
¡Fuerza, compañero Lula!
¡Fuerza al pueblo trabajador de Brasil!
¡Viva la solidaridad internacional de la clase trabajadora!
