La metamorfosis del proyecto de HIF Global en Uruguay
Con el paso del tiempo, el proyecto de producción de combustibles sintéticos de la multinacional HIF Global en el departamento uruguayo de Paysandú ha ido modificando algunas características fundamentales, a tal punto que la última versión contiene diferencias muy significativas con la propuesta original.
Víctor Bacchetta
28 | 4 | 2026

En diciembre de 2022, Alcoholes del Uruguay S.A. (ALUR), integrante del grupo de empresas subsidiarias de la petrolera estatal uruguaya ANCAP, lanzó un llamado a interesados para desarrollar en conjunto de proyectos para la producción de combustibles renovables.
Esos combustibles se fabricarían a partir del denominado hidrógeno verde y la captura del dióxido de carbono (CO2) generado por la producción de etanol a partir de caña de azúcar en la planta industrial localizada en el departamento de Paysandú.
Entre una decena de propuestas, en junio del 2023 ALUR comunicó la selección del proyecto de HIF Global, que preveía producir 100.000 toneladas de hidrógeno verde y 180.000 de gasolina sintética anuales, con una inversión privada de 6 mil millones de dólares, la mayor en la historia del país.
En febrero de 2024, HIF y el gobierno de Luis Lacalle Pou firmaron un memorándum de entendimiento con una cláusula de confidencialidad que lo mantuvo en secreto.
Ya en enero de ese año, HIF había iniciado ante el Ministerio de Ambiente el trámite para obtener la Viabilidad Ambiental de Localización (VAL) en dos padrones sobre la costa del río Uruguay, frente a la Isla Grande del río Queguay.
Por tratarse de padrones rurales, la propuesta debía ser tratada antes por la Intendencia de Paysandú, que aplicó el procedimiento de ordenamiento territorial establecido y autorizó la recategorización del suelo en febrero de 2025.
En diciembre pasado, HIF y el nuevo gobierno de Yamandú Orsi firmaron un nuevo memorándum de entendimiento, esta vez sin cláusulas secretas.
El documento reafirmó el acuerdo para la construcción y operación de la planta proyectada por la empresa.
En esta ocasión, la previsión fue de una producción de 880.000 toneladas por año de combustibles sintéticos a partir de 2029 y una inversión superior a 5.000 millones de dólares.
Con cláusula de confidencialidad o sin ella, la firma de un memorándum de entendimiento con esas características entre el gobierno y la empresa constituye una presión política indebida sobre la evaluación ambiental que, teóricamente, debe dar la última palabra para la autorización o el rechazo del proyecto.
Como ocurrió también en el caso de los contratos con las pasteras de celulosa Montes del Plata y UPM, se subordina la normativa ambiental a la aceptación, si o si, del proyecto.
Más allá de la profusa propaganda con que se vistió desde el inicio este proyecto, hablando de las supuestas bondades del hidrógeno verde, muy pronto resultó claro que se trata de algo mucho más complejo.
Este hidrógeno es un componente más del proceso, que requiere una gran cantidad de CO2 para llegar, a través de procesos químicos de catálisis y síntesis, a los productos finales que son el Metanol y combustibles derivados.
Desde el inicio del trámite en el Ministerio de Ambiente, HIF ha presentado tres documentos sobre el contenido del proyecto, con considerables diferencias entre sí en insumos básicos del proceso industrial.
El informe describe cambios importantes en el proyecto industrial entre 2024 y 2026, especialmente en el uso de recursos y la escala de producción. El consumo de agua aumentó de forma muy significativa: pasó de 179.000 litros por hora en 2024 a más de 1,3 millones en 2026, equivalente al consumo diario de unas 243.000 personas.
La producción de hidrógeno creció un 66%, y se reconoce que producir un kilo requiere 45,8 litros de agua, mucho más que los 9 litros comúnmente citados, debido a procesos adicionales como purificación y refrigeración.
En cuanto al CO₂, el aporte previsto de ALUR se redujo drásticamente (de 150.000 a 50.000 toneladas anuales) y luego se volvió prescindible, mientras que el proyecto pasó a depender casi totalmente de biomasa forestal, aumentando su requerimiento hasta 980.000 toneladas anuales. Esto implica un fuerte impacto logístico, con unos 194 viajes diarios de camiones, generando preocupación ambiental y vial.
La producción de metanol también aumentó considerablemente (56%), junto con el manejo de sustancias peligrosas y combustibles.
Finalmente, el volumen de efluentes a descargar en el río Uruguay creció siete veces, lo que incrementa los posibles impactos ambientales, sumado a residuos como cenizas y lodos derivados del proceso.
