Los trabajadores de Ambev luchan por su supervivencia
La dirección de Fábricas Nacionales de Cerveza de Uruguay (FNC, propiedad de la transnacional AmBev) está jugando al gato y al ratón con sus trabajadores, manteniéndolos en vilo en cuanto a su continuidad laboral.
Daniel Gatti
1 | 7 | 2026

La semana pasada la empresa anunció el envío al seguro de desempleo por todo el mes de julio de los 59 trabajadores de su planta en el departamento de Lavalleja, donde se envasan latas de distintas marcas tradicionales de cerveza del mercado uruguayo (Pilsen, Norteña, Zillertal y Patricia).
Debían reintegrarse el 1 de julio y estarán en el limbo al menos un mes más, mientras se define el futuro de la fábrica en negociaciones tripartitas en las que interviene también el Ministerio de Trabajo.
Hace menos de dos años eran tres veces más numerosos, pero fueron aceptando reducciones de personal sin despidos con tal de mantener la fábrica abierta y el grueso del empleo. Puede que no baste.
En paralelo, AmBev sigue sin definir qué sucederá con su maltería en el departamento de Paysandú.
La situación en esa unidad productiva es (aún) más grave que la de Lavalleja.
Hay en juego unos 400 puestos de trabajo, entre directos e indirectos. El Sindicato de Obreros y Empleados de Norteña (SOEN), que agrupa al personal, viene realizando diversas medidas de fuerza mientras busca que el Estado se involucre de lleno en las discusiones.
Allí también el seguro de desempleo ha sido extendido hasta el 31 de julio, pero la medida viene de más lejos y la empresa guarda un silencio muy pesado sobre el porvenir de la unidad productiva.
Los trabajadores están, prácticamente, con la soga al cuello.
La dirección local de la compañía ni siquiera está al tanto cabalmente de los planes de la matriz brasileña, dijo a La Rel Ernesto Zelko, ex dirigente de la FOEB que asesora al sindicato en las negociaciones.
Otrora departamento industrial, Paysandú se ha ido vaciando de empresas emblemáticas de diversos sectores. La desaparición de la maltería significaría un nuevo mazazo para la región.
La idea de AmBev sería trasladar la producción de cebada que hasta ahora se realiza en Paysandú hacia el estado de Paraná, en Brasil, con el fin de reducir costos.
“Mientras juegan con los empleados (un día les dicen que van a reabrir la planta, otro que no), intentan que el Estado les dé más prebendas, más exenciones de impuestos”, subrayó Zelko.

La reducción de personal a pesar del aumento de las ganancias y la concentración de la producción es una política de la transnacional en toda la región.
En menos de un quinquenio, AmBev recortó nada menos que en una cuarta parte su plantilla en los 18 países americanos en los que opera, del sur, centro y norte del continente: pasó de más de 52.800 empleados en 2021 a alrededor de 39.600 en 2025.
Heineken, una de sus marcas estrella de cerveza, arrancó este año anunciando el despido de 6.000 trabajadores.
En Uruguay, a comienzos de los años setenta la industria de la bebida empleaba de manera directa a unas 9.000 personas. Hoy, monopolizada por AmBev, no llega ni a la tercera parte.
Los beneficios de la casa madre no han parado, por el contrario, de crecer: de 13.123 millones de reales (2,54 mil millones de dólares) en 2021 pasaron a casi 16.000 millones (3,1 mil millones de dólares) el año pasado.
“Lo que se está viendo actualmente, no solo en el caso de la bebida, es un proceso acelerado hacia un empleo cada vez más reducido, flexibilizado, dependiente y falto de garantías que va de conjunto con la acentuada primarización de la economía”, dijo Zelko a La Rel.
“Es una visión de país la que defienden los empresarios”.
En ese contexto, “la resistencia del conjunto del movimiento sindical no apunta solo a defender los puestos de trabajo. Apunta a dar lugar a un tejido social más fuerte, más amplio y a mejorar el nivel de vida de todos para ir dejando atrás la exclusión y edificar otro tipo de sociedad”, concluyó el sindicalista.

