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Sirsil pasa al grupo Ramax

Un nuevo desembarco brasileño

La incorporación del grupo Grupo Ramax y del empresario agropecuario Bruno Xavier al capital accionario de Frigorífico Sirsil volvió a poner sobre la mesa una discusión histórica dentro de la industria cárnica uruguaya: qué ocurre cuando grandes grupos regionales desembarcan en plantas locales y cómo impactan esos cambios sobre los trabajadores.

Amalia Antúnez

11 | 5 | 2026

La operación, que según trascendió terminaría derivando en la venta total del paquete accionario perteneciente al empresario uruguayo Néstor Larrosa, marca el ingreso formal del brasileño Grupo Ramax al negocio industrial uruguayo.

El conglomerado ya posee operaciones frigoríficas y feedlots en Brasil y presencia comercial en mercados internacionales como China, Estados Unidos, Medio Oriente y África.

Sin embargo, más allá de la dimensión empresarial, la noticia fue seguida con especial atención por trabajadores y sindicatos del sector, que mantienen una memoria reciente marcada por experiencias complejas con otros capitales brasileños en Uruguay.

Un sector con antecedentes sensibles

La industria frigorífica uruguaya ha atravesado durante las últimas dos décadas varios procesos de extranjerización y concentración.

Grupos como Marfrig (ahora MBRF), Minerva Foods y JBS protagonizaron etapas de expansión regional que dejaron resultados dispares.

En algunos casos hubo inversiones, modernización y aumento de exportaciones.

En otros, los sindicatos denunciaron conflictos laborales, cierres temporales, envíos al seguro de paro, reestructuras y pérdida de puestos de trabajo.

Por eso, dentro del movimiento sindical cárnico existe cautela frente a cualquier cambio accionario, especialmente cuando involucra a grupos extranjeros con modelos industriales de gran escala.

Otro de los anuncios realizados por los nuevos accionistas fue el desarrollo de un feedlot propio con una inversión estimada de entre 7 y 10 millones de dólares.

Desde el punto de vista empresarial, el objetivo es asegurar parte del abastecimiento de ganado para la planta y estabilizar volúmenes de faena.

Pero dentro del sector también aparecen interrogantes sobre cómo puede impactar una mayor integración vertical en el mercado ganadero local y en la relación con productores independientes.

Uruguay arrastra desde hace años un problema estructural de disponibilidad de ganado para una industria que posee más capacidad instalada de la que efectivamente utiliza.

Esa competencia por la hacienda ha sido históricamente uno de los factores de tensión entre frigoríficos, productores y trabajadores, especialmente cuando las plantas reducen actividad.

Concentración y extranjerización

La extranjerización de la industria frigorífica uruguaya no es un fenómeno nuevo, pero cada nuevo desembarco vuelve a poner en evidencia una tensión de fondo: la convivencia entre la necesidad de inversiones y la pérdida progresiva de control nacional sobre uno de los sectores estratégicos del país.

Uruguay construyó históricamente su identidad económica alrededor de la producción ganadera y la exportación de carne.

Sin embargo, gran parte de la capacidad industrial quedó en manos de grandes grupos transnacionales, principalmente brasileños, que operan con lógicas regionales y financieras mucho más amplias que las necesidades locales.

Esto genera una contradicción permanente: mientras el país produce la materia prima y aporta mano de obra calificada, las decisiones centrales sobre inversión, cierre de plantas, ritmos de faena o reducción de personal muchas veces se toman fuera de fronteras.

Qué modelo de industria

En el fondo, la discusión no es únicamente sobre capitales brasileños o extranjeros.

La verdadera pregunta es qué modelo de industria quiere Uruguay.

Si el país se limita a ser una plataforma exportadora controlada por corporaciones transnacionales, el riesgo es que las comunidades locales queden subordinadas a decisiones tomadas según conveniencias globales.

Foto: Verdenews