Las estrategias de los empresarios
El seguro de desempleo se consolidó como una herramienta de la concentrada y extranjerizada industria frigorífica uruguaya para presionar a la baja los precios de la hacienda y precarizar las condiciones laborales en el sector.
Nadia Amesti – Rel UITA
11 | 9 | 2026

Alrededor de 17 mil trabajadores uruguayos dependen de la industria frigorífica, pero hoy apenas se encuentran en actividad unos 12 mil, mientras que aproximadamente 2.300 terminan mensualmente en seguro de paro o licencia obligatoria.
En diálogo con La Rel, el presidente de la Federación Obrera de la Industria de la Carne y Afines (FOICA), Martín Cardozo, dijo que pese a que plantas de gran envergadura como el Frigorífico Tacuarembó (MBRF) o el Frigorífico Carrasco (Minerva) enviaron a miles de trabajadores al seguro, en los últimos cinco años “han estado activas 34 de las 36 plantas habilitadas en el país”.
Los grandes capitales extranjeros utilizan la flexibilización normativa vinculada al subsidio por desempleo para, en épocas de estacionalidad baja, enviar a los trabajadores al seguro.
Cardozo advirtió que la industria frigorífica está profundamente marcada por la estacionalidad, lo que provoca que las plantas detengan sus actividades durante períodos de entre dos y seis mes cada año.
«Solo algunas corporaciones pueden soportar tantos meses sin producir», aclaró el dirigente. Esta estructura multiplanta les permite a firmas como MBRF y Minerva cerrar temporalmente un establecimiento y absorber la producción en otro.
A principios de este mes, el frigorífico La Caballada, propiedad de MBRF, decidió enviar a sus trabajadores de “licencia” por obras en la unidad.
Según el dirigente del Sindicato Único de La Caballada Gustavo Tellechea, “la empresa notificó en julio que enviaría de licencia obligatoria a 600 trabajadores de un total de 700, con fecha de retorno para el 15 de octubre”.
Las reformas en la planta, por otra parte, responden a la intención de la empresa de aumentar la capacidad de faena.
“Actualmente, la faena de La Caballada es de 530 cabezas de ganado por día; la idea es pedir habilitación para aumentarla a 730”, informó Tellechea.
En años anteriores hubo reducciones del 40 por ciento en los salarios.
“Tras un año en el seguro las condiciones de negociación cambian: estás negociando con necesidad”, observó Tellechea.
“Los trabajadores en seguro de desempleo se empiezan a desesperar, corre la idea del suicidio, se rompen las familias y comienzan las deudas. Cuando vuelven a negociar, lo hacen en situación de desventaja”.
El dirigente descarta que exista una crisis del sector propiamente dicha.
“Lo que hay son empresas que apuntan a la precarización de los salarios y del trabajo”, dijo.
El cierre temporal o parcial de las principales plantas del país, pertenecientes a las transnacionales brasileñas MBRF (antes Marfrig) y Minerva, refleja el funcionamiento «normal» de un oligopsonio, un mercado donde existe un pequeño, extranjerizado y concentrado número de compradores frente a una gran cantidad de oferentes, observó.
Y recordó que la tendencia a la precarización se inició durante el gobierno conservador de Luis Lacalle Pou (2020-2025), cuando se desarticularon los ámbitos tripartitos de negociación en los Consejos de Salarios.
En mayo de 2025, tras varios años de análisis, la central sindical única PIT-CNT y la estatal Universidad de la República (Udelar) presentaron un informe conjunto sobre los frigoríficos, titulado “Saberes en acción”.
La coordinadora del proyecto, Mariana Mendy, expuso que la intención era contrarrestar la característica precarización de la principal actividad económica uruguaya.
Según explicó, el proceso de industrialización de la carne tiene un fuerte componente humano en el que los trabajadores se desempeñan a destajo o por peso.
El aumento de la productividad está así directamente vinculado a la intensificación del trabajo.
De acuerdo al documento, existen en Uruguay 25 mil explotaciones ganaderas, en su mayoría de mediano porte, distribuidas en una superficie de pastoreo cercana a los 14 millones de hectáreas.
De ellas, 11 millones son de campo natural, lo que brinda un diferencial productivo que se suma a un sistema de trazabilidad que posibilita estar informado de todas las etapas de vida del novillo hasta que llega al frigorífico o se exporta en pie.
“La fase de cría constituye uno de los eslabones más lentos de la producción ganadera”, generando que la capacidad de reponer el animal gordo faenado en las plantas frigoríficas sea lenta y costosa.

En la última década la exportación de ganado en pie aumentó considerablemente, alcanzando un récord de 421 mil cabezas en 2018. En 2023 el nivel también fue alto, de 299 mil cabezas.
A su vez, los frigoríficos compran únicamente el animal gordo. La falta de terneros encarece su costo dentro de la producción.
Al avanzar hacia el siguiente eslabón de la cadena, la industria, las dos características principales pasan a ser la extranjerización y la concentración.
Según Martín Cardozo, en 2025 el 97 por ciento de la faena se produjo en diez plantas frigoríficas. Ocho de ellas pertenecen a las trasnacionales brasileñas Marfrig y Minerva.
Números similares manejó el informe del PIT-CNT y la Udelar, según el cual el 40,5 por ciento de la faena —cuya capacidad máxima es de 3 millones de cabezas anuales— está en manos de capitales brasileños.
El documento señala por otra parte que la productividad por hora de los trabajadores aumentó un 50 por ciento entre 2006 y 2023.
Pese a los cierres de plantas por estacionalidad o por supuesta falta de stock, la cantidad de animales faenados muestra estabilidad, con un promedio anual de 2,4 millones de cabezas.
Recién este año se registró una reducción en la faena, del 14 por ciento.
Para Cardozo, la industria apunta a reducir el costo del ganado e intensificar la producción en los momentos en que las plantas se encuentran operativas, afectando la salud de los trabajadores.
De los 400 trabajadores que cada año son diagnosticados con lesiones osteomusculares en el sector industrial uruguayo, 300 laboran en frigoríficos.
Para Mendy, es necesario revisar el mercado interno y construir una industria más acorde a las necesidades del país, además de diversificar la producción y vincularla con otros sectores, como el cuero.
El objetivo debería ser aumentar la productividad sin intensificar el trabajo ni precarizar los salarios, dijo.
Aunque en Uruguay el consumo interno de carne vacuna cayó de 53 a 45 kilos por habitante y por año, una parte importante de la demanda se cubre actualmente con importaciones, principalmente desde Brasil (73 por ciento) y Paraguay (27 por ciento).
El mercado interno absorbe apenas el 25 por ciento de la producción.
En este escenario, los capitales transnacionales controlan entre 60 y 65 por ciento de la faena y las exportaciones.
Existen de todas maneras experiencias nacionales capaces de competir aprovechando las ventajas comparativas que presenta Uruguay.
El Frigorífico Las Moras, por ejemplo, se posicionó en mercados de mayor valor como productor de carne orgánica, apoyándose en la trazabilidad y en la crianza a campo natural.
El desafío, por tanto, no es solamente discutir cuánto produce la industria, sino quién absorbe los costos y quién se apropia de los beneficios de esa productividad.
Si una cadena productiva que genera riqueza para exportar recarga sus costos sobre los trabajadores, el problema radica en una estructura donde, una y otra vez, es el eslabón más débil el que termina pagando los platos rotos.
