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“A Fyffes no le interesa la vida de sus trabajadoras”

En diciembre del año pasado, 13 empleadas de una finca de melones propiedad de Suragroh, subsidiaria de Fyffes/Sumitomo, sufrieron una grave intoxicación mientras trabajaban en el campo. Unos días antes había ocurrido lo mismo en otra de sus fincas. El arsenal químico va de la mano con el arsenal antisindical que despliega la transnacional.

Una de las trabajadoras de la finca accedió a hablar con La Rel y pidió el anonimato por temor a perder el trabajo.

“Llegamos al lote que nos habían asignado para ‘voltear melones’ y miramos que estaban unos banderines rojos. Nos preocupamos porque esto quería decir que en el área se habían aplicado químicos.

Varias mujeres se desmayaron, otras comenzaron a vomitar, otras sentían que se les adormecía el cuerpo. Fue horrible.

Con otras mujeres de mi grupo logramos alejarnos del lugar y nos salvarnos”, dijo la trabajadora.

Como de costumbre, las mujeres fueron llevadas donde el médico de la empresa, quien les dio suero y unas pastillas. Luego despachadas a sus casas a pie, se les otorgó de uno a tres días de descanso.

Algunas de ellas volvieron el día siguiente y nuevamente se sintieron mal. No aguantaron y tuvieron que regresar a su casa.

El Sindicato de Trabajadores de la Agroindustria y Similares (STAS) explicó a La Rel que en su mayoría son madres solteras y trabajar en las meloneras es su única fuente de ingreso para la familia.

A pesar de los síntomas regresaron al trabajo por necesidad, en cuanto la empresa nunca pagó estas jornadas de descanso, ni el séptimo día.

“Tanto la empresa como el doctor trataron de quitarle importancia al asunto. Dijeron que tal vez no habían comido o que ya tenían algún problema físico.

La empresa aseguró que no se habían aplicado químicos, pero nosotras sabemos que si ponen el banderín rojo es porque han fumigado.

Si a pesar del peligro las mujeres entraron al lote y, luego, no denunciaron la intoxicación es porque viven atemorizadas. Saben que en cualquier momento pueden perder el empleo”, aseveró la trabajadora.

Nuestra entrevistada nos dijo que no es primera vez que hay intoxicados en las fincas de Suragroh. Además, aseguró que la empresa nunca capacita al personal, ni brinda el equipo de trabajo.

“A veces ni siquiera ponen los banderines que señalan el peligro. Tenemos el caso de dos compañeras que fueron internadas en Choluteca porque estaban muy mal. El sindicato las ayudó a hacer todos los exámenes y a recuperarse.

Desde que está el STAS hemos logrado pequeños pero importantes avances. Antes no había baños, ni lugares donde comer, ni enfermería.

Si ha habido un cambio es porque está el sindicato. Lamentablemente, las compañeras siguen siendo hostigadas y no se atreven a acercarse a nuestra organización”, concluyó.


En Managua, Giorgio Trucchi