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A Carlos Amorín

Quienes dejan luz nunca se van del todo

Hay personas que dejan huella sin proponérselo. Compañeros que, con su manera de estar, transforman el trabajo en un lugar más humano, más cálido.

Nelson Godoy

10 | 7 | 2026

Hoy me toca despedir a uno de ellos: un amigo querido, una gran persona. Un periodista que honraba la profesión con cada gesto, con cada palabra.

Su militancia, ética y sensibilidad se transformaron para mí en un camino a seguir, en escuela permanente con un maestro entrañable.

Era un hombre lleno de historias. Una noche me contó sus peripecias en el exilio. El golpe de estado de Pinochet hizo que abandonara Chile. Cuando la cosa se puso jodida en Argentina en 1976, fue para Francia y de allí a Suecia. “Mi glamour viene de mis tiempos en Francia”, solía decir con la pose de un pavo real.

Se va un compañero admirable, pero sobre todo alguien que supo construir afecto y memoria compartida. Queda su legado, su manera de trabajar involucrándose con toda su pasión y profesionalismo por las causas nobles.

Seguirás con nosotros por siempre. Quienes dejan luz, nunca se van del todo.

Foto: Carlos Amorín (archivo personal)