30 mil agujas contra el olvido
Durante años, el silencio intentó imponerse sobre miles de historias. Pero hubo manos que siguieron trabajando, rescatando nombres, hilvanando memorias. En Argentina, el colectivo “Bordando luchas de ayer y de hoy” vuelve a convocarlas de cara al próximo 24 de marzo, cuando se cumplirán 50 años del golpe de Estado.
Amalia Antúnez
26 | 2 | 2026

Esta vez, las agujas viajan también desde Uruguay: familiares de detenidos desaparecidos en Argentina suman sus puntadas a una memoria que no reconoce fronteras.
Los nombres bordados se envían a Buenos Aires. Allí, retazo a retazo, se unirán las telas hasta formar un gran manto colectivo con los 30 mil nombres de desaparecidos y desaparecidas de la última dictadura.
El 24 de marzo de 1976, la Junta Militar encabezada por el general Jorge Rafael Videla, el almirante Emilio Eduardo Massera y el brigadier Orlando Ramón Agosti, tomó el poder tras detener a la presidenta María Estela Martínez de Perón. Comenzaba así la dictadura más violenta de la historia argentina.
Se estima que alrededor de 30 mil personas fueron secuestradas y/o asesinadas por el terrorismo de Estado. Entre ellas hubo militantes uruguayos perseguidos en el marco del Plan Cóndor, la coordinación represiva del Cono Sur que convirtió las fronteras en trampas.
Muchos aún no han sido identificados. Muchos siguen siendo una ausencia sin tumba.
La dictadura argentina se extendió hasta 1983. Dos años después, en 1985, ya bajo un gobierno civil, el país protagonizó un hecho inédito en América Latina: los comandantes fueron juzgados y condenados por crímenes de lesa humanidad. Videla y Massera recibieron prisión perpetua.
Argentina parecía haber trazado un límite claro entre el terror y la democracia.
Sin embargo, medio siglo después del golpe, la memoria vuelve a ser campo de disputa.
El gobierno de Javier Milei ha impulsado un discurso que relativiza o niega la magnitud de los crímenes del terrorismo de Estado, cuestiona la cifra de 30 mil desaparecidos y deslegitima la lucha histórica de los organismos de derechos humanos.
A eso se suman gestos y vínculos políticos con sectores que reivindican o minimizan la represión ilegal, en un clima donde las políticas públicas de memoria, verdad y justicia enfrentan recortes y desmantelamientos.
Hace cinco décadas, los Estados coordinaron inteligencia, logística y violencia para perseguir más allá de sus límites territoriales. Hoy, son las sociedades las que se coordinan para recordar más allá de esas mismas fronteras.
Si el Plan Cóndor tejió una red para desaparecer personas, esta trama colectiva teje otra para devolverles nombre y presencia. Frente a la coordinación del silencio, una coordinación de manos que se niegan a olvidar.
