La extranjerización y la concentración empresarial están transformando las principales cadenas alimentarias del país, con efectos sobre la producción, el empleo y la soberanía económica.
Nadia Amesti- Rel UITA
26 | 8 | 2026

Asimismo, la evolución de sectores estratégicos como la industria frigorífica, el arroz, la malta y la panificación, se concentran en un número cada vez menor de grandes grupos transnacionales que controlan buena parte de la producción y las exportaciones del país.
Para Martín Ford, responsable de Relaciones Internacionales del PIT-CNT, la realidad uruguaya no puede separarse del contexto geopolítico internacional. En un escenario marcado por la disputa entre las grandes potencias económicas, las pequeñas economías quedan atrapadas en una competencia permanente por atraer inversiones.
«Estamos en jaque: todo depende de cómo se despierte Donald Trump«, resume Ford para ilustrar el grado de dependencia que hoy tienen las decisiones empresariales respecto de factores externos.
Mientras el gobierno apuesta a incrementar la inversión privada para impulsar el crecimiento económico, las grandes corporaciones evalúan permanentemente la conveniencia de producir en Uruguay o trasladar parte de sus operaciones hacia países con menores costos laborales y fiscales, como Argentina o Paraguay.
Esta realidad se combina con otro problema de fondo: la elevada concentración de la industria. En apenas dos años cerraron más de una decena de empresas del sector, en un contexto donde la riqueza generada por los sectores agroexportadores no logra traducirse en un desarrollo equilibrado para el conjunto de la economía.
Aunque la alimentación constituye el tercer sector exportador del país y uno de los principales aportantes al Producto Interno Bruto, esa fortaleza convive con una creciente vulnerabilidad productiva.
El dominio de las transnacionales
La industria frigorífica representa uno de los casos más evidentes. Según datos de la FOICA, Uruguay cuenta con 28 frigoríficos, pero las diez plantas de mayor tamaño pertenecen a capitales extranjeros y concentran entre el 55 y el 60 por ciento de toda la faena nacional.
Empresas brasileñas como Marfrig (ahora MBRF) y Minerva operan bajo un modelo multiplanta, que les permite redistribuir la producción entre diferentes establecimientos según las condiciones del mercado. A ellas se suman capitales chinos que también participan activamente en el procesamiento de carne destinado a la exportación.
La lógica se repite en otros sectores. En la industria maltera, dos de las tres plantas existentes pertenecen a empresas brasileñas y destinan cerca del 90 por ciento de su producción a ese mercado.
En el complejo arrocero, la empresa Samán −integrante del Grupo Camil− concentra buena parte del procesamiento nacional, mientras que en la panificación industrial la adquisición de Pagnifique por parte del Grupo Bimbo modificó profundamente la estructura del mercado uruguayo.
Según la Mesa Coordinadora del Pan, esta operación aceleró un proceso de concentración que ya venía desarrollándose. Aunque el sindicato estimó que el grupo mexicano controla alrededor del 60 por ciento del mercado de panificados, la operación fue finalmente autorizada por la autoridad de competencia.
Desde entonces, Bimbo opera dos grandes plantas especializadas: una destinada al pan fresco y otra enfocada en productos ultracongelados con perfil exportador.
Una economía cada vez más dependiente
Este proceso no solo modifica la estructura empresarial, sino también la capacidad del país para definir sus propias estrategias de desarrollo.
Las grandes corporaciones poseen mayor capacidad financiera para absorber períodos de inactividad, trasladar producción entre plantas o redefinir inversiones según la evolución de los mercados internacionales. Esa flexibilidad contrasta con la situación de las empresas nacionales y de miles de pequeños productores que dependen directamente de la rentabilidad de cada zafra.
En el caso del arroz, por ejemplo, la caída de los precios internacionales ya comenzó a afectar la rentabilidad de los productores, poniendo en riesgo el abastecimiento futuro de materia prima para la industria. Uruguay exporta el 95 por ciento del arroz que produce, por lo que cualquier variación del mercado internacional repercute directamente sobre toda la cadena productiva.
Para las organizaciones sindicales consultadas (FOICA, FOEMYA, Mesa del Pan y SOEN) la creciente extranjerización no constituye únicamente un cambio en la propiedad de las empresas.
También implica una modificación profunda de las decisiones estratégicas sobre producción, empleo e inversión, que pasan a responder cada vez más a intereses corporativos globales y menos a las necesidades del desarrollo nacional.
Esa dependencia, constituye uno de los principales desafíos para la industria alimentaria uruguaya en un escenario internacional caracterizado por la incertidumbre económica, la competencia entre grandes potencias y la creciente concentración del capital.
