Amalia Antúnez
11 | 6 | 2026

La marcha de Ni Una Menos, el pasado 3 de junio volvió a teñir las calles de Buenos Aires de reclamos, memoria y resistencia.
Entre columnas, cánticos y pañuelos, los carteles se convirtieron una vez más en una de las expresiones más potentes de la movilización.
Con creatividad, ironía, dolor y esperanza, cada frase escrita a mano logró traducir el sentir de quienes marcharon: el rechazo a las violencias, la exigencia de justicia y la defensa de derechos conquistados.
Lejos de ser meros acompañamientos, los carteles funcionaron como pequeñas piezas de narrativa colectiva, capaces de condensar historias personales y demandas sociales en pocas palabras, dando voz a una multitud diversa unida por una misma consigna: que ninguna mujer, niña o disidencia más sea víctima de la violencia machista.
